martes, mayo 5, 2026
 

El renacer de un emblema: el Barco Ciudad de Rosario vuelve al agua con ADN bioenergético

La embarcación más emblemática de Rosario regresa al río con una reconversión energética que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 75% respecto al gasoil convencional.

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Entre 1964 y 1971, en el astillero Riguetti emplazado frente al estadio de Rosario Central, un hombre llamado Raúl Oficialdegui le dio forma a lo que se convertiría en una pieza de la identidad ribereña de Rosario. Había comprado una embarcación brasileña en desuso con la idea original de desguazarla, pero algo lo llevó a cambiar de planes: la reconstruyó de cero. El barco que zarpó por primera vez en febrero de 1971 se llamó Ciudad de Rosario, y desde entonces acompañó durante décadas las excursiones por el Paraná y las islas entrerrianas que forman parte de la memoria afectiva de varias generaciones de rosarinos.

Cinco años de inactividad —agravados por el impacto económico de la pandemia y los costos crecientes de mantenimiento— llevaron a los herederos de Oficialdegui a tomar una decisión difícil: vender. A fines de 2020, la embarcación pasó a manos de tres jóvenes socios rosarinos nucleados en Hayra SRL. Y desde hace varias semanas, el Ciudad de Rosario está en el dique seco del astillero Fluvimar —ubicado sobre la boca del arroyo Saladillo, en la zona de El Mangrullo—, donde atraviesa una restauración integral que apunta a devolverlo al río Paraná para el 20 de junio, Día de la Bandera.

Pero lo más relevante de este regreso, quizás no sea el trabajo sobre el casco ni la incorporación de tecnología de navegación de última generación, sino que el barco volverá al agua con una transformación de fondo en su sistema de propulsión: tanto sus motores de tracción como su generador eléctrico funcionarán íntegramente con biodiésel, lo que permitirá reducir drásticamente las emisiones en sus recorridos.

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Un combustible que nace del descarte

Según informó La Capital, el biodiésel que utilizará el Ciuadad de Rosario se obtendrá a partir del reciclado de materias grasas y aceites vegetales usados recolectados en restaurantes y frigoríficos de la región, transformando lo que antes era un residuo en energía de producción local.

Esta reconversión se concreta a través de una alianza con Essential Energy Holding, empresa con trayectoria en el desarrollo de biocombustibles de primera y segunda generación. El impacto ambiental del cambio es concreto: según indicaron desde Hayra SRL, el uso de este biocombustible reduce como mínimo un 75% las emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con el gasoil convencional. Con un consumo proyectado de aproximadamente 10.000 litros mensuales en su etapa operativa plena, el Ciudad de Rosario pasará a operar con una huella de carbono radicalmente distinta a la de cualquier embarcación de su escala en el país.

El dato no es menor si se considera el contexto de la navegación fluvial argentina, sector que hasta ahora ha tenido escasa penetración de biocombustibles líquidos en su operación cotidiana. Que una embarcación de uso turístico y capacidad considerable dé este paso habla menos de una apuesta simbólica que de una decisión operativa concreta, donde el biodiésel de base regional resulta técnicamente viable y ambientalmente superior al combustible fósil que venía usando.

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La restauración que habilita el regreso

La puesta a punto del barco está bajo la supervisión del capitán Andrés Aldao, responsable de la navegación y figura central en la certificación de cada etapa de la obra. Fluvimar —que ya venía realizando los mantenimientos del Ciudad de Rosario desde 2010— lleva adelante una intervención que cubre los sistemas críticos de la embarcación.

Los trabajos incluyen reparaciones en el casco: corrección de pandeos y movimientos estructurales en las chapas, mediciones de precisión en el tintero, huelgos y palas del timón para garantizar la estanqueidad total. En el área de propulsión se realizó la corrección de la aleta antirrolido y la alineación milimétrica de las llamadas «patas de gallo» con el eje, para optimizar el rendimiento de los motores Cummins de 250 HP y eliminar cualquier tipo de vibración. También se revisaron los sistemas de fondeo y seguridad —pesaje de anclas, medición de longitud y espesores de cadenas— en cumplimiento con los planos aprobados por la Prefectura Naval Argentina, el organismo que regula y certifica la navegación en aguas interiores del país.

