En 2021, mientras el mundo lidiaba con las secuelas inmediatas de la pandemia, en Malasia una pequeña pero significativa transformación comenzaba a tomar forma. En lugar de mirar únicamente a la recuperación, las autoridades pusieron el foco en una necesidad estructural: formar jóvenes capaces de impulsar la bioeconomía del futuro. Lo hicieron a través de BeST 2.0, un programa de formación intensiva diseñado para que nuevos graduados accedan a conocimientos técnicos, prácticas en empresas reales y herramientas para emprender. Cuatro años después, ese programa no solo superó su meta inicial, sino que se convirtió en el eje de una estrategia nacional de capital humano para los sectores más dinámicos de la economía basada en conocimiento.
Ahora, Bioeconomy Corporation —la agencia estatal dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Malasia (MOSTI)— anunció que BeST 2.0 se expandirá significativamente: prevé capacitar a al menos 1.000 graduados en los próximos cinco años, sumando nuevas disciplinas como inteligencia artificial, realidad aumentada, realidad virtual y energía verde. El objetivo no es únicamente mejorar la empleabilidad, sino articular un ecosistema productivo donde el conocimiento sea la base del biodesarrollo.
Bioindustria con nombre propio
Bioeconomy Corporation fue fundada en 2005 como principal agencia ejecutora de la política biotecnológica de Malasia. Su rol es articular empresas, talento y tecnología, canalizando inversiones públicas y privadas hacia sectores como la biotecnología agrícola, la farmacéutica, la producción bioindustrial y los bioproductos. En sus dos décadas de trayectoria, gestionó programas como BioNexus —que otorga incentivos fiscales y apoyo institucional a empresas innovadoras— y el Bio-Based Accelerator (BBA), orientado a startups de base tecnológica. Según datos oficiales, las 624 compañías que forman parte de estos esquemas han captado más de 3.330 millones de dólares en inversiones aprobadas, aportando cerca de 9.300 millones al producto bruto interno del país.
La nueva etapa de BeST 2.0 se inscribe dentro de la Política Nacional de Biotecnología 2.0, que fija como meta que el sector represente hasta un 5% del PIB malasio en el mediano plazo. Pero esa expansión no será posible sin una fuerza laboral capacitada para operar —y liderar— tecnologías de frontera.
Formación técnica, inserción laboral y startups: el modelo BeST 2.0
Desde su relanzamiento en 2021, BeST 2.0 ha formado a 561 graduados, superando el objetivo de 400 establecido por el 12º Plan de Malasia. El 91% de ellos logró insertarse laboralmente en alguna de las 92 empresas anfitrionas registradas, mientras más de 200 compañías del sector están habilitadas para ofrecer prácticas y primeras experiencias laborales. En total, se han generado más de 1.900 oportunidades de inserción directa.
“Una fuerza laboral más capacitada es clave para aumentar la productividad nacional”, afirmó Datuk Dr Lee Boon Chye, presidente de Bioeconomy Corporation. Y agregó que el programa no solo mejora las competencias de los participantes, sino que también estimula el emprendimiento. Un ejemplo concreto son las nueve startups surgidas dentro del esquema de agricultura por contrato —contract farming— que aplican tecnología para modernizar la producción rural. “Si se escalan, estas iniciativas podrían mejorar significativamente los ingresos en zonas rurales”, señaló Lee.
Inteligencia artificial, realidad aumentada y energía verde: hacia una bioeconomía expandida
La principal novedad de esta nueva etapa es la incorporación de contenidos orientados a tecnologías emergentes que ya comienzan a integrarse con los sectores bio. Entre ellas, la inteligencia artificial (IA), la realidad aumentada (AR), la realidad virtual (VR) y la energía verde. Según Lee, estas herramientas tienen un enorme potencial de aplicación en agricultura, salud, educación técnica y transición energética.
“Por ejemplo, la inteligencia artificial puede utilizarse tanto en agricultura como en atención médica, mientras que la AR y la VR tienen un papel clave en la formación sanitaria y la simulación quirúrgica”, explicó. “Son áreas donde Bioeconomy Corporation puede contribuir formando talentos y expertos con visión aplicada”, concluyó.
Con esta expansión, BeST 2.0 deja de ser un programa de formación profesional para convertirse en una plataforma estratégica de transformación productiva. Su estructura combina tres componentes centrales: capacitación técnica especializada, colocaciones laborales en empresas activas del sector y promoción del emprendimiento mediante incubación temprana.
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Una política de talento como política de Estado
El anuncio de la ampliación del programa no es un hecho aislado, sino parte de una visión de largo plazo. En un contexto regional cada vez más competitivo, donde países como Singapur, Corea del Sur o Indonesia también invierten fuerte en industrias basadas en conocimiento, Malasia apuesta por integrar ciencia, tecnología y juventud como pilares de su estrategia económica.
Lejos de limitarse a la biotecnología tradicional, la nueva bioeconomía malaya busca ser transversal, integradora y capaz de dialogar con los lenguajes tecnológicos más recientes. BeST 2.0 es, en ese sentido, una plataforma concreta donde esa visión se materializa. Y si su impacto continúa creciendo al ritmo actual, es posible que en unos años se lo recuerde no solo como un programa de formación, sino como el punto de partida de una transformación productiva sostenida.


