Brasil es el mayor productor y exportador mundial de soja. Al mismo tiempo lidera la incorporación de biodiésel derivado de esta oleaginosa a su matriz de combustibles. Y los números de la cadena productiva que une ambas industrias siguen escalando a un ritmo que obliga a recalcular su peso real en la economía.
Según un estudio del Centro de Estudos Avançados em Economia Aplicada (Cepea), el centro de investigación económica aplicada de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la Universidad de São Paulo (USP), elaborado en conjunto con la Asociación Brasileña de las Industrias de Aceites Vegetales (Abiove) —entidad que reúne a las principales procesadoras de oleaginosas del país—, el PIB de la cadena de la soja y el biodiésel crecerá un 6,87 % en 2026 y podría superar los 662.000 millones de reales, equivalentes a unos USD 130.000 millones al tipo de cambio actual.
La cifra no es un dato aislado: se monta sobre la expansión del 11,72 % registrada en 2025. En apenas dos años, la cadena habrá acumulado un crecimiento cercano al 19 %. Con ese desempeño, representará el 21,2 % del PIB del agronegocio brasileño —estimado en unos 3,1 billones de reales (USD 613.000 millones)— y el 4,8 % de toda la economía nacional.
Una cosecha que rompe todos los registros
El principal motor detrás de esa expansión es la producción agrícola. Según las proyecciones de la Compañía Nacional de Abastecimiento (Conab) —el organismo federal encargado de estimar y monitorear las cosechas—, la zafra 2025/26 alcanzará las 180,56 millones de toneladas de soja, un nuevo récord absoluto. El salto combina dos factores: la ampliación del área sembrada y las mejoras de productividad, impulsadas por tecnología y condiciones climáticas favorables.
Ese volumen récord tracciona a todos los eslabones. El segmento primario —la producción de grano en campo— crecerá un 7,26 %. Los insumos agrícolas (semillas, fertilizantes, defensivos y tecnología) avanzarán un 2,57 %, acompañando la mayor superficie y el manejo más intensivo. Y los agroservicios —transporte, almacenaje, comercialización y logística de distribución— subirán un 6,89 %, empujados por el mayor volumen de grano y derivados que necesita llegar a puertos, plantas y mercados.
Industrializar: la ecuación que multiplica por cuatro
Pero el dato más revelador del estudio está en fuera de la tranquera. Los investigadores del Cepea y Abiove estimaron que cada tonelada de soja producida y procesada en la industria genera un PIB de 6.710 reales (USD 1.316). Esa cifra es 3,84 veces superior a los 1.747 reales (USD 343) que produce cada tonelada exportada directamente como grano.
La diferencia ilustra con precisión el efecto multiplicador de la industrialización en la cadena de valor. Cuando la soja se procesa internamente, se obtienen harina proteica para la industria de alimentación animal, aceite vegetal para consumo humano y para la producción de biodiésel, y una serie de derivados que movilizan empleo, logística, servicios financieros y comercio exterior con mayor valor agregado. Exportar grano genera divisas; procesarlo genera economía.
Biodiésel: el eslabón que más crece
Dentro de la cadena, el segmento del biodiésel se destaca con un crecimiento estimado del 10,93 % en 2026 —el mayor entre todos los eslabones—. El impulso proviene de un factor regulatorio concreto: desde el 1.º de agosto de 2025, Brasil elevó la mezcla obligatoria de biodiésel en el diésel del 14 % al 15 % (B15), por decisión del Consejo Nacional de Política Energética (CNPE).
La medida forma parte de un cronograma más amplio establecido por la Ley del Combustible del Futuro (sancionada en 2024), que prevé incrementos anuales hasta alcanzar el 20 % (B20) en 2030 y habilita al CNPE a evaluar, a partir de 2031, la viabilidad de un corte del 25 % (B25). En la misma decisión, el gobierno brasileño también elevó la mezcla de etanol anhidro en las naftas del 27 % al 30 % (E30) y recientemente lo llevó al 32% (E32) de forma transitoria.
El efecto sobre la producción fue inmediato. En el primer trimestre de 2026, los volúmenes de biodiésel ya superaron a los del mismo período de 2025, reflejando la mayor demanda generada por el B15. La agroindustria en su conjunto —que incluye al crushing de soja, la producción de harina, aceite y biodiésel— crecerá un 7,74 % en el año.
Europa vuelve al biodiésel para asegurar proteínas mientras la Argentina recorre el camino inverso
Exportaciones y empleo en alza
El dinamismo de la cadena se refleja también en el comercio exterior. Durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones del complejo sojero y del biodiésel sumaron 29,6 millones de toneladas, un 5,95 % más que en el mismo período del año anterior. Los ingresos alcanzaron los USD 12.300 millones, con un avance del 11,8 %, sostenido por el mayor volumen embarcado y por una revalorización promedio del 5,52 % en los precios internacionales.
En el mercado laboral, la cadena empleó a 2,54 millones de personas en el primer trimestre de 2026, un 3,29 % más que un año atrás. Esa cifra equivale al 2,49 % del empleo total de Brasil y al 11,21 % de los puestos de trabajo del agronegocio. El mayor dinamismo en contrataciones provino de la agroindustria, en línea con la expansión del procesamiento.


