lunes, febrero 2, 2026
 

El veneno oculto en plásticos y tickets: científicos suecos encuentran una salida ecológica

Científicos suecos desarrollaron un método pionero para identificar compuestos no tóxicos derivados de fuentes renovables que podrían reemplazar al polémico bisfenol A en una amplia gama de productos.

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Hay una molécula que convive en silencio con millones de personas cada día. Se encuentra en el interior de las latas de conserva, en el revestimiento de los tickets de supermercado, en el policarbonato de las botellas reutilizables, en los protectores dentales, en los lentes de tus anteojos y hasta en juguetes y biberones. Su nombre es bisfenol A, más conocido por sus siglas: BPA. Y aunque no suene familiar, es uno de los compuestos más utilizados —y más polémicos— de la industria química moderna.

El BPA es una sustancia sintética que comenzó a utilizarse masivamente en la década de 1950 como ingrediente clave en la fabricación de plásticos duros y resinas epoxi. Su utilidad técnica es innegable: otorga resistencia, transparencia y durabilidad a los materiales. Sin embargo, desde hace décadas arrastra un historial preocupante de efectos tóxicos sobre el sistema hormonal humano. Diversos estudios científicos han demostrado que actúa como disruptor endocrino, imitando la acción del estrógeno, lo que puede alterar el equilibrio hormonal y generar consecuencias a largo plazo sobre la fertilidad, el desarrollo embrionario y la salud metabólica.

La exposición al BPA es tan ubicua como inadvertida: puede producirse por contacto directo con los materiales que lo contienen, por ingestión de alimentos envasados o incluso por inhalación de partículas en el aire. Si bien muchos países han comenzado a restringir su uso en productos sensibles —como mamaderas o utensilios para lactantes—, la mayoría de los artículos que lo incluyen no llevan ninguna advertencia. Y lo que es peor: muchas alternativas que aparecen en el mercado como “BPA free” utilizan compuestos análogos (como BPS o BPF) que presentan riesgos similares o aún más desconocidos.

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Del problema a la solución: una vía sostenible para dejar atrás el BPA

Es en este contexto que un grupo de investigadores suecos acaba de presentar una solución potencialmente transformadora. Un estudio publicado en Nature Sustainability por científicos del KTH Royal Institute of Technology y la Universidad de Estocolmo describe la identificación de tres compuestos alternativos al BPA, sin efectos estrogénicos relevantes y con la ventaja adicional de poder ser sintetizados a partir de biomateriales renovables.

Uno de estos compuestos, el bisguaiacol F (BGF), fue incorporado exitosamente en una matriz de poliéster y mostró propiedades térmicas y mecánicas comparables a los plásticos convencionales. Lo que implica que podría reemplazar al BPA en múltiples aplicaciones sin perder funcionalidad, desde botellas y recipientes hasta muebles y anteojos.

Pero el verdadero salto de calidad no está solo en la molécula, sino en el proceso que permitió hallarla.

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Cómo se identificó una alternativa viable: ciencia colaborativa y pruebas de toxicidad de alto rendimiento

Para llegar al BGF, el equipo de investigación aplicó un enfoque sistemático que combinó química computacional, síntesis sostenible y toxicología de alta velocidad. Partiendo de un universo de más de 170 bisfenoles posibles, los científicos cribaron las opciones mediante modelos predictivos y pruebas en laboratorio, hasta quedarse con aquellos candidatos que cumplieran simultáneamente con tres condiciones: seguridad toxicológica, origen renovable y rendimiento funcional.

“La toxicología de alto rendimiento nos permite evaluar rápidamente múltiples opciones, lo cual es esencial para asegurar que solo las más seguras avancen en el proceso”, explicó Oskar Karlsson, toxicólogo de la Universidad de Estocolmo y uno de los autores principales del estudio. Junto a él trabajaron expertos en ciencia de materiales, química orgánica y ciencia de datos, en una colaboración que Helena Lundberg, autora principal, describe como “un ejemplo del poder de lo interdisciplinario para diseñar soluciones reales”.

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Qué es el marco SSbD y por qué importa

Este enfoque de trabajo no solo permitió identificar alternativas al BPA. También se alinea con el nuevo marco de innovación impulsado por la Comisión Europea, conocido como “Safe-and-Sustainable-by-Design” (SSbD). Esta guía voluntaria busca que los nuevos materiales y productos sean pensados desde el inicio con criterios de seguridad y sostenibilidad integrados: no solo evitar toxicidad, sino también minimizar el impacto ambiental durante todo su ciclo de vida, desde la producción hasta el descarte.

Adoptar este tipo de criterios desde el diseño químico representa un cambio profundo respecto a las prácticas históricas de la industria, que durante décadas priorizó el rendimiento técnico por encima de cualquier otra consideración. En ese sentido, el método desarrollado por el equipo sueco no es solo una solución puntual al problema del BPA, sino un modelo replicable para repensar cómo se conciben los materiales del futuro.

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Faltan pasos, pero el horizonte es claro

Aunque el BGF y sus variantes ya mostraron resultados prometedores, aún deben superar una batería de pruebas adicionales antes de llegar al mercado. Evaluaciones de toxicidad crónica, estudios ambientales de ciclo de vida completo y validaciones industriales serán necesarias para garantizar que estos compuestos sean realmente seguros, sostenibles y viables a gran escala.

Aun así, el camino está abierto. El estudio sueco no solo propone una alternativa concreta al BPA, sino que demuestra que es posible diseñar nuevos materiales sin resignar ni seguridad ni rendimiento. “Esto permite ofrecer productos cotidianos sin riesgos ocultos y con el menor impacto ambiental posible”, concluyó Lundberg. “Una ciencia bien diseñada es también una ciencia que cuida”.

 
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