viernes, septiembre 18, 2026
 

El etanol en India se pasó de largo: la capacidad ya supera ampliamente lo que necesita el E20

India multiplicó su producción para acompañar una de las mayores expansiones del uso de etanol en el mundo. Alcanzada la mezcla del 20%, la industria quedó con mucho más para ofrecer.

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A comienzos de la década pasada, India convivía con dos problemas que parecían pertenecer a mundos diferentes. Compraba en el exterior la mayor parte del petróleo que necesitaba para sostener una economía en pleno crecimiento y, al mismo tiempo, su enorme industria azucarera producía más azúcar de la que podía absorber el mercado interno.

El desequilibrio se repetía campaña tras campaña. En una temporada normal, el país podía producir alrededor de 32 millones de toneladas de azúcar frente a un consumo doméstico cercano a los 26 millones. Los excedentes presionaban sobre los precios, acumulaban stocks en los ingenios y demoraban los pagos a los productores de caña. Exportarlos ofrecía una salida, aunque no siempre en buenas condiciones y, en muchas ocasiones, con asistencia estatal.

Una parte de aquella caña podía tener otro destino.

India ya producía etanol a partir de la industria azucarera y desde comienzos de siglo intentaba incorporarlo a las naftas. El programa, sin embargo, avanzaba lentamente. En 2013-14, después de más de una década de intentos, la mezcla apenas llegaba al 1,5%.

Había buenas razones para insistir. India importa actualmente cerca del 88,5% del petróleo crudo que consume, una dependencia que expone a su economía a las oscilaciones del precio internacional y a cualquier alteración en las rutas de abastecimiento. Transformar materias primas producidas dentro del país en combustible permitía encontrar una salida para parte de los excedentes agrícolas y, al mismo tiempo, reemplazar una fracción de la nafta obtenida de petróleo comprado en el exterior.

El etanol empezó a crecer entre esas dos necesidades.

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De la caña a los granos

El gobierno alentó a los ingenios a destinar a las destilerías una porción creciente de la caña. Para una industria que arrastraba problemas de liquidez, vender etanol a las compañías petroleras también significaba disponer más rápidamente de recursos para pagar a los productores.

Pero llevar la mezcla a niveles mucho más altos requería ampliar la base de materias primas. La Política Nacional de Biocombustibles de 2018 abrió ese camino y los granos comenzaron a ganar protagonismo. El maíz fue incorporándose a la producción y también se habilitó el uso de arroz excedente y granos dañados no aptos para consumo humano.

La expansión fue acompañada por mecanismos de compra y precios para el etanol, reducciones impositivas, financiamiento para nuevas destilerías y ampliaciones, y contratos de abastecimiento con las compañías petroleras estatales.

La mezcla, que había partido de apenas 1,5% en 2013-14, llegó al 8,1% en 2020-21 y alcanzó el 10% en 2021-22. India consiguió ese primer gran objetivo cinco meses antes de lo previsto y decidió acelerar nuevamente.

El siguiente salto era mucho mayor. El país quería que el etanol representara uno de cada cinco litros de la nafta comercializada en su territorio.

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Cinco años antes

El avance continuó casi sin interrupciones. La participación del etanol subió al 12,1% en 2022-23, alcanzó el 14,6% en 2023-24 y llegó al 19,2% en 2024-25.

En 2025-26 alcanzó finalmente el 20%. India había pensado originalmente llegar al E20 en 2030 y terminó consiguiéndolo cinco años antes.

Mientras la mezcla avanzaba, detrás de ella crecía una industria de dimensiones completamente diferentes a la que había iniciado el recorrido. En 2014, el país tenía capacidad para producir unos 4.210 millones de litros de etanol por año. En 2026 dispone de cerca de 20.000 millones de litros anuales. Según las cifras oficiales, la expansión movilizó inversiones por unos USD 4.400 millones, permitió ahorrar alrededor de USD 22.000 millones en importaciones de combustibles fósiles, generó más de USD 17.000 millones en pagos a agricultores y evitó unas 95,2 millones de toneladas de emisiones de CO₂.

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El próximo paso puede estar en los vehículos flex

Para sostener una mezcla del 20%, India necesita alrededor de 11.000 millones de litros de etanol al año. La capacidad instalada se acerca a los 20.000 millones.

Tarun Kapoor, asesor de la oficina del primer ministro Narendra Modi, confirmó la semana pasada que la capacidad productiva supera las necesidades actuales del E20 y que el gobierno busca ampliar el mercado para aprovechar las inversiones realizadas.

India comenzó este año a desplegar el E85, una mezcla de 85% de etanol y 15% de nafta destinada exclusivamente a vehículos flex fuel diseñados y certificados para utilizarla. Las petroleras estatales iniciaron su comercialización en junio en 48 estaciones de servicio y el combustible salió al mercado con un precio cercano a 21 centavos de dólar por litro inferior al de la nafta convencional.

Kapoor aseguró que varias automotrices preparan nuevos modelos y que el gobierno trabaja para permitir porcentajes superiores al E20 asociados a esa flota. El terreno regulatorio también comenzó a prepararse. En mayo fueron publicados estándares técnicos para E22, E25, E27 y E30 y en junio el gobierno extendió a esas mezclas la exención del impuesto especial que ya tenía el E20.

El Ministerio de Petróleo estima que si apenas el 1% de las ventas anuales de vehículos a nafta migrara hacia modelos flex durante 2026-27, se generarían otros 40 millones de litros de demanda anual de etanol. Con una penetración del 50% entre los nuevos automóviles y vehículos de dos ruedas, la demanda adicional podría superar los 3.120 millones de litros por año.

India busca también ampliar las aplicaciones del etanol y sus derivados y realiza ensayos con biocombustibles para el diésel. Kapoor mencionó específicamente las pruebas con isobutanol, que podrían abrir otro mercado de gran escala si los resultados permiten avanzar hacia su utilización comercial.

La búsqueda de nuevos mercados coincide además con un momento particularmente sensible para el abastecimiento energético indio. La escalada del conflicto en Medio Oriente llevó nuevamente al Brent por encima de los USD 100 por barril y volvió a poner presión sobre uno de los mayores importadores de crudo del mundo.

Kapoor vinculó ambos escenarios durante su intervención. Frente a un suministro internacional más caro e incierto, sostuvo que India necesita aprovechar con mayor intensidad los recursos energéticos que puede producir dentro de sus fronteras.

 
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