En la Amazonia boliviana, la recolección de frutos y semillas del bosque es parte de la economía cotidiana de miles de familias. Castañas, frutos amazónicos y otros productos forestales recorren cada año largos caminos desde comunidades rurales hasta plantas de procesamiento y puertos de exportación. Esa lógica productiva —aprovechar el bosque sin desmontarlo— fue la que Bolivia llevó esta semana a un escenario internacional clave.
Durante la 39.° Conferencia Regional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para América Latina y el Caribe, celebrada en Brasilia, el ministro de Desarrollo Productivo, Rural y Agua, Oscar Mario Justiniano, presentó la estrategia del país para impulsar la región amazónica.
La propuesta apunta a consolidar cadenas productivas basadas en la biodiversidad del bosque, combinando conservación ambiental con generación de ingresos para las comunidades rurales.
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Un enfoque productivo basado en el bosque en pie
El planteo boliviano parte de una premisa concreta: convertir la biodiversidad amazónica en motor de desarrollo económico sin expandir la frontera agrícola sobre el bosque.
Ante el foro que reunió a ministros de agricultura de 33 países de América Latina y el Caribe, Justiniano subrayó la necesidad de avanzar hacia sistemas agroalimentarios que integren producción, conservación y desarrollo rural. Para ello propuso fortalecer alianzas entre el sector público, el sector privado y las comunidades que viven en la Amazonia.
El objetivo es canalizar inversiones hacia cadenas productivas vinculadas a productos forestales y alimentos originados en el bosque, bajo esquemas que reconozcan el valor económico de la biodiversidad y garanticen condiciones de inversión estables.
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Frutos amazónicos y certificaciones para competir en nuevos mercados
Entre los planteos que Bolivia presentó en la conferencia regional se incluyeron requerimientos estratégicos destinados a posicionar la bioeconomía amazónica en las agendas internacionales.
Uno de ellos fue la propuesta de declarar el “Año Internacional de los Frutos Nativos Amazónicos”, una iniciativa orientada a visibilizar especies originarias del bosque que hoy comienzan a ganar presencia en mercados de alimentos y nutrición.
En paralelo, el país propuso consolidar certificaciones como “Marca Amazonia” y “Amazon Nuts”, instrumentos que permiten identificar productos provenientes de cadenas productivas asociadas al manejo sostenible del bosque.
En un contexto de regulaciones internacionales cada vez más estrictas sobre deforestación, estos sistemas de trazabilidad y certificación se vuelven claves para sostener y ampliar exportaciones.
Superalimentos y agricultura familiar como base de la bioeconomía
La cuenca amazónica boliviana abarca alrededor de 50 millones de hectáreas, una superficie que concentra una enorme diversidad biológica y que sostiene economías rurales basadas en la recolección, el manejo forestal y la agricultura familiar.
En ese territorio se originan varios alimentos con alto valor nutricional que han comenzado a posicionarse en mercados internacionales. Muchos provienen de sistemas productivos de baja escala que mantienen el bosque en pie mientras generan ingresos locales.
Dentro de estas cadenas productivas, las mujeres tienen un rol central. Según datos presentados por la delegación boliviana, alrededor del 60% de la actividad productiva vinculada a estos sistemas está liderada por mujeres, especialmente en tareas de recolección, clasificación y procesamiento inicial de los productos.
La bioeconomía en la agenda regional
La presentación boliviana también buscó instalar la bioeconomía como eje de cooperación regional para los países amazónicos.
El planteo incluye avanzar en un Plan Nacional de Desarrollo Integral orientado a fortalecer las cadenas productivas del bosque, mejorar las condiciones de acceso a mercados y reducir la liberación de gases de efecto invernadero asociada a cambios en el uso del suelo.
En el corto plazo, Bolivia busca consolidar certificaciones de origen para productos amazónicos, ampliar la visibilidad internacional de los frutos nativos y atraer inversiones hacia estas cadenas productivas.
La discusión abierta en la conferencia de la FAO refleja un cambio que empieza a tomar forma en varios países amazónicos: convertir la biodiversidad del bosque en una base productiva capaz de generar ingresos rurales sin depender de la expansión de la frontera agrícola.


