martes, septiembre 22, 2026
 

India: cuota obligatoria y USD 2.800 millones para impulsar la industria de biogás

El país aprobó su mayor programa de bioenergía circular tras años de resultados magros. La Agencia Internacional de la Energía estima que el potencial sostenible de biogás y biometano equivale a una cuarta parte de la demanda mundial de gas natural, pero apenas el 5 % está siendo aprovechado.

Compartir

 
 

Hay una enorme fuente de gas que el mundo produce todos los días sin necesidad de perforar un solo pozo. Sale de los establecimientos ganaderos, de los residuos agrícolas, de las plantas de tratamiento de efluentes, de las industrias alimentarias y de las millones de toneladas de basura orgánica que generan las ciudades.

Buena parte todavía termina en la atmósfera.

Cuando esos materiales se degradan en ausencia de oxígeno producen biogás, una mezcla que contiene entre 45% y 75% de metano y que puede utilizarse para generar electricidad y calor. Si se eliminan el dióxido de carbono, la humedad y otras impurezas, queda biometano, un combustible con características prácticamente equivalentes a las del gas natural.

Según la Agencia Internacional de la Energía (IEA), el potencial sostenible mundial de producción de biogás y biometano se acerca actualmente al equivalente energético de 1 billón de metros cúbicos de gas natural por año. Es una cantidad enorme, comparable con aproximadamente una cuarta parte de la demanda mundial de gas.

Sin embargo, apenas el 5 % de ese potencial está siendo aprovechado.

La energía que queda bajo la basura: Córdoba prepara una nueva planta de biogás

Un recurso que todavía está casi intacto

Europa lleva varias décadas de ventaja en el desarrollo de esta industria y actualmente concentra más del 60% de la producción mundial de biogás. El continente cuenta con más de 21.000 plantas de digestión anaeróbica y solamente Alemania supera las 10.000 instalaciones.

La IEA estima que cerca del 80% del potencial sostenible mundial se encuentra en economías emergentes y en desarrollo, donde enormes volúmenes de residuos agrícolas, ganaderos, urbanos y agroindustriales todavía tienen poco o ningún aprovechamiento energético.

India es, quizás, el mejor ejemplo de ese potencial. El país importa cerca del 85 % de su petróleo crudo y cuenta con más de 300 millones de cabezas de ganado, una producción agrícola que genera volúmenes descomunales de rastrojo y una crisis ambiental recurrente por la quema de paja de arroz en estados como Punjab y Haryana. Los recursos orgánicos que hoy se pierden podrían convertirse en suficiente biogás y biometano como para superar todo el gas natural que consume actualmente el país. Pero una montaña de residuos no es una reserva de gas lista para entrar en producción. A diferencia de un yacimiento concentrado bajo tierra, la materia orgánica está repartida entre campos, establecimientos ganaderos, industrias y ciudades. Antes de transformarla en combustible hay que reunirla.

Brasil descubre otra mina de energía en sus cañaverales

Del residuo disperso a una industria energética

Una planta necesita recibir materia orgánica de manera constante. Eso supone recolectar estiércol, rastrojos, residuos alimentarios o efluentes; transportarlos; almacenarlos y mantener determinadas condiciones de calidad durante todo el año.

Cuanto mayor es la instalación, más lejos hay que salir a buscar esa materia prima.

Después viene la inversión en biodigestores, sistemas de tratamiento y, cuando el objetivo es producir biometano, equipos capaces de separar el dióxido de carbono y otras impurezas. Finalmente, hay que encontrar cómo transportar y comercializar el combustible, ya sea mediante redes de gas, estaciones de carga o sistemas específicos de distribución.

En 2018, el país lanzó el programa SATAT con el objetivo de impulsar 5.000 plantas de biogás comprimido. Ocho años después, cerca de 1.900 proyectos estaban registrados en el portal gubernamental GOBARdhan, pero poco más de 200 habían entrado efectivamente en operación.

India decidió entonces redoblar la apuesta.

En 2026 aprobó un programa nacional de alrededor de USD 2.500 millones que se extenderá hasta el ejercicio 2035-36. El nuevo esquema busca atacar precisamente varios de los obstáculos que habían frenado la expansión, incorporando mecanismos de compra asegurada, mayor previsibilidad de precios, apoyo a la inversión, financiamiento para maquinaria destinada a recolectar biomasa y recursos para conectar las plantas con la red de gas.

El país estableció además, una obligación progresiva de incorporación de biogás comprimido que comenzó con el 1% y deberá alcanzar el 5%, generando un mercado previsible para las nuevas plantas.

Un tambo californiano convierte el estiércol de sus vacas en el combustible más limpio jamás certificado

Más que reemplazar gas natural

La materia prima ya existe y, en muchos casos, representa un problema ambiental antes de convertirse en un recurso energético. El estiércol, los residuos alimentarios, los efluentes y los rellenos sanitarios liberan metano durante su descomposición. Capturarlo permite evitar esas emisiones y utilizar ese mismo carbono para producir energía.

El proceso deja además un material rico en nutrientes que puede regresar al suelo como fertilizante, incorporando otro producto a la ecuación económica de las plantas. Combustible, tratamiento de residuos, reducción de emisiones y recuperación de nutrientes terminan así reunidos dentro de un mismo proceso.

El biogás y el biometano tienen una ventaja que pocas renovables comparten. Es un combustible gestionable, que puede producirse, almacenarse y despacharse cuando la demanda lo requiere. Esa característica lo hace especialmente útil como complemento de fuentes variables como la eólica y la solar y como sustituto del gas natural importado en países con alta dependencia externa.

El día que Dinamarca funcionó solo con biogás: un hito que anticipa el futuro del gas renovable

Una industria que empieza a acelerar

La logística de abastecimiento, el costo de las plantas, el acceso al financiamiento y la infraestructura necesaria para transportar el biometano son hoy aso principales obstáculos que limitan nuevos proyectos. Sin embargo, el mercado se mueve.

La IEA proyecta que la producción mundial conjunta de biogás y biometano crecerá alrededor de 23% entre 2025 y 2030. Cuando se consideran solamente las instalaciones medianas y grandes, el aumento esperado se acerca al 80%. China, Brasil e India aparecen entre los países con mayores posibilidades de incorporar nueva producción durante la próxima década. Hacia 2035, las economías emergentes desplazarían a Europa y América del Norte como centro de gravedad del sector, con China explicando el 40 % del aumento global y la demanda triplicándose tanto en India como en Brasil.

 
BioEconomía.info
BioEconomía.infohttps://www.bioeconomia.info
El portal líder en noticias de bioeconomía en español.
 
 

Lo último

 

Imperdible

Más noticias

BioEconomia.info_logo
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes revisar nuestra política de privacidad en la página 'Política de Privacidad'.