jueves, abril 23, 2026
 

Desde las aguas del Caribe, Colombia inicia la transición energética del transporte naval con su primer combustible marino con biodiésel

La petrolera estatal Ecopetrol comenzó a despachar un nuevo diésel marino con componente renovable desde su refinería en Cartagena, abasteciendo por completo el mercado nacional y marcando un hito regional en sostenibilidad.

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En el Caribe colombiano, el viento no solo mueve embarcaciones. Desde hace unos días, también transporta una señal clara de transformación. En los muelles donde atracan barcos pesqueros, buques de carga y ferris fluviales, una nueva sustancia comienza a circular: un combustible que, sin alterar la rutina operativa de la navegación, inaugura un giro profundo en la forma de producir y consumir energía. Esta vez, el cambio no viene en forma de discurso, sino en forma de mezcla: una proporción exacta de biodiésel que se incorpora por primera vez al diésel marino que mueve la economía del país.

Es desde la Refinería de Cartagena, uno de los complejos industriales más importantes de América Latina, donde Ecopetrol —la petrolera estatal de Colombia— empezó a despachar un nuevo tipo de combustible marino con un 2% de biodiésel. Con este paso, todo el abastecimiento nacional destinado al transporte naval comenzará a incluir un componente renovable, cubriendo tanto las costas del Caribe como las del Pacífico. La medida convierte a Colombia en un nuevo referente regional en materia de transición energética en el sector marítimo.

De los foros climáticos a los motores navales

En el mundo, el transporte marítimo representa cerca del 3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Aunque históricamente ha quedado fuera de muchas regulaciones nacionales, la presión internacional viene en aumento. La Organización Marítima Internacional (IMO, por sus siglas en inglés) ha fijado metas concretas: reducir al menos un 40% las emisiones del sector para 2030 y alcanzar la neutralidad climática hacia 2050.

Frente a este panorama, los biocombustibles aparecen como una de las herramientas más inmediatas para iniciar el cambio sin alterar la infraestructura ni la tecnología existente. Una mezcla B2 —es decir, con un 2% de biodiésel— puede parecer mínima, pero implica un giro estructural: reemplaza una parte del origen fósil por una fuente vegetal, renovable y nacional. Y sobre todo, convierte a una empresa pública en el actor que pone la transición energética en movimiento, literalmente.

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Un cambio medible: 27 mil toneladas menos de CO₂e fósil al año

La incorporación de biodiésel al combustible marino permitirá, según estimaciones de la propia empresa, reducir aproximadamente 27 mil toneladas anuales de dióxido de carbono equivalente (CO₂e) de origen fósil. Traducido a términos ecológicos, esto significa evitar la deforestación de unas 153 hectáreas de bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más frágiles y biodiversos del norte colombiano.

La mezcla está formulada para garantizar el rendimiento óptimo de motores marítimos y fluviales, gracias a un aditivo que estabiliza el producto y asegura su compatibilidad técnica. En total, se despachan 10.500 barriles diarios desde Cartagena a distribuidores mayoristas, cubriendo la totalidad del consumo nacional e incluso parte del abastecimiento a embarcaciones en tránsito internacional.

Quién es Ecopetrol y por qué este paso importa

Ecopetrol S.A. es la empresa energética más importante de Colombia. Organizada como una sociedad anónima de economía mixta, el 88,5% de sus acciones pertenece al Estado colombiano a través del Ministerio de Minas y Energía. Fundada en 1951, ha sido históricamente responsable de la exploración, producción, refinación y distribución de hidrocarburos en el país. Pero desde hace más de una década, su estrategia comenzó a reorientarse hacia la sostenibilidad.

Hoy, su lema institucional —“Energía que Transforma”— no es retórico: la compañía lidera múltiples iniciativas para reducir su huella de carbono, integrar la bioeconomía a su modelo de negocio e impulsar soluciones basadas en la naturaleza. Su visión está articulada en torno a cuatro ejes: crecer con la transición energética, generar valor con sostenibilidad, incorporar conocimiento de vanguardia y ofrecer retornos competitivos.

Opera dos refinerías (Barrancabermeja y Cartagena), es propietaria de la mayoría de los oleoductos y poliductos del país y, a través de su filial Cenit, administra tres puertos estratégicos para la exportación e importación de combustibles: Coveñas, Cartagena y Tumaco.

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Bioeconomía, reforestación y reservas naturales

La acción de Ecopetrol no se limita al cambio de formulaciones. La empresa ha fijado una meta de reforestación ambiciosa: sembrar 12 millones de árboles antes de 2030. En alianza con organizaciones comunitarias, ambientales y científicas, ya ha restaurado miles de hectáreas degradadas y ha creado reservas ecológicas en zonas estratégicas del país. Una de sus alianzas más destacadas es con el Instituto Humboldt, con quien desarrolla la restauración integral de la reserva La Fortuna, combinando protección de fuentes hídricas, conservación de especies nativas y prácticas sostenibles para las comunidades locales.

Además, promueve una cultura de biodiversidad a través de campañas internas, formación ambiental para empleados y apoyo a actividades comunitarias asociadas a la bioeconomía, como el ecoturismo, el avistamiento de aves y el mantenimiento de caminos rurales.

Volver a encender el motor del futuro

Una ruta energética que se extiende por aire, mar y tierra

El lanzamiento de este nuevo combustible marino se suma a otras acciones concretas del Estado colombiano. En enero de 2025, la Aeronáutica Civil presentó la hoja de ruta nacional para los combustibles sostenibles de aviación (SAF), con una meta de producción de 378 millones de litros para 2035 y una proyección de 1.700 millones para 2050. Esto convirtió a Colombia en el tercer país de América Latina —junto a Chile y Brasil— en formalizar su compromiso con la transición energética en el sector aéreo.

Ahora, con esta acción en el ámbito marítimo, el país demuestra que la transformación no es una promesa lejana, sino una política en marcha. Y al frente, como actor público, una empresa estatal con visión de futuro comienza a reescribir las reglas del juego energético desde el mismo lugar donde todo comenzó: el mar.

 
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