Los organizadores esperaban unos 500 proyectos. Llegaron 1.111.
Ese número —que superó todas las previsiones del Concurso de Agrobioemprendimientos de Impacto LATAM 2025— no es un dato administrativo. Es la señal más contundente de que en América Latina y el Caribe existe un ecosistema de emprendimientos basados en recursos biológicos que ya no necesita ser construido desde arriba: está ahí, tiene escala y reclama visibilidad.
El concurso fue impulsado por dos instituciones de referencia en cooperación agrícola regional. El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) es el organismo especializado del sistema interamericano que apoya el desarrollo agrícola y el bienestar rural en 34 países miembros. FONTAGRO —el Fondo Regional de Tecnología Agropecuaria— es una plataforma de financiamiento y cooperación técnica que reúne a 15 países miembros del Banco Interamericano de Desarrollo y promueve la innovación agropecuaria en la región. Ambos organismos co-lideraron la iniciativa junto a la Red Latinoamericana de Bioeconomía y una serie de aliados estratégicos regionales.
La convocatoria buscaba identificar, visibilizar y fortalecer emprendimientos que desarrollaran soluciones en bioinsumos sostenibles, biomateriales, bioenergía, bioservicios y nuevos bioproductos para alimentos, cosmética, salud y bienestar. En términos concretos: iniciativas que aprovechan lo que la biología ofrece —microorganismos, residuos orgánicos, biodiversidad, procesos naturales— para generar valor económico de manera ambientalmente responsable. Eso es, en esencia, lo que el concepto de bioeconomía nombra cuando se aplica a procesos productivos reales.
Un mapa de la innovación biológica en la región
Las 1.111 postulaciones llegaron desde 20 países. Colombia, Ecuador, Argentina, Perú, Costa Rica y México concentraron la mayor participación. El perfil tecnológico del conjunto fue heterogéneo: 244 proyectos se encontraban en fases tempranas de desarrollo, 453 en etapas intermedias y 413 en fases avanzadas, lo que indica que el concurso no capturó solo ideas en borrador sino también iniciativas con recorrido real y potencial de escala inmediata.
Las categorías temáticas del concurso reflejaron el abanico de aplicaciones que tiene la producción basada en recursos biológicos. La categoría de bioinsumos y tecnologías agroalimentarias sostenibles fue la más numerosa, con 385 proyectos. Le siguieron biomateriales y bioenergía con 299, nuevos bioproductos con 272, y bioservicios y soluciones basadas en la naturaleza con 155.
El proceso de selección fue progresivo y riguroso. De las más de mil postulaciones iniciales, 108 iniciativas avanzaron a una etapa de evaluación profunda. De ese grupo se seleccionaron las 30 más destacadas —el llamado Top 30 LATAM 2025—, que ingresarán a un programa de incubación y aceleración orientado a desarrollar capacidades concretas para el escalamiento. Los primeros 100 proyectos del proceso formarán parte además de un catálogo regional que será puesto a disposición de actores institucionales, inversores y organismos de todo el continente.
El comité evaluador contó con la participación de socios técnicos de instituciones de varios países: CIEIA3 de España, el Ministerio del Ambiente del Perú, Corporación Biotec de Colombia, SILAB ESPOL de Ecuador, Biomatec, Activa Catie, MICITT y Promotora de Innovación de Costa Rica, y la Aceleradora Litoral de Argentina, entre otros.
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Los seis que lideraron el ranking regional
De los 30 finalistas, el comité evaluador seleccionó a los seis emprendimientos con mayor puntuación regional. El resultado es un mapa de diversidad tecnológica y geográfica que recorre cinco países y cubre un espectro amplio de aplicaciones.
SOS Biotech, de República Dominicana, trabaja en el campo de la biotecnología agrícola. BSF Logistics, de Perú, desarrolla soluciones vinculadas a la economía circular. Carbonlytics Agro, de Colombia, se especializa en captura de carbono aplicada al sector agropecuario. 3R Biotec, de México, opera en el área de bioinsumos sostenibles. Prix Biotech, de Argentina, desarrolla aplicaciones de biotecnología con foco en el sector productivo. Y Vita Copaiba, también de Colombia, trabaja en el aprovechamiento responsable de la biodiversidad —en este caso, en torno a la copaiba, un árbol amazónico con propiedades medicinales y cosméticas de larga tradición en comunidades locales.
Los seis casos comparten una lógica común: toman lo que los ecosistemas y los procesos biológicos producen y lo convierten en soluciones con valor económico, sin agotar la fuente. Esa lógica es la que define a los procesos productivos que la bioeconomía nombra y que estos emprendimientos encarnan de manera concreta.
Lo que el número revela
Muhammad Ibrahim, Director General del IICA, subrayó en el acto de premiación —realizado de forma virtual— la centralidad que tiene para el organismo la promoción de lo que llamó «agrobioemprendedores»: «Trabajamos para construir un mundo de innovación en las zonas rurales que permita integrar cada vez más jóvenes y mujeres en el uso sostenible de la biodiversidad. Estamos mostrando que la bioeconomía no es solo un concepto teórico, sino que produce productos concretos que benefician a las personas.»
Ibrahim también anticipó que el IICA está elaborando su Plan de Mediano Plazo para el período 2026-2030, en el que la ciencia, la tecnología y la innovación orientadas a este tipo de procesos productivos tendrán un peso creciente.
Jorge Ganoza Roncal, presidente del Consejo Directivo de FONTAGRO y presidente ejecutivo del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) del Perú, interpretó el volumen de postulaciones como evidencia directa de algo que muchas veces se afirma pero pocas veces se demuestra con datos: «La respuesta extraordinaria de los emprendedores demuestra la gran creatividad y talento que existe entre los innovadores agrícolas. La bioeconomía es una oportunidad concreta para generar desarrollo económico, impacto ambiental positivo y oportunidades para los agricultores.»
Hugo Chavarría, gerente del programa de Innovación y Bioeconomía del IICA, explicó que el concurso fue diseñado como mecanismo de identificación y visibilización, pero también como primer eslabón de un proceso de acompañamiento. El programa de incubación y aceleración que aguarda a los 30 finalistas apunta precisamente a convertir el reconocimiento en capacidad real de crecimiento.
Eugenia Saini, Secretaria Ejecutiva de FONTAGRO, cerró con una lectura que excede lo individual: «Detrás de las ideas hay talentos que para nuestra región significan nuevas oportunidades de innovar en los territorios, agregar valor, desarrollar negocios y generar beneficios para las personas. Estos emprendimientos nos fortalecen como región y potencian nuestras ventajas comparativas.»


