La ganadería bovina es responsable de una porción significativa de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Gran parte de ese impacto proviene de una fuente tan natural como difícil de mitigar: el metano entérico, el gas que los rumiantes liberan durante la digestión a través de eructos. A diferencia del CO₂ generado por el consumo de energía fósil, este metano – que está en el ciclo de la naturaleza – no se resuelve con cambios en la matriz. Se resuelve —si se resuelve— interviniendo en el propio proceso biológico del animal. Y durante décadas, esa intervención fue más una aspiración científica que una herramienta práctica.
Ahora, un proyecto piloto en Brasil acaba de demostrar que no solo es posible reducir ese metano de forma medible y verificable, sino que además esas reducciones pueden registrarse como activos ambientales y venderse dentro de la propia cadena de valor de la carne. Es la primera vez que ocurre en la ganadería vacuna brasileña, y el precedente tiene implicancias que van mucho más allá de un ensayo de 120 días.
Insetting: reducir emisiones donde se generan
La operación fue facilitada por Athian, una empresa estadounidense con sede en Indiana fundada en 2022, que desarrolla estrategias de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en sistemas ganaderos y gestiona una plataforma digital para la recolección, verificación y registro de datos ambientales. Su modelo de negocio se basa en un concepto que está ganando tracción entre las grandes compañías alimentarias: el insetting.
A diferencia del offsetting —donde una empresa compensa sus emisiones comprando créditos generados por proyectos externos y muchas veces ajenos a su actividad, como la reforestación en otra región—, el insetting busca generar reducciones dentro de la propia cadena de suministro de la empresa. La lógica es distinta: en lugar de pagar para que otro reduzca, la compañía invierte en cambios concretos entre sus propios proveedores, y esas mejoras se registran como créditos de Alcance 3, las emisiones indirectas que ocurren aguas arriba y aguas abajo de su operación directa.
«Una gran empresa alimentaria ofrece incentivos financieros para que los productores adopten un cambio de práctica, y nosotros facilitamos ese proceso», explicó Kendra Tolley, cofundadora de Athian.
El piloto: metano a la mitad, eficiencia al alza
El proyecto reunió a tres actores de distintos continentes. Por un lado, Rumin8, una empresa australiana especializada en el desarrollo de suplementos alimenticios para reducir el metano entérico en bovinos. Por otro, Minerva Foods, el mayor exportador de carne vacuna de Sudamérica, con operaciones en Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y Colombia. Y en el centro, Athian, que aportó su plataforma de insetting para verificar, registrar y comercializar los créditos resultantes.
Durante 120 días, el ganado que recibió el aditivo de Rumin8 —un gránulo que contiene una forma estabilizada de bromoformo incorporado a la ración total mezclada— produjo un 50,4 % menos de metano en comparación con animales alimentados con la misma dieta sin el suplemento. Además, se registró una mejora del 5 % en la eficiencia de conversión alimenticia, lo que significa que los animales necesitaron menos alimento para ganar el mismo peso. Una ventaja productiva directa para el ganadero, más allá del beneficio ambiental.
«No solo probamos el proceso de insetting —desde la generación y verificación de las reducciones hasta su venta como activos de Alcance 3— por primera vez en la carne vacuna brasileña», afirmó Tolley. «También demostramos que el enfoque de Athian funciona a nivel internacional y en distintos sistemas ganaderos.»
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Minerva: medir para transformar
Para Minerva Foods, el piloto representó una validación concreta de algo que la industria cárnica viene buscando desde hace años: un mecanismo creíble para cuantificar y acreditar reducciones de emisiones a nivel de establecimiento productivo.
«Creemos que el progreso ambiental en la carne vacuna tiene que ser medible y verificable», señaló Marta Giannichi, directora global de sustentabilidad de Minerva. «Este piloto demuestra que es posible cuantificar las reducciones de metano a nivel de campo e integrarlas en un marco creíble de cadena de suministro.»
La compañía compró los créditos generados por el proyecto, convirtiéndose en la primera empresa en adquirir créditos de insetting verificados en un sistema de producción de carne vacuna en Brasil.
¿Por qué las empresas prefieren el insetting?
Aunque algunas grandes compañías alimentarias han moderado públicamente sus compromisos ESG en los últimos meses, la mayoría sigue enfocada en reducir sus emisiones de Alcance 3, según Tolley. Lo que cambió es la estrategia: en lugar de financiar compensaciones externas de dudosa trazabilidad, buscan proyectos dentro de sus propias cadenas de suministro que ofrezcan beneficios más allá de los créditos de carbono.
Un proyecto de insetting bien diseñado puede mejorar la resiliencia de la cadena, optimizar la calidad del agua, aumentar la eficiencia operativa en las fincas y, como en el caso del piloto con Rumin8, elevar la productividad del ganado. «Las empresas simplemente están siendo más estratégicas en los proyectos en los que invierten», resumió la cofundadora de Athian.
Además, el modelo de co-claiming —donde múltiples actores de la cadena, como frigoríficos, procesadores, retailers y empresas de consumo masivo, comparten costos y beneficios de un mismo proyecto— está reduciendo la carga financiera que históricamente recaía en un solo participante. «Significa que la carga financiera no recae solo sobre un actor de la cadena», explicó David Messina, cofundador de Rumin8.
La plataforma de Athian: gobernanza y escala
Athian no solo facilita la transacción, sino que también establece un marco de gobernanza para garantizar la credibilidad de los créditos. Su plataforma permite la recolección segura de datos en el establecimiento ganadero, la revisión por terceros independientes, y el registro de los créditos resultantes conforme a estándares ISO y del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero (GHG Protocol).
«Contamos con un directorio de expertos en metano entérico y de manejo de estiércol que revisan todas las metodologías que incorporamos a la plataforma», detalló Tolley. «Luego, un tercero independiente verifica que cumplamos con nuestra propia estructura de gobernanza y con los estándares externos.»
En Estados Unidos, Athian ya opera con ocho protocolos en su plataforma aplicados a la lechería, y ha trabajado con establecimientos que representan aproximadamente el 10 % de las vacas lecheras del país. La empresa mantiene acuerdos contractuales con múltiples compañías alimentarias que dependen de su plataforma para alcanzar sus metas de reducción de Alcance 3.
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Rumin8: del laboratorio a la escala industrial
La australiana Rumin8, por su parte, está desarrollando una cartera de suplementos diseñados para reducir el metano entérico en bovinos. Su producto estrella —el gránulo de bromoformo estabilizado utilizado en el piloto con Minerva— espera obtener la aprobación regulatoria en Brasil el próximo año, seguido de otros mercados como Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos y Europa.
«Actualmente podemos producir 3,5 millones de dosis diarias con una sola línea de manufactura en un entorno GMP, y eso puede escalar a 8 o 9 millones rápidamente», afirmó Messina.
La empresa también trabaja en otras formulaciones: un bolo de liberación lenta que administraría los principios activos en el rumen durante un período prolongado; un compuesto que se convierte en bromoformo una vez ingerido; y una plataforma basada en hongos capaz de producir bromoformo de forma biológica. Esta última, según Messina, podría representar «una forma mucho más barata de producir bromoformo puro que nuestra solución GMP, que se basa en química sintética».


