Brasil consume cada año más energía. Los ingresos de las familias crecieron, las fábricas se automatizaron y la llegada de la inteligencia artificial trajo centros de datos que funcionan día y noche. Para una economía de ese tamaño, sostener ese ritmo suele significar importar más petróleo, quemar más gas o abrir nuevas centrales térmicas. En los últimos cinco años, Brasil siguió otro camino.
Entre 2021 y 2025, la oferta de energía de origen fósil en el país quedó prácticamente congelada, e incluso retrocedió levemente, de 167 a 165,7 millones de toneladas equivalentes de petróleo. Toda la energía adicional que pidió la economía brasileña se cubrió con fuentes renovables, y la mayor parte de ella no vino de represas, molinos de viento ni paneles solares. Salió de los ingenios de caña, las destilerías de maíz, las fábricas de celulosa, las plantas de biodiésel y los biodigestores que transforman los residuos del agro en biogás.
Así lo muestra la nueva edición del estudio Oferta de Energia Renovável pelo Agronegócio, elaborado por el Observatorio de Conocimiento e Innovación en Bioeconomía de la Fundação Getulio Vargas (FGV), una de las principales instituciones de investigación económica de Brasil, y difundido en primer lugar por Valor Econômico, el diario de negocios de referencia del país. “El crecimiento de la matriz energética fue cubierto en su totalidad por energía renovable, y el agronegocio explica la mayor parte”, resumió Luciano Rodrigues, coordinador del núcleo de bioenergía del observatorio.
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La bioenergía en Brasil, en su máximo histórico
En 2025, la biomasa vinculada al agro aportó 97,8 millones de toneladas equivalentes de petróleo, el volumen más alto desde que comenzó la serie, en 1970. En aquel entonces, el campo entregaba apenas 6,5 millones y cubría menos del 10 % de la energía del país. Hoy produce quince veces más, abastece el 29,8 % de toda la energía disponible en Brasil y se consolidó como la segunda fuente nacional, detrás únicamente del conjunto de los combustibles fósiles. La cuenta abarca toda la energía que consume el país, desde el combustible de los vehículos y el calor de las calderas industriales hasta la electricidad. (N. del E.: La matriz energética suele confundirse con la eléctrica. En la generación de electricidad, las renovables cubrieron el 86,8 % en 2025.)
Dentro del universo renovable, su peso es todavía mayor. De cada diez unidades de energía limpia que consume Brasil, casi seis provienen de cadenas agropecuarias, agroindustriales o forestales. Gracias a ese aporte, las renovables pasaron del 45 % al 49,5 % de la matriz en cinco años y quedaron a un paso de igualar en volumen a los fósiles.
Por qué la bioenergía del agro creció más que cualquier otra fuente
En los últimos años, la oferta de energía del agro aumentó un 16 %. Ninguna otra fuente creció tanto en ese lapso. Según los datos publicados por Valor, la hidroelectricidad, la eólica y la solar avanzaron en conjunto un 11,7 %, mientras que los fósiles apenas sumaron un 3,7 % en el mismo período.
Detrás de ese salto hay varias cadenas que se expandieron al mismo tiempo. Las destilerías de etanol de maíz se multiplicaron en el Centro-Oeste y se sumaron a la producción tradicional de los ingenios de caña, que siguen siendo la columna vertebral del sistema y explican cerca del 59 % de la bioenergía del agro. El biodiésel creció a medida que el país elevaba el porcentaje de mezcla en el diésel, y con él la demanda de aceites vegetales. Las fábricas de celulosa, que vienen ampliando su capacidad, generaron más licor negro, el residuo que queda después de separar las fibras de la madera y que las plantas queman para producir su propio vapor y su propia electricidad.
La política de combustibles empujó en la misma dirección. En agosto de 2025, Brasil llevó la mezcla obligatoria de etanol en la gasolina al 30 % y la de biodiésel en el diésel al 15 %, dentro del marco de la Lei do Combustível do Futuro, la norma aprobada en 2024 que fija la hoja de ruta de los biocombustibles en el país.
Aun con ese crecimiento, la porción del agro en la matriz se mantuvo en torno al 29 % desde 2023. Rodrigues lo atribuye a la velocidad con la que se expande el consumo total. “Tenemos una matriz energética que crece porque aumentan los ingresos y porque nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial y la automatización, demandan más energía”, explicó. A su juicio, las políticas públicas permitieron que la bioenergía no solo acompañara esa expansión, sino que ganara algo de terreno relativo frente al resto.
Del ingenio al alto horno
La energía del campo ya no se queda en el campo. Una parte importante sigue dentro de la propia agroindustria, que aprovecha sus residuos para funcionar y cubre así más del 80 % de la energía que consume. Las fábricas de celulosa y papel obtienen de fuentes vinculadas al agro alrededor del 74 % de su energía.
El dato que más sorprende está en la industria pesada. En la producción de acero, arrabio y ferroaleaciones, la bioenergía agroindustrial supera el 40 % del consumo energético. En los altos hornos brasileños, el carbón vegetal de eucalipto cumple la función que en otros países cumple el coque mineral para transformar el mineral de hierro en metal. “Estas industrias usan electricidad cogenerada a partir de biomasa, además de biogás, leña forestal, licor negro, bagazo de caña, aceite técnico de maíz y biomasa de eucalipto”, enumeró Rodrigues.
Para un brasileño común, eso significó que la nafta que cargó en su auto llevaba un alto contenido de etanol producido con caña o maíz, que el camión que llevó mercadería al supermercado funcionó con diésel que contenía aceite vegetal y que parte del acero de su heladera salió de un horno alimentado con eucaliptos plantados.
Lo que viene para la bioenergía en Brasil
Rodrigues anticipa que la oferta de energía del agro volverá a crecer en 2026 y que mantendrá su porción de la matriz, en línea con la expansión de la economía. “Hay una relación estrecha entre el consumo de energía y el crecimiento del PBI”, señaló. La Lei do Combustível do Futuro deja margen para que ese crecimiento continúe, ya que habilita a elevar la mezcla de etanol hasta el 35 % y la de biodiésel hasta el 25 %.


