Mientras el mundo observa con atención la transición energética y la evolución de los grandes mercados de materias primas, Brasil encuentra en su agroindustria una fuente inagotable de dinamismo económico. Un reciente estudio elaborado por el Centro de Estudios Avançados em Economia Aplicada (Cepea) de la Universidad de São Paulo, en colaboración con la Asociación Brasileña de las Industrias de Aceites Vegetales (Abiove), anticipa que la cadena productiva de la soja y el biodiesel crecerá un 10,95% en 2025 y representará el 6,4% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, consolidándose como una de las principales locomotoras del país.
Del campo a la refinería: un impulso con valor agregado
El informe destaca que esta proyección optimista se basa principalmente en la estimación de una cosecha récord de soja, que alcanzaría los 169,7 millones de toneladas, según la propia Abiove. Este volumen histórico permitirá no solo aumentar las exportaciones, sino también fortalecer el procesamiento interno, una dimensión estratégica que multiplica el valor económico de la oleaginosa.
El procesamiento industrial de soja, al convertir el grano en aceite y harina y el aceite en biodiesel, eleva exponencialmente su impacto en la economía nacional. Según el estudio, cada tonelada de soja procesada en el país genera un Producto Interno Bruto de R$ 9.430 (U$S 1700), cifra que cuadruplica el valor generado por la exportación directa del grano, estimado en R$ 2.160 (U$S 390). Este diferencial refuerza el rol estratégico de la agroindustria como multiplicador de riqueza.
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Otro factor clave para este crecimiento es el aumento de la mezcla obligatoria de biodiesel en el gasoil, que pasará del 14% al 15% a partir de agosto. Esta política, impulsada por el gobierno brasileño para reducir la dependencia de combustibles fósiles, asegura una demanda interna robusta para el aceite de soja, principal insumo del biodiesel local.
La combinación entre exportaciones crecientes y demanda doméstica sostenida ha llevado a los analistas del Cepea a proyectar un año de récord también en el procesamiento de soja. Este fenómeno, además de potenciar la actividad industrial, mejora las condiciones para agregar valor local y generar empleo.
Segmentos en crecimiento: del insumo al servicio
La expansión del complejo soja-biodiesel no se limita a un solo eslabón. Según los datos presentados, todos los segmentos de la cadena mostrarán crecimiento durante el año, con un rol destacado para la producción primaria, que aumentará un 24,11%. También se anticipan avances del 3,17% en el sector de insumos, del 3,21% en la agroindustria, y del 8,24% en los agroservicios.
Este dinamismo generalizado, a pesar de una caída en los precios internacionales de la soja respecto al cierre de 2024, se explica por el volumen récord de producción y por una mejora en los precios promedio del primer trimestre frente al mismo período del año anterior. En conjunto, se espera que la renta de toda la cadena aumente un 18,24% en un año, marcando el primer repunte tras tres ejercicios consecutivos de retracción.
Trabajo, industria y territorio
El vigor del sector también se refleja en el mercado laboral. La cadena de soja y biodiesel empleó en el primer trimestre de 2025 a un total de 2,44 millones de personas, lo que representa un incremento interanual del 7,46%. El mayor crecimiento en puestos de trabajo se dio en los agroservicios, con 142.548 nuevas ocupaciones, seguido por la producción primaria, que sumó 23.031 empleos, y los insumos, con 5.971 nuevas posiciones.
La única excepción fue la agroindustria, que registró una leve caída de 2.211 puestos de trabajo debido a una reducción puntual en los subsegmentos de trituración y refinamiento. Aun así, el sector industrial continúa siendo uno de los mayores generadores de valor dentro del complejo agroenergético.
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Exportaciones en alza, precios en baja
En el plano internacional, el primer trimestre de 2025 mostró una leve expansión del 1,15% en los volúmenes exportados de soja y biodiesel, alcanzando un total de 27,91 millones de toneladas. Sin embargo, el valor total exportado cayó un 11,46% respecto al mismo período del año anterior, totalizando US$ 11.000 millones, debido a una baja en los precios internacionales causada por la expectativa de una cosecha global abundante.
China se mantiene como el principal destino para la soja en grano, con un aumento del 6,7% en los envíos durante el primer trimestre. En cuanto a la harina, los mercados europeos y del sudeste asiático impulsaron el crecimiento de las exportaciones, mientras que el aceite de soja encontró su mayor demanda en la India, que absorbió el 67,74% de todo lo exportado por Brasil.
Una cadena estratégica para la bioeconomía global
La consolidación de la cadena soja-biodiesel como motor del crecimiento económico brasileño no es un fenómeno aislado, sino parte de una estrategia más amplia vinculada a la bioeconomía. Este modelo busca articular la producción agrícola con la industria y la energía, promoviendo el desarrollo sostenible, la sustitución de fósiles y la generación de empleo de calidad en el interior del país.
Con perspectivas firmes de expansión y políticas públicas que incentivan la industrialización, el complejo agroenergético brasileño no solo fortalece su posición global como proveedor de alimentos y biocombustibles, sino que también se convierte en un caso emblemático de cómo la bioeconomía puede ser un pilar central del desarrollo del siglo XXI.


