Transportar pollo fresco o congelado desde una planta de faena hasta el punto de consumo implica una doble carrera: contra el reloj y contra la temperatura. El vehículo no puede fallar. Si el motor se detiene o el frío flaquea, la carga se pierde entera. Esa exigencia convirtió al transporte de alimentos perecederos en uno de los territorios más reacios a cualquier cambio: la confiabilidad manda, y todo lo que introduzca una variable nueva tiende a quedar afuera. Pero sobre esas cadenas logísticas pesa hoy una presión creciente por recortar emisiones, y ahí aparece la incomodidad: cómo descarbonizar el traslado de alimentos sin poner en riesgo la continuidad que el sistema no puede resignar. En ese punto de fricción decidió entrar un gigante avícola de Estados Unidos.
La protagonista es Perdue Farms, una de las mayores empresas avícolas y agroindustriales del país, abastecida por una extensa red de granjas familiares independientes. La compañía anunció que, junto con el Maryland Soybean Board —el organismo que agrupa y representa a los productores de soja del estado de Maryland— y con Optimus Technologies —firma tecnológica especializada en sistemas que permiten operar motores diésel con combustibles renovables—, puso en marcha lo que describe como el primer uso conocido de camiones alimentados con biodiésel 100% (B100) en el sector ganadero estadounidense.
El transporte de alimentos frescos se apoya en flotas diésel que no admiten interrupciones, y sobre esa operación pesa cada vez más la exigencia de reducir emisiones. El biodiésel ofrece una respuesta inmediata: es un combustible líquido derivado de recursos biológicos renovables que funciona en los motores y la red logística existente, sin obligar a reemplazar vehículos ni a montar infraestructura costosa. En este caso proviene de aceite de soja cultivada en Estados Unidos, incluida la que aporta la propia red de productores de Perdue. Su versión pura, conocida como B100, es cien por ciento de origen vegetal, sin una gota de gasoil fósil.
A esa disponibilidad inmediata se suma el argumento ambiental. Según análisis del Departamento de Energía y de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, el B100 puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de todo su ciclo de vida en más de un 70% frente al diésel convencional. A ello se agregan beneficios en la calidad del aire: una combustión más limpia, no tóxica y con menor emisión de material particulado, el tipo de contaminante fino asociado a problemas respiratorios. Perdue remarca, además, que al derivarse de recursos renovables el biodiésel favorece la diversificación energética y da sustento a las economías agrícolas.
Cómo se movió el primer envío de pollo fresco con biodiésel puro
El despliegue se concretó con seis camiones Volvo que transportaron pollo fresco alimentados íntegramente con B100. El proyecto contó con el respaldo de Optimus Technologies junto a la Maryland Soybean Board.
Para Perdue, la iniciativa tiene una lectura que excede al vehículo. «Estos camiones conectan directamente el trabajo de nuestros productores familiares independientes con un transporte de menores emisiones», señaló Ben Hildebrand, director de sustentabilidad ambiental de la compañía. El ejecutivo enmarcó el proyecto como una de las formas en que la empresa explora vías prácticas para reducir su impacto ambiental mientras sigue entregando alimentos frescos, y subrayó el papel que la agricultura puede cumplir en el desarrollo de soluciones concretas de sostenibilidad.
De la granja al surtidor: un circuito que empieza y termina en el campo
El rasgo más singular de esta experiencia es que el combustible nace en los mismos campos que sostienen el negocio. La soja que se transforma en biodiésel proviene, en parte, de los productores que abastecen a Perdue, de modo que un mismo cultivo alimenta tanto a los animales como a la logística que traslada el producto final. Esa integración explica el entusiasmo de los representantes del sector sojero.
«Para los productores de soja de Maryland, este proyecto muestra cómo los cultivos de origen local pueden cumplir un rol directo en soluciones reales de transporte y sostenibilidad», afirmó Eddie Boyle, presidente del Maryland Soybean Board. Según remarcó, la iniciativa genera nueva demanda para la soja al tiempo que fortalece los vínculos entre los productores y el sistema alimentario.
Desde el lado tecnológico, Colin Huwyler, director ejecutivo de Optimus Technologies, puso el acento en el valor de demostrar la viabilidad en un entorno exigente. La colaboración, sostuvo, evidencia el papel que cumplen hoy las tecnologías de combustibles renovables para ayudar a las flotas a reducir emisiones. Y destacó un punto central: llevar el B100 al transporte ganadero muestra cómo una tecnología probada puede recortar emisiones en sectores tradicionalmente difíciles de descarbonizar, donde la confiabilidad y el tiempo de operación resultan críticos.
La experiencia inicial no se plantea como un gesto aislado, sino como una prueba con datos por delante. Perdue y sus socios anunciaron que evaluarán el desempeño y los resultados de emisiones de este primer despliegue. Lo que arrojen esos seis camiones podría orientar los próximos pasos: sumar más unidades y extender el uso de combustibles renovables a otras rutas y vehículos de la flota.


