Entre troncos caídos, virutas de aserradero y ramas olvidadas, está surgiendo una fuente de energía que hasta hace poco pasaba desapercibida para muchos. No porque no existiera, sino porque su verdadero potencial aún no había sido revelado. Hoy, ese potencial comienza a hacerse visible en el mapa energético argentino. La reciente inauguración de la planta San Alonso, en Corrientes, con 40 megavatios (MW) de potencia instalada, sumada a otra de igual capacidad en Virasoro, ha encendido las luces —literalmente— sobre el papel estratégico que puede jugar la biomasa forestal en la transición energética del país.
Desde la Asociación Forestal Argentina (AFoA) no dudan en calificar este fenómeno como una revolución. No es exageración: lo que antes eran residuos forestales acumulados, como aserrín, virutas, restos de podas o raleos, ahora se convierten en electricidad. Y no cualquier electricidad: una energía renovable, continua y circular, que no solo abastece sino también ordena, limpia y dinamiza territorios.
¿Por qué mirar con atención a la biomasa?
En un escenario donde el viento y el sol acaparan titulares como estrellas de la energía limpia, la biomasa actúa como una fuerza silenciosa, pero indispensable. A diferencia de estas fuentes intermitentes, puede operar las 24 horas del día, brindando una estabilidad clave a un sistema eléctrico cada vez más complejo.
Pero el aporte de la biomasa forestal va más allá del plano técnico. Cada tonelada utilizada es una tonelada menos de residuos acumulados en el monte, un riesgo menos de incendios forestales y una oportunidad más de empleo y desarrollo regional. Es energía que integra y transforma, en el sentido más profundo.
El licor negro: una joya energética poco conocida
Entre los insumos que alimentan estas plantas aparece un actor menos conocido pero con gran potencial: el licor negro. Este subproducto de la industria papelera —derivado del proceso de cocción de la madera para obtener celulosa— es altamente contaminante si no se trata correctamente. Sin embargo, gracias a su alto poder calorífico, se convierte en un combustible ideal para generación energética. Su valorización energética no solo reduce el impacto ambiental de su disposición, sino que también aporta una vía de autosuficiencia para las empresas del sector.
El mapa de la energía de la biomasa en Argentina se expande
Un relevamiento realizado por la AFoA y la Dirección Nacional de Desarrollo Foresto Industrial identificó 17 plantas activas en Argentina que generan electricidad a partir de biomasa forestal o licor negro. En total, suman cerca de 250 MW de potencia instalada. Misiones encabeza el listado con nueve plantas y 109 MW, seguida por Corrientes con 97 MW distribuidos en tres plantas. En breve, una cuarta planta en esta última provincia añadirá 7 MW más.
Arauco apuesta fuerte en Misiones con una millonaria inversión en energía renovable
Esta energía no solo se inyecta al sistema nacional —con 121 MW vendidos a CAMMESA—, sino que en muchos casos se destina al autoconsumo industrial, generando un modelo de integración energética y productiva que fortalece la autonomía y la competitividad de las empresas.
Empresas que lideran el cambio
Distintas compañías están trazando el camino hacia una bioenergía con impacto. Arauco Argentina, en Misiones, genera 62.3 MW combinando biomasa y licor negro, con un consumo superior al millón de toneladas anuales. Papel Misionero, del Grupo Arcor, aporta 23 MW más. Y en Corrientes, el Grupo Insud, a través de Fuentes Renovables de Energía, opera dos plantas gemelas de 40 MW cada una, que procesan más de un millón de toneladas de madera al año.
Más allá de los números, estas iniciativas están creando trabajo, promoviendo inversiones locales y revitalizando cadenas de valor en territorios históricamente postergados.
Un impacto regional con potencial de escala
Solo entre Misiones y Corrientes, la energía generada por biomasa alcanza los 206 MW, suficientes para cubrir aproximadamente el 22% del consumo eléctrico anual de ambas provincias combinadas. En términos prácticos, eso equivale al consumo total de ciudades como Posadas y Corrientes capital.
Este es un aporte clave en un país con restricciones energéticas estructurales. Y, lo más importante, es un modelo que puede seguir creciendo si se dan las condiciones adecuadas, como el acceso a financiamiento, incentivos a la inversión y marcos regulatorios que acompañen.
Energía circular: un nuevo paradigma productivo
La biomasa forestal es mucho más que una alternativa energética. Es un cambio de paradigma. Transforma residuos en recursos, pasivos ambientales en activos productivos, y regiones marginadas en polos de innovación.
No se trata solo de ver el árbol. Ni siquiera el bosque. Se trata de entender que, en lo que antes se descartaba, puede estar la energía del futuro. Una energía que es limpia y que ya no espera: está encendida, funcionando, generando empleo y autonomía energética. Y con las condiciones adecuadas, esta llama puede crecer hasta iluminar mucho más que un aserradero: puede ser la chispa —positiva— de una transición energética arraigada en nuestros territorios.


