jueves, junio 18, 2026
 

El cultivo que cuida el suelo y deja renta: la receta del agro argentino que seduce a una petrolera europea

La mayor petrolera de Europa Central acaba de poner en marcha una biorrefinería y quiere replicar el modelo de rotación de cultivos argentino con brásicas para abastecerla. Sumó el respaldo agronómico de la Universidad de Ciencias de la Vida de Poznań.

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El campo argentino le encontró el nombre justo: cultivo de servicio con renta. La idea, que en los últimos años ganó terreno con fuerza, resuelve una vieja disyuntiva del productor. Durante el invierno, buena parte de los lotes queda en barbecho, descansando, con el suelo desnudo a la espera del cultivo de verano. Plantas como la camelina, la carinata y la colza llegaron para ocupar esa ventana ociosa: protegen el suelo de la erosión, mejoran su estructura con raíces que descompactan, suprimen malezas y entregan el lote en mejores condiciones para la soja o el maíz que vienen detrás. Hasta ahí, es un cultivo de servicio clásico. La novedad es que, además, dejan un grano cargado de aceite que se cosecha y se vende. Cuidan el suelo y, encima, dejan renta. De ahí el nombre.

Esa doble función —agronómica y económica al mismo tiempo— es exactamente lo que acaba de poner en la mira una de las mayores petroleras de Europa. ORLEN, el gigante polaco de refinación y energía, de mayoría estatal y el mayor grupo del sector en Europa central, inició una colaboración con la Universidad de Ciencias de la Vida de Poznań, una de las casas de estudios agronómicos de mayor trayectoria del país, para desarrollar las condiciones óptimas de cultivo de la camelina (Camelina sativa) con un objetivo preciso: producir biocombustibles.

Una refinería nueva que sale a buscar el campo

El movimiento de ORLEN nace de una necesidad muy física. La compañía puso en marcha a fines de mayo una instalación de HVO en Płock, su principal complejo industrial. El HVO —siglas en inglés de aceite vegetal hidrotratado— es un diésel renovable que se obtiene tratando aceites vegetales con hidrógeno, un proceso emparentado con el que permite fabricar combustible sostenible de aviación. Es, en esencia, la misma familia tecnológica que en otras latitudes ya empieza a mover camiones y aviones con materia prima agrícola.

El problema de toda planta de este tipo es siempre el mismo: necesita aceite, mucho aceite y de origen confiable. Esa es la pregunta que ORLEN decidió responder por su cuenta, en lugar de salir a comprar el insumo en el mercado internacional. ¿Y si la materia prima se cultivara en casa, con agricultores polacos y en suelo polaco? El proyecto con la universidad apunta exactamente a eso: evaluar si la camelina puede abastecer la producción de combustibles para transporte y aviación apoyada en las tecnologías propias de la empresa.

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El problema de toda planta de este tipo es siempre el mismo: necesita aceite, mucho aceite y de origen confiable. Por ahora Płock se abastece con lo que el mercado europeo tiene más a mano —aceite de colza y aceites de cocina usados—, insumos válidos pero limitados, sujetos a precios volátiles y a una competencia creciente por conseguirlos. De ahí la pregunta que ORLEN decidió responder por su cuenta, en lugar de atarse a ese mercado: ¿y si una parte de la materia prima se cultivara en casa, con agricultores polacos y en suelo polaco? El proyecto con la universidad apunta exactamente a eso: evaluar si la camelina puede sumarse al menú de insumos para producir combustibles de transporte y aviación con las tecnologías propias de la empresa.

¿Por qué camelina?

La elección no es caprichosa. La camelina pertenece a la familia de las brásicas, la misma de la colza, la mostaza y el repollo, y se perfila como una alternativa prometedora frente a las oleaginosas tradicionales que hoy alimentan al sector de los biocombustibles. Su gran virtud es la rusticidad. Comparada con la colza —el cultivo oleaginoso por excelencia en buena parte de Europa—, la camelina muestra mayor resistencia a condiciones de suelo y de clima adversas, una cualidad que gana peso en un escenario de sequías cada vez más frecuentes. Su ciclo corto, además, le permite encajar en ventanas de tiempo más acotadas, cuando el campo dispone de pocas semanas entre dos cultivos.

