lunes, octubre 19, 2026
 

Indonesia empieza a ponerle hectáreas y volumen a su ambicioso plan de etanol E50

Un mes después de anunciar su hoja de ruta hacia mezclas de hasta 50% de etanol, el Gobierno comenzó a dimensionar el desafío productivo. Solo para alcanzar el E20 calcula que necesitará 8.000 millones de litros anuales y proyecta una enorme expansión de mandioca, caña de azúcar y maíz.

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Indonesia consume alrededor de 40.000 millones de litros de nafta por año, pero sus refinerías apenas producen entre 18.000 y 19.000 millones. El resto debe llegar desde el exterior. Para un archipiélago de más de 270 millones de habitantes –la cuarta nación más poblada del planeta–, esa diferencia representa mucho más que una estadística energética. Es una enorme factura de importaciones que el Gobierno de Prabowo Subianto quiere empezar a reducir con recursos producidos dentro de sus propias fronteras.

En septiembre, esa intención tomó la forma de una hoja de ruta (ver Tras el éxito del B50 (50% de biodiésel en el gasoil). El Gobierno había encargado al Consejo Nacional de Energía —el organismo que define la política energética de largo plazo— avanzar con un programa para incrementar progresivamente el contenido de bioetanol en las naftas hasta alcanzar mezclas de hasta 50%. El punto de partida sería el E10 y, desde allí, el porcentaje aumentaría en función de la capacidad productiva doméstica.

Aquel anuncio trazaba las etapas —E10 para 2027, E20 para 2028, escalamiento gradual hasta E50— pero dejaba pendientes los detalles operativos. Un mes después, esos detalles están empezando a aparecer.

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Tres millones de hectáreas en tierras disponibles

El plan identifica tres cultivos principales y les asigna superficies específicas sobre tierras clasificadas como APL (Areal Penggunaan Lain, áreas de uso no forestal) y concesiones HGU (Hak Guna Usaha, derechos de uso empresarial) abandonadas o inactivas. La distribución prevista destina un millón de hectáreas a mandioca, 1,1 millones de hectáreas a caña de azúcar y un millón de hectáreas a maíz. En total, poco más de tres millones de hectáreas que el gobierno considera movilizables sin afectar áreas forestales ni desplazar producción alimentaria existente.

La mandioca es un cultivo tradicional en las islas de Java y Sumatra, con cadenas de procesamiento ya establecidas. La caña de azúcar tiene historia industrial en Java Oriental y Lampung, aunque la capacidad instalada de molienda se orientó históricamente al azúcar de mesa. El maíz, cultivado en Nusa Tenggara Oriental, Sulawesi y partes de Java, diversificaría la base de materia prima y reduciría la dependencia de una sola cadena de suministro.

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Sorgo dulce y palma de azúcar en fase de ensayo

Junto a las tres materias primas principales, el ministerio identificó dos cultivos complementarios en etapa experimental. El sorgo dulce se está probando en Yogyakarta y en Nusa Tenggara Oriental, dos regiones con suelos y climas aptos para esta gramínea que puede cosecharse varias veces al año y tolera condiciones de sequía mejor que la caña de azúcar. La palma de azúcar (Arenga pinnata), una especie nativa del sudeste asiático cuya savia se fermenta para producir etanol, tiene un proyecto piloto en Kamojang, en la provincia de Java Occidental.

Si las pruebas de campo confirman rendimientos y costos competitivos, ambos cultivos podrían sumarse al programa en las etapas posteriores al E20 y ampliar la oferta de materia prima para las mezclas más altas.

Los números del E20: ocho millones de kilolitros

El primer objetivo operativo del programa es la mezcla E20, que requeriría aproximadamente ocho mil millones de litros de bioetanol por año, el 20% de los 40 mil millones de litros de gasolina que consume el país. Las tres millones de hectáreas asignadas deberían abastecer ese volumen.

El salto de escala es considerable. Indonesia hoy no tiene producción significativa de bioetanol; su experiencia más reciente con mezclas obligatorias se concentró en el biodiésel de palma, donde pasó de B20 a B35 y finalmente a B50 en un proceso que llevó varios años. El gobierno presenta ese recorrido como prueba de concepto y sostiene que el mismo esquema regulatorio —mandato obligatorio, incentivos a la producción local, absorción gradual por el mercado— puede replicarse con bioetanol.

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El precedente del B50 en cifras

El programa de biodiésel B50, implementado desde el 9 de julio de 2026, es el argumento central del gobierno para sostener la viabilidad del plan de bioetanol. Según los datos presentados por Bahlil Lahadalia, el esquema de biodiésel ha generado un ahorro acumulado de 170 billones de rupias (aproximadamente 10.500 millones de dólares) en importaciones de combustibles fósiles y ha creado 2,1 millones de puestos de trabajo a lo largo de la cadena de valor del aceite de palma, desde la plantación hasta la mezcla final.

Esas cifras funcionan como respaldo político interno. En un país donde el subsidio a los combustibles tiene alta sensibilidad social, demostrar que la sustitución por biocombustibles reduce el gasto en importaciones y genera empleo rural facilita la justificación del programa ante el parlamento y la opinión pública.

Pozos comunitarios y formalización petrolera

El discurso de Bahlil Lahadalia en el encuentro de HIPPI incluyó un componente ajeno al bioetanol que forma parte de la misma estrategia de autosuficiencia energética que enmarca todo el programa: la formalización de los pozos petroleros comunitarios. Indonesia tiene aproximadamente 45.000 pozos operados de manera informal por comunidades locales, una actividad que genera ingresos en zonas rurales pero funciona al margen de la regulación y con estándares ambientales y de seguridad precarios.

El ministerio anunció un esquema para integrar esos pozos al sistema formal de producción mediante un mecanismo de precio vinculado al Indonesian Crude Price (ICP), el indicador de referencia del crudo indonesio. Los operadores comunitarios recibirían el 80% del ICP por barril producido. La medida apunta a aumentar la producción doméstica de crudo, reducir la informalidad y canalizar parte de esos ingresos hacia las economías locales de manera regulada.

 
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