Un avión nuevo suele simbolizar eficiencia, modernización, velocidad. Pero el pasado 25 de agosto, un flamante Airbus A220-300 que despegó desde Mirabel, Canadá, rumbo a París, cargaba algo más que pintura reluciente: llevaba en sus tanques una mezcla al 50% de combustible sostenible de aviación (SAF) y, en su documentación, una certificación ambiental inédita. El vuelo —conocido como ferry flight, es decir, el traslado de una aeronave nueva desde la planta del fabricante hasta su cliente final, en este caso Air France— marcó un hito histórico. Por primera vez, Airbus emitió directamente desde su sede en Canadá credenciales oficiales de sostenibilidad (PoS), lo que lo convierte en un actor activo —y no solo logístico— en la transición energética del sector aéreo.
La revolución silenciosa del SAF
Mientras el debate climático arde en todos los foros internacionales, la aviación enfrenta una urgencia técnica compleja: descarbonizar sin dejar de conectar al planeta. En este rompecabezas, el SAF se presenta como la pieza clave: un combustible líquido que, al mezclarse con el queroseno tradicional, permite reducir las emisiones de CO₂ hasta un 85% en su ciclo de vida, sin alterar turbinas ni comprometer la seguridad de vuelo.
El SAF se produce a partir de materias primas renovables —como aceites vegetales o residuos agrícolas — y debe cumplir estrictos estándares internacionales de sostenibilidad para ser certificado. Una vez procesado, se mezcla con Jet A-1 hasta un 50%, generando un combustible “drop-in” que puede utilizarse en las condiciones operativas actuales sin necesidad de cambios técnicos.
Una certificación que cambia las reglas del juego
Lo realmente innovador del vuelo realizado por Air France no fue solo el uso de SAF —ya habitual en muchos vuelos—, sino la forma en que se acreditó su impacto ambiental. Airbus no solo cargó biocombustible en sus tanques: también entregó a su cliente un certificado oficial de reducción de emisiones, conocido como Proof of Sustainability (PoS), emitido bajo los criterios de CORSIA, el esquema de sostenibilidad aprobado por la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI).
Este certificado valida, con auditoría independiente, que el SAF utilizado cumple con criterios de trazabilidad y reducción de gases de efecto invernadero. En este caso, se estimó una disminución de más de 25 toneladas de CO₂ en comparación con el uso exclusivo de combustible fósil para el trayecto Canadá-París.
¿Cómo se garantiza la trazabilidad? El sistema mass balance
Para que estas credenciales tengan valor real —y no se conviertan en simples promesas verdes—, la industria ha adoptado el modelo de trazabilidad conocido como mass balance. Este sistema permite contabilizar la entrada y salida de materiales sostenibles dentro de una operación industrial donde se mezclan con insumos convencionales. En otras palabras: aunque el SAF se combine físicamente con queroseno, un registro contable riguroso permite calcular con precisión qué volumen de emisiones fue evitado y atribuirlo a un vuelo específico.
El principio es similar al que se usa en sectores como la energía o la química verde, y es clave para escalar soluciones sostenibles mientras se desarrollan cadenas de suministro más puras o separadas físicamente. En Mirabel, esta metodología ya forma parte del proceso regular: los 170.000 litros de SAF que Airbus planea usar en 2025 en esa planta evitarán unas 400 toneladas de CO₂ en actividades internas, ensayos de vuelo y entregas.
Air France-KLM: un cliente que empuja la transición
El vuelo fue protagonizado por el A220 número 46 entregado a Air France, parte de un pedido total de 60 aeronaves de este modelo. Desde su entrada en servicio en 2021, estos aviones operan en rutas de media distancia con una eficiencia notable: hasta 25% menos consumo de combustible y emisiones por asiento respecto a generaciones anteriores.
“Combinar renovación de flota con SAF es una jugada lógica”, afirmó Blaise Brigaud, vicepresidente de sustentabilidad del grupo Air France-KLM, una de las compañías que más invierte en biocombustibles a nivel global. “Recibir directamente el SAF al momento de la entrega del avión cambia las reglas: aumenta la transparencia y acelera el progreso del sector”.
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Hacia un cielo 100% compatible con la descarbonización
Actualmente, todos los aviones comerciales de Airbus están certificados para operar con hasta 50% de SAF. Pero el objetivo declarado es aún más ambicioso: lograr que toda su flota pueda funcionar con 100% de SAF para 2030. Para llegar a ese punto se necesita algo más que avances técnicos: hace falta una arquitectura regulatoria clara, incentivos económicos, escalabilidad productiva y un marco de trazabilidad robusto.
El paso dado por Airbus en Mirabel apunta directamente en esa dirección. Al integrar el SAF no solo como insumo, sino como parte de un sistema de certificación ambiental entregado al cliente, el fabricante europeo se posiciona como actor activo —y no mero proveedor— en la transición energética del transporte aéreo.
El verdadero despegue de los biocombustibles sostenibles
El vuelo entre Canadá y Francia podrá parecer rutinario en el mapa global de la aviación. Pero en los pasillos de la innovación climática, representa un salto cualitativo: el momento en que los biocombustibles dejaron de ser una promesa experimental para convertirse en herramienta concreta, medible y certificada de cambio estructural.
En una industria históricamente cautelosa, donde los estándares de seguridad obligan a validar cada paso milimétricamente, no hay gestos pequeños. Un litro de SAF en una aeronave es menos CO₂ que llega a la atmósfera. Y si ese litro viene acompañado de transparencia, trazabilidad y voluntad de transformación, entonces no estamos solo ante un nuevo combustible: estamos, quizás, ante una nueva manera de volar.


