domingo, septiembre 20, 2026
 

Biorrefinerías vivas: el residuo olivícola como respuesta a la dependencia proteica europea

España produce más de la mitad del aceite de oliva del mundo, y Andalucía concentra cerca del 80 % de esa producción. Cada campaña, las almazaras generan millones de toneladas de alperujo, un subproducto húmedo, ácido y difícil de gestionar que suele representar más un problema ambiental que una oportunidad. InsectBiotech encontró en ese residuo la materia prima para producir proteínas y aceites para nutrición animal, además de enmiendas orgánicas para suelos.

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Cada año, las almazaras españolas generan millones de toneladas de alperujo: la masa húmeda, oscura y ácida que queda después de extraer el aceite de oliva. Es, en volumen, el mayor subproducto de toda la cadena olivícola, y su gestión lleva décadas siendo un dolor de cabeza para el sector. Con una carga orgánica elevada y un pH que dificulta su compostaje convencional, el alperujo se acumula en balsas de evaporación, se aplica en campos con restricciones crecientes o se destina a procesos de secado térmico que consumen energía y encarecen la operación. En la mayoría de los casos, no es un recurso: es un costo.

Al mismo tiempo, Europa depende de importaciones masivas de harina de soja y harina de pescado para alimentar a sus animales. Es una vulnerabilidad estratégica que los propios organismos comunitarios reconocen: la Unión Europea importa alrededor del 75 % de las proteínas vegetales que consume su sector ganadero, principalmente desde América del Sur. Los precios fluctúan con las cosechas del hemisferio sur, los fletes transoceánicos y las tensiones comerciales.

En ese cruce entre un residuo abundante que nadie termina de resolver y una proteína que el continente necesita pero no produce, una empresa biotecnológica nacida en Andalucía construyó su modelo de negocio.

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Una biorrefinería donde el reactor es un organismo vivo

InsectBiotech desarrolló, a lo largo de varios años de investigación en colaboración con la Universidad de Granada, una tecnología patentada que utiliza larvas de mosca soldado negro (Hermetia illucens) para bioconvertir alperujo y otros subproductos agrícolas en tres líneas de productos: proteínas y aceites aptos para nutrición animal, y enmiendas orgánicas con propiedades regenerativas para suelos.

El principio es biológico y elegante. Las larvas se alimentan de la materia orgánica residual, la metabolizan y la concentran en forma de biomasa con un contenido proteico de entre 40 % y 50 % en peso seco, junto con lípidos cuyo perfil de ácidos grasos resulta apto para formulaciones de alimento animal. El sustrato digerido por la actividad larvaria —lo que queda del alperujo después de pasar por el ciclo biológico— se transforma en una enmienda orgánica que mejora la estructura y la vida microbiana del suelo. No hay residuo final: cada fracción del proceso tiene un destino productivo.

Es, en esencia, una biorrefinería compacta. Pero a diferencia de las biorrefinerías convencionales —con sus columnas de destilación, catalizadores y temperaturas extremas—, aquí el “reactor” está vivo, opera a temperatura ambiente, se alimenta solo y se reproduce. La ingeniería está en controlar las condiciones de cría, optimizar las formulaciones del sustrato y garantizar la calidad del producto final a escala consistente.

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La Hermetia illucens no es una novedad en la bioeconomía. Se utiliza en proyectos de bioconversión en todo el mundo, y la Unión Europea autorizó en 2021 el uso de proteínas derivadas de insectos en la alimentación de aves y cerdos —sumándose a una habilitación previa para acuicultura—, lo que amplió considerablemente el mercado. Empresas como Protix en Países Bajos o InnovaFeed en Francia ya operan plantas industriales.

Pero la mayoría de esos proyectos trabajan con residuos de cereales, subproductos de cervecería o restos de frutas y hortalizas. Lo que diferencia a InsectBiotech es el sustrato sobre el que opera. España es el mayor productor mundial de aceite de oliva, y Andalucía concentra cerca del 80 % de la producción nacional. La disponibilidad de alperujo no es un cuello de botella: es una ventaja estructural difícil de replicar fuera de la cuenca mediterránea. Y es, además, un residuo cuya gestión ya representa un costo significativo para las almazaras, lo que convierte a la biorrefinería de insectos en una solución que genera valor por partida doble: le da salida productiva al subproducto y, al mismo tiempo, reduce el pasivo ambiental de la cadena olivícola.

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De la escala piloto a la planta industrial

Tras validar su tecnología en laboratorio y en producción piloto, la compañía se prepara ahora para el salto a escala industrial. InsectBiotech construirá una planta con capacidad para procesar 7.500 toneladas anuales de residuos agrícolas, emplazada en una zona rural de Andalucía cercana a las principales fuentes de materia prima. La instalación operará con proveedores regionales y apunta a generar empleo en una zona tradicionalmente dependiente de la actividad olivícola y agrícola.

El paso fue posible tras cerrar una ronda de financiamiento de €7,2 millones. La inversión fue liderada por Arcano Partners —firma española de inversión alternativa— a través de su vehículo Impacto Andalucía Innovación y Desarrollo, financiado con recursos del Programa FEDER Andalucía 2021-2027 y la Junta de Andalucía, y gestionado bajo la supervisión del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Un consorcio de inversores estadounidenses completó la ronda con €3,4 millones adicionales. Que el interés provenga tanto de fondos europeos de impacto como de capital privado norteamericano sugiere que el modelo despierta confianza más allá de su contexto regional.

Ignacio Gavilán, CEO y cofundador de InsectBiotech, encuadró el proyecto en una lógica de doble impacto: “Nuestro objetivo es desarrollar productos comercialmente viables a precios de mercado actuales, generando al mismo tiempo un impacto ambiental medible al reducir residuos agrícolas y promover prácticas agropecuarias más sostenibles”. Y apuntó a un horizonte más amplio: reducir la dependencia europea de proteínas importadas y fomentar modelos agrícolas regenerativos.

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Un modelo replicable en toda la cuenca mediterránea

Si la planta andaluza logra operar a la capacidad proyectada y demostrar viabilidad comercial sobre un sustrato tan específico como el alperujo, el modelo podría extenderse a otras regiones olivícolas. Italia, Grecia, Túnez y Turquía enfrentan desafíos similares: grandes volúmenes de residuos de almazara, presión regulatoria para gestionarlos de forma sostenible y una demanda creciente de fuentes alternativas de proteína animal.

La bioconversión con insectos no resuelve por sí sola la dependencia proteica europea ni el problema completo del alperujo. Pero representa un eslabón concreto en la lógica de la economía circular aplicada al agro: convertir lo que hoy es un pasivo en un insumo productivo, sin grandes infraestructuras, con tecnología validada y sobre materia prima que sobra. En Andalucía, al menos, la ecuación parece cerrar.

 
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