lunes, junio 8, 2026
 

El costo real de la transición: por qué las «moléculas verdes» son la llave para la independencia energética de Europa

Un informe de la energética Moeve y PwC derriba el mito de los precios impagables para el consumidor y demuestra que el verdadero riesgo económico está en seguir dependiendo de los combustibles fósiles extranjeros.

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Transportar un par de zapatillas de 100 euros desde una fábrica en Asia hasta un shopping en Berlín cuesta, hoy, un poco más si el barco que las trae quema biocombustibles en lugar de fueloil convencional. Exactamente 50 centavos de euro más. Ese dato, aparentemente menor, es uno de los que eligió Moeve – la compañía energética española que le ha dicho adiós al petróleo – para abrir la discusión ante los responsables institucionales, líderes empresariales y representantes del sector privado reunidos la semana pasada en Bruselas. El argumento es simple y deliberado: la transición energética no tiene por qué ser una carga insoportable para el consumidor. Lo que sí tiene un costo concreto —y creciente— es seguir dependiendo de combustibles que vienen de afuera.

El informe al que hace referencia se llama ¿Por qué Europa necesita las moléculas verdes? y fue elaborado por Moeve—antes conocida como Cepsa (Compañía Española de Petróleo SA —, en colaboración con PwC. Su argumento central es que el continente europeo tiene una ventana de oportunidad para construir una industria propia de energía limpia basada en lo que el documento agrupa bajo el nombre de moléculas verdes: el hidrógeno renovable y sus derivados —amoniaco verde y metanol verde—, los biocombustibles de segunda avanzados y el biometano.

Qué son las moléculas verdes y por qué importan ahora

La expresión «moléculas verdes» no es un eufemismo publicitario. Designa a un conjunto de vectores energéticos que comparten una característica clave: pueden producirse a partir de fuentes renovables o de biomasa, y resultan compatibles con la infraestructura industrial y de transporte existente. Las moléculas verdes se comportan como combustibles convencionales. Se almacenan, se transportan por ductos o barcos, y se queman en motores, hornos y turbinas que ya existen.

Esa compatibilidad es, precisamente, lo que las hace estratégicas para sectores que hoy consumen entre el 20 % y el 25 % de la energía primaria europea: la industria pesada, la química, la navegación de largo recorrido y el transporte de carga terrestre o aéreo. Son los llamados sectores de difícil abatimiento, y representan una fracción sustancial de las emisiones de CO₂ del continente.

El informe, basado en fuentes públicas e informes de consultoras internacionales, pone a estos sectores en el centro del análisis y les asigna un número: descarbonizarlos mediante moléculas verdes permitiría reducir hasta un 22 % las emisiones totales de CO₂ europeas hacia 2050.

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El escenario que dibuja el informe

El análisis de Moeve y PwC trabaja sobre distintos escenarios, pero el más ambicioso —alineado con la neutralidad climática que Europa se comprometió a alcanzar hacia mediados de siglo en el marco del Pacto Verde Europeo y el paquete normativo Fit for 55— plantea que las moléculas verdes podrían representar alrededor de un tercio del mix energético de la Unión Europea en 2050 y sustituir entre el 30 % y el 50 % de la demanda actual de combustibles fósiles.

Pero el argumento de fondo no es solo climático. El informe lo plantea con una claridad que resuena en el contexto geopolítico actual: producir energía localmente, a partir de recursos renovables o de biomasa disponible en el propio continente, reduce la exposición a las tensiones en las cadenas de suministro globales. Europa importa hoy más del 55 % de la energía que consume. Esa dependencia tiene un precio que no siempre se calcula en euros por megajulio, pero que se hizo visible de forma brutal con la crisis energética abierta tras la invasión rusa de Ucrania en 2022.

«En un contexto global de crecientes tensiones geopolíticas y en las cadenas de suministro energético, el imperativo estratégico de Europa es claro: garantizar la autonomía energética», afirmó Maarten Wetselaar, CEO de Moeve, durante la presentación en Bruselas. «Las moléculas verdes producidas en Europa ofrecen una hoja de ruta firme hacia una Europa resiliente, competitiva y energéticamente independiente.»

