miércoles, enero 21, 2026
 

Del humo al deporte: la historia de un envase que nació en una chimenea

Lo que parece un simple envase de cera de esquí es, en realidad, un artefacto climático: está hecho con dióxido de carbono capturado. Así comienza una nueva era en la innovación de materiales para el outdoor.

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En el fondo de la mochila, entre guantes, gafas y una botella de agua, hay una pequeña cápsula de plástico. Tiene apenas el tamaño de un pan de jabón, y su función es específica: proteger la cera que los esquiadores aplican en la base de sus tablas para mejorar el deslizamiento. Pero esta vez, ese envase no está hecho de petróleo ni de biopolímeros. Está hecho de humo. O mejor dicho, de lo que alguna vez fue humo: dióxido de carbono liberado por una planta incineradora de residuos que, en lugar de ir a la atmósfera, fue capturado, transformado y convertido en un nuevo tipo de plástico. Una historia así no podía surgir en otro lugar que en Escandinavia, donde la innovación climática se desliza con la misma naturalidad que un esquiador sobre la nieve.

La cápsula en cuestión —conocida en el sector como wax box— es el producto inaugural de una alianza entre NG Nordic, una empresa noruega especializada en tecnologías de captura y utilización de carbono, y SWIX, el histórico fabricante de equipos para deportes de invierno que lleva más de setenta años abasteciendo a atletas profesionales y aficionados de todo el mundo. Juntas, ambas compañías decidieron poner a prueba un principio radical: que incluso el objeto más simple puede ser repensado como una pieza clave en la transición hacia una economía circular.

Qué es la cera de esquí, y por qué importa su envase

En el esquí —especialmente en el de fondo y en las competencias técnicas— la cera no es un accesorio menor, sino un elemento fundamental. Se aplica sobre la base del esquí para reducir la fricción con la nieve y maximizar el deslizamiento, y su elección depende de factores tan variables como la temperatura ambiente, la humedad del terreno o la granulometría del cristal. SWIX, fundada en 1946 y con sede en Lillehammer, se ha convertido en un referente mundial en este rubro, tanto por la calidad de sus fórmulas como por su apuesta reciente por alternativas libres de compuestos fluorados.

Cada tipo de cera —sólida, líquida o en pasta— se comercializa en un envase técnico individual, diseñado para soportar temperaturas extremas, resistir golpes y ser manipulado fácilmente con guantes. Ese envase, que forma parte del equipo esencial de cualquier esquiador, es el que ahora cambia radicalmente de origen: será fabricado con un plástico completamente nuevo, cuya materia prima no proviene del subsuelo, sino del aire.

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INGA: un plástico con pasado gaseoso

El corazón de esta transformación es INGA, un polímero desarrollado por NG Nordic a partir de dióxido de carbono capturado directamente de las chimeneas de plantas incineradoras de residuos. A través de su plataforma Carbon2x, la empresa ha logrado convertir ese gas en una resina versátil, de alta calidad, capaz de reemplazar plásticos fósiles en múltiples aplicaciones de consumo. No se trata de compensar emisiones, sino de almacenarlas físicamente en un producto útil, prolongando su ciclo de vida y reduciendo su impacto.

“Esto es un hito para la innovación en materiales sostenibles”, afirma Tony Rehn, director de captura y descarbonización de NG Nordic. “Transformar emisiones en materiales nos permite reemplazar insumos fósiles y avanzar hacia una economía verdaderamente circular. Y hacerlo de la mano de un líder como SWIX demuestra que esta tecnología ya puede integrarse en productos cotidianos de alto rendimiento”.

El nuevo envase de cera —aparentemente igual al anterior— encapsula en realidad una decisión técnica y estratégica: almacenar carbono en lugar de emitirlo, sin comprometer la durabilidad, el diseño ni la experiencia del usuario.

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SWIX: sin PFAS, sin fósiles, sin concesiones

La incorporación del plástico INGA a su línea de productos representa para SWIX una extensión natural de su transición hacia fórmulas más limpias. En 2022, se convirtió en la primera gran marca del sector en eliminar completamente los compuestos fluorados de su gama comercial, una decisión que marcó un punto de inflexión en la industria de los deportes invernales. Para la empresa, avanzar ahora sobre los materiales que componen su packaging es coherente con una visión más amplia: la de un outdoor de alto rendimiento sin huella tóxica.

“Innovar forma parte del ADN de SWIX”, sostiene Aki Tuovinen, jefe de desarrollo de productos. “Estamos orgullosos de liderar soluciones que combinan rendimiento y responsabilidad ambiental. Esta alianza nos permite ir más allá de la fórmula de la cera: ahora también transformamos el envase en una pieza del cambio”.

El lanzamiento de estas nuevas cajas de cera hechas con plástico a partir de CO₂ marca el inicio de una línea de desarrollo conjunto entre ambas empresas, que proyectan ampliar el uso de INGA a otros componentes y accesorios técnicos antes del fin de la década.

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Más que un envase: una estrategia de fondo

Aunque pueda parecer un detalle menor, el rediseño de un envase puede tener implicancias profundas cuando se lo piensa como parte de un sistema. En la industria del outdoor, los materiales livianos, resistentes y confiables son clave, pero también lo es su origen. Reemplazar polímeros fósiles por materiales hechos con emisiones no solo reduce la huella de carbono del producto: también redefine qué entendemos por innovación en tiempos de crisis climática.

NG Nordic y SWIX lo entienden así. Y por eso apuestan a que, en el futuro, más objetos de uso deportivo —desde bastones hasta protectores, desde estuches hasta textiles— puedan nacer no del subsuelo, sino del cielo. O, mejor dicho, de lo que ya fue emitido al cielo y hoy puede ser reabsorbido por el ciclo productivo.

La nieve se vuelve cada vez más incierta. Las temporadas más breves, los glaciares más pequeños, los paisajes más frágiles. Conservar los inviernos ya no es solo una causa poética: es un desafío material. En ese sentido, una simple caja de cera puede ser también un gesto técnico, un mensaje de rediseño y una microtecnología climática al alcance de la mano.

Y mientras esa cápsula siga viajando en la mochila de un esquiador, habrá una historia de carbono capturado que todavía no se evaporó.

 
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