Cada 7 de julio, Argentina celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo. La fecha fue establecida en 1963, durante la presidencia de Arturo Illia, en memoria del científico estadounidense Hugh Hammond Bennett, reconocido por su trabajo pionero en la conservación de este recurso esencial para la producción de alimentos y el equilibrio ambiental.
La conmemoración, que tiene como objetivo generar conciencia sobre la importancia de proteger un recurso vital para la producción de alimentos y el equilibrio ambiental, llega cada año en plena campaña fina, cuando buena parte del campo argentino tiene la atención puesta en el trigo.
En la presiembra, productores y técnicos analizan qué nutrientes están disponibles, cuál es el perfil de humedad y qué necesita cada ambiente para recibir al nuevo cultivo. El análisis de laboratorio permite determinar, a partir de ese diagnóstico, los nutrientes necesarios para acompañar su desarrollo.
Ese manejo cobra especial relevancia ante un desafío de escala global. Según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hacia 2050 será necesario producir cerca de un 50% más de alimentos sin expandir la frontera agropecuaria. En ese escenario, las buenas prácticas agronómicas resultan fundamentales para sostener la capacidad productiva de los suelos y generar más y mejores alimentos tanto para la población actual como para las próximas generaciones.
Nutrir temprano para definir el cultivo
En el caso del trigo, el nitrógeno ocupa un lugar central. La urea granulada aporta este nutriente, necesario para el crecimiento y desarrollo de las plantas. De ese proceso dependerán, al final de la campaña, componentes decisivos del rendimiento y la calidad: la cantidad de espigas por planta, el número de granos por espiga y características como el contenido proteico y la aptitud panadera.
“La producción agrícola conserva el suelo en la medida en que puede garantizar, a través de prácticas sostenibles, la calidad y cantidad de los alimentos que da la tierra, ciclo tras ciclo”, afirma Marcos Sabelli, CEO de Profertil.
La oportunidad de la nutrición también es determinante. Hacia la floración, el trigo ya absorbió alrededor del 80% del nitrógeno que utilizará durante todo su ciclo, por lo que una adecuada disponibilidad temprana condiciona buena parte de su desarrollo posterior.
El efecto, además, no termina con la cosecha. Las plantas mejor nutridas dejan una mayor cantidad de rastrojo sobre el lote una vez retirados los granos. Esa cobertura contribuye a proteger la superficie del suelo y aporta materia orgánica para el ciclo siguiente, enlazando una campaña con la próxima.
“La urea es parte de un círculo virtuoso que año a año ponen en movimiento miles de productores. Desde Profertil, con más de 25 años de investigación y desarrollo junto a instituciones como CREA, la FAUBA y el INTA, acompañamos cada campaña con la misma fuerza del primer día”, agrega Sabelli.
Profertil es la principal empresa argentina dedicada a la producción y comercialización de urea granulada. Conformada por Adecoagro, con una participación del 90%, y la Asociación de Cooperativas Argentinas —ACA—, con el 10% restante, produce desde Ingeniero White, Bahía Blanca, más de 1.320.000 toneladas de urea por año.


