Las heces caninas suelen ser vistas exclusivamente como un residuo urbano incómodo, asociado a problemas sanitarios, malos olores y costos de recolección y disposición. Sin embargo, su elevada carga de materia orgánica también las convierte en un sustrato potencial para producir energía mediante procesos biológicos conocidos.
Un grupo de investigadores mexicanos decidió estudiar hasta qué punto ese potencial podía aprovecharse y, sobre todo, cuál era la mejor manera de hacerlo. El resultado fue menos espectacular que algunas de las alternativas evaluadas, pero probablemente más relevante desde el punto de vista industrial: la opción tecnológicamente más sencilla terminó ofreciendo el mejor equilibrio entre recuperación energética, costos y complejidad operativa.
El trabajo fue desarrollado por investigadores vinculados al Instituto de Energías Renovables de la Universidad Nacional Autónoma de México y publicado en Biochemical Engineering Journal. El objetivo fue analizar distintas estrategias para recuperar energía a partir de heces caninas mediante producción de hidrógeno y metano.
La investigación comparó varias configuraciones de proceso, desde la digestión anaeróbica convencional hasta esquemas de dos etapas en los que una primera fermentación busca producir hidrógeno y una segunda etapa convierte la materia orgánica remanente en metano.
También se evaluaron distintos pretratamientos destinados a facilitar la degradación del residuo antes de ingresar al proceso biológico.
Dos combustibles posibles, pero un claro ganador
Desde el punto de vista técnico, los investigadores comprobaron que las heces caninas pueden utilizarse para producir tanto hidrógeno como metano.
El hidrógeno se obtiene durante una primera etapa de fermentación acidogénica, en la que determinadas comunidades microbianas degradan parcialmente la materia orgánica. El residuo resultante puede continuar luego hacia una segunda etapa de digestión anaeróbica, donde otros microorganismos producen metano.
El esquema permite, en teoría, recuperar dos combustibles a partir del mismo sustrato.
Pero el análisis energético mostró una diferencia decisiva. Más del 85 % de la energía recuperada en todas las configuraciones estudiadas provino del metano.
El aporte energético del hidrógeno resultó comparativamente pequeño, por lo que la incorporación de una etapa específica para producirlo no compensó la mayor complejidad del proceso.
La conclusión resulta particularmente interesante porque contradice una lógica frecuente en el desarrollo de nuevas tecnologías de valorización de residuos: agregar etapas o productos no necesariamente mejora el desempeño global del sistema.
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La digestión anaeróbica convencional resultó más conveniente
La alternativa que mostró el mejor balance general fue precisamente la más sencilla: utilizar las heces frescas y húmedas directamente en un proceso de digestión anaeróbica de una sola etapa.
Esta configuración evita operaciones adicionales como secado, hidrólisis química, calentamiento intensivo o tratamientos destinados a aumentar la disponibilidad de materia orgánica.
Algunas de esas estrategias pueden elevar determinados rendimientos dentro del proceso, pero también requieren energía, equipamiento, reactivos y mayores costos operativos.
Cuando esos factores se incorporan al análisis completo, la ventaja obtenida durante la producción de gas puede desaparecer.
El trabajo muestra así una diferencia importante entre maximizar un rendimiento de laboratorio y desarrollar un proceso que pueda resultar razonable fuera de él.
En sistemas de pequeña escala, donde el volumen de residuo disponible es limitado, la simplicidad tecnológica adquiere todavía mayor importancia. Cada operación adicional puede representar una proporción significativa del costo total de la instalación.
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De un residuo sanitario a un recurso energético
Las heces caninas presentan características que las hacen particularmente adecuadas para la digestión anaeróbica. Contienen materia orgánica biodegradable y humedad suficiente para que microorganismos anaerobios puedan descomponer sus componentes y generar biogás.
El proceso es similar al utilizado desde hace décadas para tratar estiércoles ganaderos, lodos cloacales, residuos agroindustriales y diferentes corrientes orgánicas.
La diferencia está principalmente en la escala y en la forma en que el residuo se genera.
Mientras el estiércol de un establecimiento ganadero suele concentrarse en volumen grandes, las heces caninas aparecen dispersas en ciudades, parques, criaderos, refugios y otros espacios donde viven animales.
Por eso, el potencial de esta alternativa no parece estar asociado a grandes plantas energéticas, sino a sistemas descentralizados capaces de tratar el residuo cerca del lugar donde se produce.
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Una experiencia previa en un refugio canino
El grupo mexicano ya venía explorando esta posibilidad antes de realizar el estudio publicado.
Investigadores del Instituto de Energías Renovables trabajaron con un refugio canino del estado de Morelos para desarrollar un biodigestor destinado al tratamiento de las excretas generadas por los animales del establecimiento.
El sistema fue pensado como una solución de pequeña escala para transformar un residuo que debía ser recolectado y eliminado en una corriente susceptible de producir biogás.
Ese tipo de aplicación ayuda a entender mejor el potencial real de la tecnología.
En un refugio, un criadero o cualquier instalación donde se concentre un número importante de animales, la energía obtenida puede ser útil, pero no necesariamente constituye el principal beneficio económico.
El primer valor del proceso es evitar que una corriente orgánica termine en disposición convencional y reducir los problemas sanitarios y ambientales asociados a su acumulación.
La recuperación energética aparece entonces como un beneficio adicional dentro de un sistema de gestión de residuos.
Una lógica circular a pequeña escala
El estudio mexicano expone una característica central de muchos procesos de bioeconomía: la conveniencia de una tecnología no depende únicamente de cuánto producto puede obtenerse, sino de la relación entre el valor recuperado, la cantidad de residuo disponible y el costo de transformarlo.
Las heces caninas difícilmente se conviertan en una materia prima energética relevante a gran escala. Su generación está dispersa, la logística para recolectarlas puede ser costosa y los volúmenes disponibles en cada punto suelen ser relativamente pequeños.
Sin embargo, allí donde el residuo ya se encuentra concentrado, la ecuación puede cambiar.
Refugios, criaderos, centros veterinarios u otras instalaciones con alta concentración de animales podrían utilizar sistemas de digestión anaeróbica para reducir el volumen de residuos y recuperar parte de la energía contenida en ellos.
La investigación también deja una conclusión más amplia para el desarrollo de tecnologías de valorización de residuos.
El proceso más sofisticado no siempre es el mejor.


