jueves, abril 30, 2026
 

En 2025, casi 7 millones de pasajeros de Lufthansa eligieron pagar un plus para volar con biocombustible

La aerolínea alemana amplía su portafolio “verde” ante la demanda creciente de turistas y empresas que quieren compensar emisiones y apostar por SAF.

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Subirse a un avión siempre fue sinónimo de velocidad y distancia acortada, pero también de emisiones difíciles de evitar. Hoy, en ese mismo gesto cotidiano —elegir un vuelo— empieza a colarse una variable nueva: cuánto impacto ambiental está dispuesto a asumir el pasajero.

Ese cambio no ocurre en discursos ni en planes a largo plazo. Empieza en la pantalla de compra. Y, aunque todavía es incipiente, ya muestra una tendencia concreta dentro de una de las industrias más complejas de descarbonizar.

Cuando el pasajero también decide la huella del vuelo

En 2025, casi 7 millones de pasajeros del grupo Lufthansa optaron por alternativas de vuelos más sostenibles. En términos relativos, representan más del 5% del total de viajeros, un salto significativo frente a menos del 0,1% registrado apenas cuatro años atrás.

El dato marca un desplazamiento claro: la sostenibilidad deja de ser un atributo abstracto y empieza a incorporarse como criterio de compra. Las tarifas que incluyen compensaciones de carbono o el uso de combustibles alternativos ya no son marginales, sino una opción elegida por millones.

Las “Green Fares”, lanzadas en 2023, concentran buena parte de esa demanda. Más de cuatro millones de pasajeros ya utilizaron este tipo de tickets, que integran un aporte equivalente a las emisiones estimadas del vuelo. Ese aporte se canaliza hacia la reducción de CO₂ mediante combustibles alternativos y proyectos climáticos certificados.

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El combustible que conecta la aviación con la bioeconomía

En el centro de esta transición aparece el Sustainable Aviation Fuel (SAF), un insumo que traduce procesos propios de la bioeconomía en una aplicación directa dentro de la aviación.

El SAF se produce a partir de materias primas biogénicas y puede integrarse sin modificaciones a los sistemas actuales, mezclándose con el queroseno convencional. Esa compatibilidad técnica explica por qué se posiciona como una de las soluciones más inmediatas disponibles para reducir emisiones en vuelos comerciales.

Su impacto está medido: considerando todo su ciclo de vida, reduce en promedio al menos un 80% las emisiones de CO₂ respecto al combustible fósil. En 2025, el volumen comercializado por Lufthansa se duplicó, reflejando una demanda creciente tanto de pasajeros como de empresas.

De decisiones individuales a impacto en red

El funcionamiento del sistema introduce un matiz clave. El aporte que realiza un pasajero al elegir una tarifa más sostenible no se traduce en una carga específica de SAF en su vuelo, sino en la incorporación de ese combustible dentro de la red operativa del grupo.

Ese esquema permite escalar el uso del SAF sin depender de una logística vuelo por vuelo, que sería difícil de implementar. En la práctica, convierte decisiones individuales en un efecto acumulativo sobre toda la operación.

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El mismo enfoque se replica en el segmento corporativo. Durante 2025, más de 1.680 empresas invirtieron en SAF a través de Lufthansa. A partir de aportes desde 2.000 euros, las compañías acceden a certificaciones de reducción de emisiones bajo estándares internacionales como el Greenhouse Gas Protocol.

En el transporte de carga, la lógica es similar. El servicio “Sustainable Choice” combina el uso de SAF con inversiones en proyectos climáticos certificados, mientras que los acuerdos de compra a gran escala permiten a las empresas asegurar volúmenes significativos de este combustible.

Nuevas tarifas para una demanda que ya existe

La expansión de estas opciones no responde a una expectativa futura, sino a un comportamiento que ya se verifica.

Con ese telón de fondo, Lufthansa incorporará para la temporada de verano 2026 una nueva tarifa, “TO Green”, orientada a operadores turísticos. El diseño toma como base las Green Fares, pero ajustadas a las necesidades de paquetes de viaje y reservas organizadas.

El movimiento apunta a un segmento donde la decisión no siempre pasa por el pasajero individual, sino por intermediarios que empiezan a incorporar la variable ambiental en su oferta.

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Cinco frentes para reducir emisiones

El SAF es una pieza central, pero no la única. Lufthansa estructura su estrategia en cinco líneas de acción: renovación de flota, mejoras en eficiencia operativa, uso de combustibles sostenibles, integración con otros modos de transporte y desarrollo de productos comerciales que permitan canalizar la demanda.

A esto se suma un componente menos visible: la participación sostenida en investigación climática y atmosférica, que el grupo mantiene desde hace más de tres décadas.

Un cambio que ya tiene escala

Los números muestran que la transición no está en una fase experimental. Hay millones de decisiones de compra que ya incorporan la variable ambiental, un mercado corporativo que empieza a invertir en combustibles alternativos y una oferta comercial que se adapta a esa demanda.

El próximo paso es operativo: ampliar la disponibilidad de SAF, sostener su escalabilidad y seguir integrándolo en redes globales de abastecimiento. En ese proceso, el comportamiento del pasajero deja de ser un dato anecdótico y pasa a ser un factor que empuja cambios concretos dentro de la aviación.

 
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