Petrobras, la petrolera estatal de Brasil y una de las compañías energéticas más grandes de América Latina, está evaluando seriamente su regreso al sector de los biocombustibles. Según reveló el diario O Globo, la empresa estudia distintas alternativas de inversión en Raízen, el gigante brasileño controlado por Shell y Cosan, que además de ser el mayor productor mundial de azúcar es también uno de los principales fabricantes de etanol a nivel global.
La operación podría tomar la forma de una asociación estratégica o incluso una compra de activos específicos, y se definiría antes de fin de año. Si bien ni Petrobras ni Raízen respondieron a los pedidos de comentarios de la prensa local, la información cobra peso por el contexto energético actual en Brasil, donde el gobierno federal ha comenzado a aplicar políticas más ambiciosas en materia de biocombustibles.
Un giro inesperado: del retiro total al posible regreso
La posibilidad de una reentrada de Petrobras al negocio del etanol resulta particularmente significativa dado que en su plan estratégico 2017-2021, la compañía había decidido abandonar por completo la producción de biocombustibles. Aquella decisión respondió a un enfoque de concentración en el negocio del petróleo y gas, reduciendo la exposición en segmentos considerados no estratégicos en ese momento.
Durante más de una década, Petrobras fue un actor relevante en la bioenergía brasileña, operando plantas de biodiésel y participando en iniciativas integradas de etanol. Sin embargo, tras varios años de desinversiones, desmantelamiento de plantas y cancelación de proyectos, la estatal quedó completamente fuera del sector, dejando espacio para otros jugadores como Raízen, BP Bunge Bioenergia o GranBio.
El nuevo interés por volver al sector puede leerse como un reconocimiento del cambio de paradigma energético global y local. En tiempos donde la descarbonización y la seguridad energética vuelven al centro del debate, la diversificación de la matriz vuelve a ocupar un lugar estratégico en los tableros de decisión.
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Raízen, una gigante en problemas que busca oxígeno
Raízen, por su parte, atraviesa una coyuntura financiera desafiante. Si bien sigue siendo un actor dominante en el mercado de azúcar y etanol, su balance muestra altos niveles de endeudamiento y dificultades operativas. Esta misma semana, tras presentar resultados por debajo de lo esperado, sus acciones cayeron a mínimos históricos. Cosan, uno de sus accionistas controlantes, reconoció públicamente que la entrada de un nuevo socio «es una opción que nos gusta».
Además de producir etanol de caña de azúcar, Raízen tiene una importante red de distribución de combustibles en Brasil, lo que la convierte en un socio atractivo para cualquier jugador que busque reconquistar el sector con rapidez y escala. Su integración vertical, que va desde los cañaverales hasta los surtidores, es uno de los activos más codiciados por eventuales inversores.
Brasil endurece sus políticas de corte obligatorio
Este renovado interés de Petrobras por los biocombustibles no es ajeno al nuevo marco regulatorio que rige en Brasil desde el 1° de agosto. Ese día entró en vigencia un aumento en la proporción obligatoria de etanol anhidro en la gasolina, que pasó del 27% al 30%. A su vez, el gasoil también subió su componente renovable, alcanzando un 15% de biodiésel, dentro de un cronograma progresivo aprobado por el gobierno que prevé llegar a un corte B20 para el año 2030.
Este tipo de políticas, que buscan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y fortalecer la seguridad energética a través de fuentes nacionales y renovables, están redibujando el mapa del negocio energético en Brasil. Empresas que en el pasado se habían retirado del juego, como Petrobras, ahora encuentran motivos económicos y estratégicos para reconsiderar su posición.
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Un mercado en ebullición ante la transición energética
El eventual retorno de Petrobras a los biocombustibles podría reconfigurar no solo el mapa empresarial brasileño, sino también los equilibrios políticos del sector. Como empresa estatal, sus decisiones impactan en toda la cadena, desde los productores agroindustriales de caña de azúcar y soja —materias primas clave para etanol y biodiésel respectivamente— hasta los consumidores finales.
En un escenario global donde las grandes petroleras comienzan a diversificarse hacia energías más limpias, el caso de Petrobras podría servir como termómetro del ritmo que adoptará América Latina en su transición energética. El interés por Raízen, más allá de sus dificultades financieras, refleja que la bioeconomía no solo sigue vigente, sino que empieza a ganar nuevamente protagonismo entre los pesos pesados de la industria.