«Estamos en una etapa de mantenimiento general que abarca desde la flotabilidad y estanqueidad hasta la propulsión y el gobierno», explicó el capitán Aldao. «Nuestro objetivo es darle una nueva vida al Ciudad de Rosario, cumpliendo con todas las exigencias de la Prefectura Naval Argentina y las normativas internacionales del convenio Solas», en referencia al tratado internacional de seguridad marítima Safety of Life at Sea que establece los estándares mínimos de construcción, equipamiento y operación de embarcaciones.

Además de las mejoras estructurales, el barco incorporará tecnología de navegación actualizada: plotter con cartas digitales, localización AIS —el sistema de identificación automática que permite el seguimiento en tiempo real de embarcaciones— y equipos de comunicación VHF de alta gama.

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El Estado provincial y la apuesta turística

El regreso del Ciudad de Rosario no es solo un proyecto privado. El Ministerio de Desarrollo Productivo de la Provincia de Santa Fe, a cargo de Gustavo Puccini, se involucró desde el inicio con financiamiento y coordinación institucional. Durante un encuentro con los titulares de Hayra, Puccini confirmó que la nave operará desde la Terminal Fluvial de Rosario —La Fluvial— y encuadró el proyecto en un plan más amplio de modernización turística del río.

«Por impulso del gobernador Maximiliano Pullaro, acompañamos y acercamos herramientas vinculadas a financiamiento para que vuelva a flotar y navegar por nuestro río Paraná, una nave insignia de la ciudad», sostuvo el ministro, quien además señaló que el gobierno provincial está realizando una inversión en la puesta en condiciones de muelles de más de cien años en La Fluvial, con foco en aumentar las conexiones turísticas por el río.

Graciela Alabarce, presidenta del ENAPRO —el Ente Administrador Puerto Rosario, organismo que gestiona el puerto y sus instalaciones—, también respaldó el proyecto. Alabarce reveló que durante las negociaciones existió la posibilidad concreta de que el barco fuera trasladado a Paraguay o a la provincia de Corrientes, lo que habría significado su salida definitiva del circuito rosarino. «Tener a este barco, que para todos los rosarinos es un orgullo, que siempre distinguió a la ciudad, en el muelle de La Fluvial, es un placer», afirmó.

La secretaria de Transporte y Logística provincial, Mónica Alvarado, puso a disposición la logística turística provincial para potenciar el emprendimiento y describió la recuperación del barco como «un símbolo de modernización y orgullo santafesino, que conjuga inversión privada, acompañamiento estatal y una visión compartida de futuro».

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Una historia que se reinicia desde el Saladillo

Los propios socios de Hayra contaron que el proyecto nació de manera inesperada: leyeron una nota periodística sobre el estado del barco y decidieron que no podía salir de Rosario. «Desde que empezamos con esto, tuvimos el apoyo del Gobierno de la Provincia, del ENAPRO, de La Fluvial», reconocieron, agradeciendo especialmente la gestión del ministro Puccini desde los primeros pasos del proceso.

El barco tiene previsto bajar al agua una vez completadas todas las etapas en el astillero y tras recibir el visto bueno final de Prefectura Naval Argentina. Si los tiempos se sostienen, el Ciudad de Rosario amarraría en La Fluvial y se presentaría en sociedad el 20 de junio, al pie del Monumento Nacional a la Bandera.

Más de medio siglo después de que Raúl Oficialdegui decidiera no desguazar aquella embarcación brasileña en desuso, el barco que construyó desde cero vuelve al Paraná. Esta vez con otros dueños, otra tecnología de navegación y un combustible distinto: uno que no viene del subsuelo, sino de los aceites que dejaron de servir en las cocinas de la ciudad.

 
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