España genera cada año más de dos millones de toneladas de residuos no reciclables que terminan en vertederos. No es basura común, sino fracciones industriales que ya pasaron por los filtros de reciclaje y no encontraron una segunda vida. Plásticos mezclados, composites, materiales contaminados, restos de procesos productivos que, con las tecnologías convencionales, no tienen destino más que la acumulación. Un problema ambiental que crece cada año y que, hasta ahora, la industria energética no había podido convertir en oportunidad.
Eso es, precisamente, lo que busca cambiar el proyecto Waste to Biomethane (W2BM), una iniciativa conjunta entre la compañía de servicios públicos con presencia en España, Argentina, Brasil, México, EE.UU y Australia, entre otros, Naturgy y la startup española Greene, especializada en valorización material de residuos sólidos.
Ambas compañías acaban de poner en marcha una planta piloto en las instalaciones de Greene en Elche (Alicante) capaz de transformar esos residuos sin salida en metano sintético renovable, un gas con potencial de inyección directa en la red gasista española, donde Naturgy opera una red de distribución que supera los 60.000 kilómetros.
Una tecnología que combina calor, química y biología
El corazón de la planta piloto es un proceso en dos etapas que poco se parece a la ruta convencional del biometano. La producción habitual de este gas renovable parte de la digestión anaerobia, donde la materia orgánica —purines, restos alimentarios, barros del tratamiento de agua, etc. — es descompuesta por la acción de microorganismos, dando como resultado biogás, que luego se purifica para obtener biometano. Es una tecnología madura, extendida en Europa y el mundo, pero limitada a residuos orgánicos biodegradables.
En la primera fase, los residuos industriales no reciclables son sometidos a pirólisis y gasificación: un proceso termoquímico que descompone la materia a temperaturas elevadas, en ausencia o con muy poco oxígeno, para obtener un gas de síntesis llamado syngas, rico en hidrógeno y monóxido de carbono. Es un método conocido en la industria química, utilizado frecuentemente en muchos procesos que requieren hidrógeno, como por ejemplo la producción de fertilizantes nitrogenados.
La segunda etapa es el corazón tecnológico del proyecto. El gas de síntesis ingresa a un biorreactor donde microorganismos especializados, llamados arqueas metanogénicas, se encargan de convertir el hidrógeno y el dióxido de carbono del syngas en metano. Este proceso, denominado metanación biológica, deja el gas listo para su inyección en la red gasista, valorizar residuos que hasta ahora no podían ser reciclados.
Diez kilos por hora: la escala del ensayo
La planta piloto, que ya se encuentra operativa, tiene una capacidad de tratamiento de alrededor de 10 kg/h de residuo. Una escala modesta, deliberadamente diseñada para ensayar y optimizar cada variable del proceso antes de dar el salto a dimensiones mayores.
Durante la fase actual de pruebas, que se extenderá durante lo que resta de 2026, el equipo técnico está evaluando los parámetros críticos de la tecnología: la estabilidad del proceso de gasificación, la calidad y composición del gas producido, el comportamiento de los microorganismos en el biorreactor y la eficiencia global del sistema. Se ajustan condiciones de presión, temperatura y composición del gas de entrada para maximizar la producción de metano.
Naturgy dijo que su objetivo inmediato es alcanzar niveles de pureza de metano del 95 % o superiores, un umbral necesario para que el gas sea compatible con la inyección en la red de distribución. Según la compañía de servicios públicos, el proceso biológico ya demostró su escalabilidad desde el laboratorio hasta la planta piloto, con conversiones superiores al 60 %, y los técnicos estiman un potencial de mejora que podría llevar ese rendimiento al 80 o 90 % mediante la optimización de las variables operativas.
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De la prueba al modelo industrial
W2BM comenzó en 2023 y fue concebido desde el inicio como un proyecto con horizonte industrial. Los resultados que arroje la fase piloto serán la base para el siguiente paso: a partir de 2027, Naturgy y Greene prevén el desarrollo de plantas de demostración de mayor capacidad y el diseño de una primera instalación industrial con capacidad para tratar decenas de miles de toneladas de residuo al año.
Si la tecnología confirma su viabilidad a esa escala, abriría una vía complementaria para ampliar la producción de biometano en España con un recurso que hoy prácticamente no se aprovecha. El proyecto también contempla evaluar distintas combinaciones de biomasa y residuos industriales para analizar su impacto en el rendimiento del proceso.
Biometano en España: un potencial enorme y un despliegue todavía incipiente
España es el tercer país europeo con mayor potencial de producción de biometano, solo detrás de Alemania y Francia. Las estimaciones más conservadoras sitúan ese potencial entre 20 y 34 TWh/año; las más ambiciosas, que incluyen biomasa forestal y cultivos intermedios, lo elevan hasta 163 TWh, lo que equivaldría a cubrir cerca del 50 % del consumo nacional de gas natural.
Sin embargo, el despliegue sigue siendo limitado. A principios de 2026, la red de Nedgia, la distribuidora de gas de Naturgy, contaba con 14 instalaciones de biometano conectadas que inyectaron 170 GWh durante 2025, un crecimiento del 53 % respecto al año anterior pero todavía una fracción mínima del potencial disponible. La empresa tiene en cartera 98 proyectos con contrato firmado para inyectar gas verde en su red, con un volumen potencial superior a los 5,8 TWh anuales.
Naturgy viene acelerando su apuesta por los gases renovables con una inversión prevista de más de 1.000 millones de euros en su Plan Estratégico 2025-2027, que incluye alianzas con empresas como Hispania Silva e ID Energy Group para el desarrollo de al menos 40 nuevas plantas de biometano en todo el territorio español. La compañía ya cerró acuerdos de suministro de biometano con Aena, Inditex y Lecta, entre otros.
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Un eslabón que faltaba
Dentro de esa estrategia, el proyecto W2BM ocupa un lugar particular. La mayoría de las plantas proyectadas o en operación producen biometano a partir de digestión anaerobia de residuos orgánicos: purines, lodos, restos agroindustriales. Es una ruta consolidada y eficiente, pero que deja afuera toda la fracción no biodegradable del flujo de residuos. Ahí es donde la gasificación acoplada a la metanación biológica puede aportar una capa adicional, al convertir materiales que hoy van a vertedero en un gas renovable compatible con la infraestructura existente, sin necesidad de construir nuevas redes.
Para Greene, el proyecto refuerza una línea de trabajo que la empresa ilicitana viene desarrollando desde hace años. Además de sus instalaciones de valorización material —con una planta industrial en construcción en Madridejos (Toledo) con capacidad para 40.000 toneladas/año—, la compañía invirtió más de tres millones de euros en la renovación de su planta piloto de Elche, que incorpora procesos avanzados de pirólisis-gasificación-craqueo para obtener productos de mayor valor agregado a partir de residuos.


