Cada septiembre, las ballenas francas australes regresan a las aguas protegidas del Golfo Nuevo para cumplir una parte esencial de su ciclo de vida. Durante semanas, madres y crías se mueven muy cerca de la costa y Puerto Madryn vuelve a mirar hacia el mar, mientras miles de visitantes llegan atraídos por uno de los grandes espectáculos naturales de la Patagonia. Desde hace catorce ediciones, esa temporada también tiene su cita sobre dos ruedas.
Vuelta Ballenas convoca todos los años a más de mil ciclistas en una carrera de mountain bike que recorre los senderos de la estepa patagónica, con distancias, de 65 y 35 kilómetros y el Golfo Nuevo acompañando buena parte del camino. Hay premios en efectivo y puntos UCI en juego. Mientras las bicicletas avanzan junto a la costa, las ballenas nadan a pocos kilómetros de allí.
Como cualquier evento deportivo masivo, la competencia genera residuos que se concentran en pocas horas y en un territorio acotado. Los puestos de hidratación, el paso de cientos de corredores y la presencia de público dejan botellas, envases y tapas que, sin una gestión específica, terminan mezclados con la basura común. Las tapas son un caso particular dentro de ese flujo. Suelen fabricarse con polipropileno o polietileno de alta densidad, resinas distintas del PET de las botellas, y por su tamaño reducido muchas veces se pierden en los procesos de separación. Se trata, sin embargo, de termoplásticos que admiten reciclado mecánico, un procedimiento en el que el material se clasifica, se tritura, se lava y se funde para volver a moldearse en piezas nuevas.
Sobre esa posibilidad técnica se apoyó la iniciativa que acompañó a la 14.ª edición de la carrera, disputada el domingo 20 de septiembre con más de 1.000 competidores. Por segundo año consecutivo, las medallas que recibieron los ciclistas al completar el recorrido fueron elaboradas con plástico recuperado, esta vez a partir de 6.000 kilos de tapas.
Vuelta Ballenas amplió el volumen de plástico recuperado
La experiencia había comenzado en 2025 gracias a una alianza entre Coca-Cola Andina Argentina y la organización, se transformaron 3.500 kilos de tapas plásticas recicladas en las medallas oficiales entregadas a cada corredor. Fabricadas por Ecolif, el volumen alcanzó para galardonar a los más de 1.200 ciclistas. La acción incluyó además un componente de recolección en el propio circuito, instalando eco-puntos a lo largo del recorrido para recolectar botellas PET descartadas durante la competencia, promoviendo la separación en origen.
En 2026 la cantidad de material procesado creció un 71 %, y la organización incorporó un nuevo diseño y mejoras en la calidad de las piezas. Para Pablo Neme, organizador de la competencia, el objetivo excede el reconocimiento deportivo. “Para Vuelta Ballenas, la sustentabilidad y la educación a través del mountain bike son desafíos que asumimos año tras año. Esta iniciativa nos permite que cada corredor se lleve, además de una medalla, un mensaje concreto sobre la importancia de recuperar y reutilizar los materiales”, señaló.
Neme destacó también la continuidad del trabajo conjunto con la embotelladora. “Este año redoblamos la apuesta junto a Coca-Cola Andina, aumentando significativamente la cantidad de plástico recuperado y sumando innovaciones en las medallas. Queremos que Vuelta Ballenas siga creciendo no solamente como competencia deportiva, sino también como un espacio para generar conciencia y compromiso con nuestro entorno”, agregó.
Las medallas de Vuelta Ballenas, un objeto con historia material
La medalla finisher forma parte del kit que la organización entrega a cada inscripto junto con el seguro, el cronometraje con chip y la hidratación durante la carrera, por lo que su fabricación con material recuperado alcanza a la totalidad de quienes completan el recorrido, sin distinción de distancia ni categoría. Cada pieza que colgó del cuello de un corredor el domingo tuvo antes una vida como tapa de un envase, y ese recorrido del material, desde el descarte hasta el objeto que se guarda como recuerdo, es el que la organización busca volver visible para los participantes.
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Coca-Cola Andina y su presencia en la Patagonia
La iniciativa contó nuevamente con el acompañamiento de Coca-Cola Andina Argentina, una de las embotelladoras que integran el Sistema Coca-Cola en el país. La compañía forma parte de Embotelladora Andina, un grupo con sede en Santiago de Chile cuya operación argentina cubre las provincias de Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, Entre Ríos, el oeste de Buenos Aires y la mayor parte de Santa Fe, además de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Puerto Madryn, en ese mapa, es parte de su área de distribución directa.
Enrique Pérez Estévez, gerente de Asuntos Públicos, Comunicación y Sustentabilidad de Coca-Cola Andina Argentina, vinculó la participación de la empresa con el territorio en el que se desarrolla la carrera. “Para Coca-Cola Andina, volver a acompañar Vuelta Ballenas fue una oportunidad para seguir construyendo junto a la comunidad en un territorio tan valioso como Puerto Madryn. Queremos demostrar que, cuando trabajamos juntos, podemos transformar los desafíos ambientales en acciones concretas y que la economía circular puede formar parte de experiencias tan significativas como una competencia deportiva”, afirmó.
La próxima edición ya tiene fecha
La organización confirmó que la 15.ª edición de Vuelta Ballenas se disputará el 19 de septiembre de 2027, nuevamente en Puerto Madryn y en plena temporada de avistaje de ballenas. La información sobre inscripciones, reglamento y recorridos se publicará en el sitio oficial de la competencia, www.vueltaballenas.com.ar, donde también se comunicarán los detalles de las acciones ambientales que acompañarán a la próxima edición.