A esa resistencia se suma una ventaja decisiva para el planteo de ORLEN: la camelina también puede prosperar en suelos de clases más pobres, terrenos que no son aptos para la mayoría de los cultivos agrícolas. Eso permite poner en producción tierras marginales y degradadas que de otro modo quedarían sin uso, e incorporarla como cultivo intermedio dentro de la rotación, sembrada en el período en que el lote no está ocupado por el cultivo principal. La misma lógica que en la Argentina se conoce como cultivo de servicio con renta: aprovechar el barbecho para producir donde antes no se producía nada, sin desplazar a los cultivos de verano.

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Es justamente sobre ese principio que se monta el programa de ORLEN denominado «Cultivos intermedios para biocombustibles» (Międzyplony dla Biopaliw), el paraguas bajo el cual se enmarca la alianza con Poznań. La iniciativa integra a agricultores, industria y socios tecnológicos con un objetivo de fondo: impulsar el desarrollo de materias primas nacionales, en particular para los biocombustibles de segunda generación —aquellos que no parten de los cultivos alimentarios de primera línea, sino de residuos, oleaginosas no convencionales y plantas que aprovechan tierras o momentos marginales del ciclo productivo.

Materia prima propia, seguridad energética

Detrás del interés agronómico hay un cálculo estratégico que ORLEN no disimula. Para la petrolera, desarrollar una base de materia prima doméstica es una forma de blindar su negocio de combustibles renovables frente a la dependencia de insumos importados, en un contexto donde la transformación energética y la reducción de emisiones en el transporte se han vuelto una obligación regulatoria.

«El desarrollo del sector de los biocombustibles avanzados es una dirección natural para ORLEN, que permite unir las competencias de la industria de los combustibles con el potencial de la agricultura polaca», planteó Grzegorz Jóźwiak, director ejecutivo de Biocombustibles e Hidrógeno de la compañía. Para el directivo, la cooperación con la universidad y con los agricultores constituye un elemento clave en la construcción de una base nacional de materias primas para combustibles alternativos y en el fortalecimiento de la seguridad energética de Polonia. Es la lógica de un país que prefiere cultivar su energía antes que importarla.

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El aporte que solo da la universidad

La pieza que ORLEN no tiene y que la Universidad de Ciencias de la Vida de Poznań aporta es el conocimiento agronómico acumulado. El proyecto se concentra en afinar las condiciones de cultivo de una materia prima avanzada y disponible localmente, y para eso hace falta saber qué tierras pobres pueden sostener la camelina, con qué manejo y con qué rendimiento. Sin esa base, la promesa de aprovechar suelos degradados sería apenas una intención.

«La cooperación con ORLEN muestra el papel relevante que pueden desempeñar hoy las universidades de ciencias de la vida en la creación de soluciones innovadoras para la economía y la seguridad energética del país», señaló la profesora Zuzanna Sawinska, de la Cátedra de Agronomía de la institución. La investigadora subrayó que el respaldo científico y la experiencia de años en agronomía, en cultivo de plantas oleaginosas y en evaluación del potencial de los suelos marginales permiten conducir estudios con un significado real para el desarrollo económico de Polonia. Esa última especialidad —medir qué pueden dar las tierras marginales— es precisamente el corazón técnico del proyecto.

Durante un siglo, el campo le pidió insumos a la industria petrolera: combustible para los tractores, fertilizantes nacidos del gas, agroquímicos derivados del petróleo. Pero entramos en la era de la producción biológica y la ecuación se dio vuelta. Ahora son las petroleras las que le piden al campo. No más hectáreas, sino las que sobran: el invierno ocioso de un lote, un suelo demasiado pobre para otra cosa. La misma fórmula que el productor argentino resolvió con la camelina y la carinata, ORLEN la está pensando para los agricultores polacos, por que ahora, tiene una refinería que llenar.

 
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