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El problema del costo y cuándo se cierra la brecha

Uno de los obstáculos más citados para escalar estas tecnologías es el llamado green premium: la diferencia de precio entre un combustible renovable y su equivalente fósil. El informe lo reconoce, pero argumenta que ese diferencial se atenúa a lo largo de la cadena de valor y que su impacto sobre el precio final al consumidor es más acotado de lo que suele presentarse. El ejemplo de las zapatillas —50 centavos de eruro de recargo por unidad transportada desde Asia si el navío usa combustibles renovables— es parte de ese argumento.

Más relevante, sin embargo, es la proyección de cuándo esa brecha se cierra del todo. Según el estudio, los biocombustibles avanzados —que incluyen al aceite vegetal hidrotratado (HVO) y al combustible sostenible de aviación (SAF) — podrían alcanzar paridad de costos con los combustibles fósiles durante la década de 2030. Los combustibles sintéticos basados en hidrógeno verde —los que requieren más energía renovable y más infraestructura para producirse— llegarían a esa paridad recién en la década de 2040.

Esa secuencia sugiere que la estrategia más eficiente no es apostar todo a una sola tecnología, sino desplegar primero las que ya son competitivas o están cerca de serlo —los biocombustibles avanzados y el biometano— mientras se construye la infraestructura y la escala que harán viable el hidrógeno verde a costos razonables. Es una lógica de transición por capas, no de ruptura abrupta.

Molécula por molécula

Biocombustibles avanzados: el eslabón que ya está disponible

Dentro del mapa de moléculas verdes, los biocombustibles avanzados ocupan un lugar particular para Moeve. El HVO —diésel renovable producido por hidrogenación de grasas y aceites— ya circula en camiones y buques europeos. El SAF —su equivalente para aviación— está en fase de escala, impulsado por mandatos regulatorios que la Unión Europea estableció en el marco del paquete ReFuelEU Aviation. El biometano, obtenido a partir de residuos orgánicos y purificado para inyectarse en la red de gas natural existente, es otra de las piezas que el informe identifica como lista para escalar con el apoyo regulatorio adecuado.

Compromisos de gobiernos y de la industria

El documento no se limita al diagnóstico. Identifica cuatro condiciones que considera necesarias para que el potencial de las moléculas verdes se materialice en tiempo y forma. La primera es construir marcos regulatorios que generen señales claras de demanda: sin mandatos o incentivos que garanticen mercado, los proyectos no encuentran financiamiento. La segunda es establecer mecanismos de apoyo económico que achiquen la brecha de costos en las fases iniciales de cada tecnología. La tercera implica escalar la infraestructura a lo largo de toda la cadena de valor, desde la producción hasta el almacenamiento y la distribución. Y la cuarta apunta a consolidar alianzas público-privadas capaces de movilizar inversión a la escala que requiere la transición.

El informe subraya que la década actual es decisiva. Las decisiones de inversión que se tomen —o no se tomen— entre ahora y 2030 definirán la velocidad a la que Europa pueda desplegar estas soluciones en la segunda mitad de la década y más allá. En materia de energía, el tiempo de maduración de proyectos e infraestructuras hace que las omisiones de hoy sean los cuellos de botella de mañana.

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Moeve, PwC y el contexto donde se presenta este informe

Moeve es la denominación actual de Cepsa, la compañía energética española que en los últimos años reorientó su estrategia hacia los combustibles de baja emisión y las energías renovables. Su interés en posicionar las moléculas verdes como prioridad estratégica es parte de esa reorientación de negocio, lo que no le quita validez técnica al análisis pero sí es un dato de contexto relevante para leerlo. PwC —la consultora global que colaboró en el informe— aportó el respaldo metodológico y el acceso a fuentes sectoriales amplias.

La presentación en Bruselas ante responsables institucionales europeos no es un dato menor. El continente está en plena revisión de su marco regulatorio energético, y los informes que llegan con datos, proyecciones y propuestas concretas en ese momento tienen más posibilidades de incidir en el debate que los que aparecen cuando las decisiones ya están tomadas.

 
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