Cada grano de cacao esconde una historia. No solo la del chocolate que disfrutamos en casa, sino también la del potencial desaprovechado de sus restos. En Costa de Marfil —país que produce más del 45% del cacao mundial— por cada tonelada de granos cosechados, se generan más de 13 toneladas de residuos de cacao: cáscaras de los frutos y fibras vegetales que, hasta ahora, no tenían destino productivo.
Esa historia está cambiando en Divo. En esta ciudad agrícola del sur del país se está gestando una nueva estrategia productiva en torno al cultivo: una bioeconomía del cacao que busca cerrar ciclos, diversificar ingresos y crear valor más allá del grano. Su expresión más reciente es una planta pionera que transforma esos residuos en electricidad renovable para abastecer a 1,4 millones de personas. Es la primera instalación industrial del mundo de este tipo, y marca un hito en el vínculo entre agricultura, energía y desarrollo local.
¿Cómo se convierten los residuos de cacao en electricidad?
El cacao crece en vainas —similares a pequeñas mazorcas— que encierran los granos cubiertos de una pulpa blanca. Tras la cosecha y procesamiento, esas vainas quedan como residuo. A eso se suman cáscaras de granos secos y otros restos orgánicos del cultivo.
La planta de Divo procesará 600.000 toneladas anuales de esta biomasa para generar 550 GWh de electricidad limpia, equivalente al consumo de 1,4 millones de personas. Con una potencia instalada de 76 MW, ofrecerá energía constante (de carga base) que se integrará a la red eléctrica nacional, evitando la quema de combustibles fósiles.
Además, al aprovechar residuos que antes se descomponían en campo, el proyecto evitará emisiones de metano y dióxido de carbono. Se calcula un ahorro anual de 300.000 toneladas de CO₂ equivalente a partir de 2029.
Una política, un subproducto y una transformación inesperada: esto es la bioeconomía
Tecnología que empodera a los productores
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su impacto directo en la cadena productiva del cacao. Más de 36.000 pequeños productores podrán vender sus residuos como materia prima para la planta, transformando lo que antes era un desecho en una fuente adicional de ingreso.
Además, se crearán 3.500 empleos temporales durante la construcción y 440 puestos permanentes una vez que la planta esté en operación. La economía local también se beneficiará con un aporte estimado de 6,8 millones de euros anuales, gracias a los encadenamientos productivos y los servicios vinculados.
“La planta de Divo ofrece una solución innovadora y escalable para los objetivos energéticos y climáticos de Costa de Marfil”, afirmó Yapi Ogou, director ejecutivo de SODEN, la empresa marfileña de energías renovables que lidera el desarrollo.
Con experiencia en proyectos solares y bioenergéticos, SODEN apuesta por modelos de negocio que integran sostenibilidad, desarrollo local y acceso a energía confiable.
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Una alianza entre actores locales e internacionales
El proyecto se desarrolla como una asociación público-privada entre Société des Energies Nouvelles (SODEN) y Climate Fund Managers (CFM), una gestora internacional con sede en los Países Bajos especializada en financiar infraestructura sostenible en países emergentes.
CFM canaliza recursos del fondo Climate Investor Two, respaldado por la Unión Europea, que invierte en proyectos climáticos con alto impacto social. En este caso, aportó 3 millones de dólares para el codesarrollo y prevé una inversión total de hasta 35 millones a través de su Fondo de Capital para la Construcción.
“Este proyecto demuestra cómo la financiación combinada puede hacer posible infraestructuras únicas y generar impacto real”, destacó Darron Johnson, director regional de CFM para África.
Circularidad, agroforestería y visión a largo plazo: las claves de la bioeconomía del cacao
El diseño del proyecto prioriza principios de economía circular. La biomasa utilizada proviene exclusivamente de residuos existentes, sin necesidad de plantar nuevos cultivos ni cambiar el uso del suelo. Incluso se incorporarán árboles de caucho en fin de vida útil, extendiendo el valor de esos sistemas productivos.
También se promoverá la agroforestería, una técnica que combina árboles y cultivos para mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y hacer más resilientes los sistemas agrícolas.
Además, se implementará un Sistema de Gestión Ambiental y Social bajo los estándares del IFC, y un Sistema de Monitoreo y Remediación del Trabajo Infantil, reforzando el compromiso con prácticas sostenibles en toda la cadena de valor.
Un proyecto con respaldo europeo y visión global
El Proyecto Divo se enmarca en la estrategia europea Global Gateway y forma parte de la Iniciativa Equipo Europa para fomentar el desarrollo bajo en carbono. También recibió apoyo inicial de la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos en 2018.
Para la embajadora de la Unión Europea en Costa de Marfil, Francesca Di Mauro, la planta “representa una inversión integral que aborda desafíos ambientales, económicos y sociales al mismo tiempo”.
Con esta iniciativa, Costa de Marfil se posiciona como referente en bioenergía innovadora, abriendo un camino replicable en otros países productores de cacao, café o palma. El cacao ya no solo es sinónimo de sabor: también puede ser sinónimo de energía limpia, inclusión y valor agregado.


