jueves, abril 30, 2026
 

Brasil institucionaliza lo que ya sabe hacer: convertir la naturaleza en desarrollo

El gobierno lanzó el Plan Nacional de Desarrollo de la Bioeconomía, una hoja de ruta a 2035 que articula comunidades indígenas, industria farmacéutica y producción de biomasa bajo un mismo esquema de aprovechamiento sostenible.

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El 1° de abril, Marina Silva, ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, presentó el PNDBioPlan Nacional de Desarrollo de la Bioeconomía—, una hoja de ruta hasta 2035 para convertir la biodiversidad del país en uno de sus principales activos económicos.

Pero para entender qué significa ese documento, conviene empezar por otro dato: más del 50 por ciento de la energía que consume Brasil hoy proviene de fuentes renovables. No es una meta. Es una realidad que el país construyó durante décadas, mientras el mundo debatía si era posible.

El bioetanol —producido principalmente a partir de caña de azúcar, aunque el maíz ya representa más del 20 por ciento de la producción y el trigo asoma como próximo insumo, con una planta en construcción en Río Grande do Sul— se mezcla obligatoriamente con la nafta en una proporción del 30 por ciento. El 90% del parque automotor funciona con motores flex que permiten usar etanol puro. El biodiesel representa el 15 por ciento del gasoil. El bagazo de caña alimenta centrales de cogeneración. El licor negro, subproducto de las grandes pasteras de celulosa, se convierte en energía dentro de las propias plantas. La hidroelectricidad, junto con eólica y solar, completan el cuadro. El resultado es una matriz que muchos países señalan como referencia y pocos logran replicar.

Todo eso existía antes del PNDBio. Y es precisamente ese antecedente el que le da al plan un peso que los documentos de política pública raramente tienen: no surge del entusiasmo ni de la moda, sino de la experiencia acumulada. Brasil no está prometiendo convertir su naturaleza en desarrollo. Ya lo viene haciendo. Lo que propone ahora es extender esa lógica hacia un territorio mucho más vasto: su biodiversidad.

El plan fue aprobado el 5 de marzo de 2026, resultado de dos años de trabajo que involucraron a 16 ministerios, organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas y actores privados, y que recibió más de 900 contribuciones durante su consulta pública. Propone 185 acciones estratégicas organizadas en tres ejes: la valorización de activos ambientales y el desarrollo sociobioecónomico comunitario, la bioindustrialización competitiva y la producción sostenible de biomasa. Tres ejes que describen un modelo donde la naturaleza no es solo objeto de conservación sino base de procesos productivos que generan empleo, ingreso y desarrollo territorial.

Silva lo resumió en la presentación con una frase que condensa bien el espíritu del plan: «Hay lugar para las industrias recolectoras, para los fabricantes de cosméticos y para las empresas farmacéuticas. Esta es la bioeconomía para un nuevo ciclo de prosperidad.» La enumeración no es casual. Apunta a una de las tensiones más persistentes en el debate sobre desarrollo y naturaleza: la idea de que proteger implica necesariamente no usar. El PNDBio propone otra lectura.

Entre las metas concretas del primer eje, según reportó Agência Brasil, figuran el apoyo a 6.000 emprendimientos comunitarios, la duplicación de la producción bruta derivada de la sociobiodiversidad y pagos por servicios ambientales a 300.000 beneficiarios. También contempla restaurar 2,3 millones de hectáreas de vegetación nativa integrada a cadenas productivas, ampliar las áreas de manejo forestal a 5,28 millones de hectáreas y habilitar 60 unidades de conservación para el ecoturismo. Y profundiza un mecanismo que la legislación brasileña ya contempla: la distribución de beneficios económicos derivados del uso del patrimonio genético —la información contenida en plantas, animales y microorganismos que la industria cosmética, farmacéutica y alimentaria aprovecha para desarrollar productos— hacia las comunidades tradicionales que habitan y custodian esos territorios.

En el eje de salud, el plan propone incorporar nuevos fitomedicamentos al SUS —el Sistema Único de Salud, que garantiza atención universal y gratuita a toda la población brasileña— y aumentar su participación en los ingresos de la industria farmacéutica nacional. Una decisión que conecta directamente la biodiversidad amazónica con la política sanitaria pública. Y que abre una pregunta incómoda: cuántos países de la región tienen biodiversidad comparable pero carecen de la institucionalidad para traducirla en política concreta.

El tercer eje retoma el hilo energético del principio: producción sostenible de biomasa, desarrollo de la química verde, biocombustibles. No como novedad sino como profundización de un camino ya trazado. Geraldo Alckmin, vicepresidente y ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, lo sintetizó con precisión: «Innovadora, competitiva, orientada a la exportación y verde: eso es lo que define a una industria sostenible.»

Lo que hace al PNDBio distinto de tantos planes que circulan por los escritorios de los ministerios latinoamericanos no es su escala ni su ambición. Es su genealogía. Carina Pimenta, secretaria nacional de Bioeconomía, definió el plan como una estrategia que ve los activos ambientales no solo desde la conservación sino desde su capacidad de integrarse a actividades económicas que generen prosperidad. Esa definición podría sonar abstracta si no estuviera respaldada por décadas de evidencia concreta: Brasil ya sabe cómo se hace. Ya lo hizo con la energía. Ahora lo está haciendo con todo lo demás.

En una región que que continúa debatiendo si es posible crecer sin destruir, Brasil ofrece algo más valioso que una respuesta teórica. Ofrece un modelo en funcionamiento. Con sus complejidades y sus desafíos pendientes —que los tiene—, pero también con resultados que pocos pueden exhibir. El PNDBio no es el inicio de ese camino. Es el momento en que Brasil decidió ponerle mombre.

 
Emiliano Huergo
Emiliano Huergo
Apasionado por el potencial transformador de la bioeconomía. Director de BioEconomía.info, promotor de iniciativas que integran innovación, equidad y sostenibilidad. 👉 Ver perfil completo
 
 

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