Australia importa más del 80 % del diésel y el jet fuel que consume. Esa cifra, que le cuesta más de 50.000 millones de dólares al año y explica cerca de un tercio de sus emisiones de gases de efecto invernadero, se convirtió en un problema de seguridad nacional cuando la guerra entre Estados Unidos e Irán sacudió las cadenas globales de suministro de combustibles. Las reservas domésticas del país apenas alcanzan para unas pocas semanas de operación: 41 días de nafta, 37 de diésel y 35 de jet fuel, muy lejos de los 90 días que recomienda la Agencia Internacional de Energía.
Esa vulnerabilidad hoy está en el centro de la agenda política. Y en los últimos días, dos movimientos simultáneos, uno desde Canberra y otro desde los cañaverales de Queensland, muestran que Australia empieza a convertir diagnósticos en decisiones.
El gobierno abre el juego: mandatos de SAF y reservas estratégicas
El gobierno laborista del primer ministro Anthony Albanese publicó esta semana dos documentos de consulta pública que delinean los próximos pasos de su estrategia de seguridad de combustibles. El primero aborda la creación de una reserva estratégica de combustibles y el aumento de la obligación mínima de stock que deben mantener las empresas dentro del territorio australiano. El segundo traza lo que el ministro de Cambio Climático y Energía, Chris Bowen, definió como un ‘enfoque de doble vía’. Por un lado, fortalecer el suministro de combustibles convencionales. Pero al mismo tiempo, impulsar la producción local de combustibles de bajo carbono, incluyendo biodiésel y SAF.
Ambos documentos forman parte del Fuel Security and Resilience Package, un paquete presupuestario de 14.800 millones de dólares australianos (unos 10.500 millones de dólares estadounidenses) anunciado en el presupuesto 2026-27, que el gobierno presenta como la inversión más significativa en seguridad energética de la historia del país. «Australia no puede permitirse ser vulnerable a disrupciones en el suministro de combustible más allá de sus costas», declaró Bowen durante la conferencia de prensa.
La ministra de Infraestructura, Transporte, Desarrollo Regional y Gobierno Local, Catherine King, fue un paso más allá y adelantó que el gobierno está evaluando la posibilidad de establecer mandatos obligatorios de SAF para las aerolíneas que operan en el país. King aclaró que ‘no se han tomado decisiones’ todavía, pero señaló que la experiencia internacional muestra impactos acotados en el precio de los pasajes. ‘Son impactos pequeños en el conjunto’, afirmó. ‘Pero la pregunta es: ¿qué pasa si no hacés nada? Ya dependemos enormemente del combustible importado. Qantas y Virgin ya empezaron a explorar el SAF. Nuestras fuerzas armadas lo usan. El hecho de que no lo estemos produciendo acá es una pérdida significativa.’
Lo que muestra la experiencia internacional
Modelizaciones de la organización Transport & Environment concluyeron que las preocupaciones sobre el impacto en los precios de los pasajes y la competitividad ‘están en gran medida sobredimensionadas’. Las tarifas aéreas en la UE aumentarían en promedio un 4 % hacia fines de la década. Análisis similares en el Reino Unido arrojaron resultados comparables.
El propio gobierno australiano ya identificó 16 proyectos a lo largo del país vinculados al desarrollo de biocombustibles con un 80 % menos de emisiones de carbono respecto de los combustibles fósiles convencionales. Y la consulta también pide opiniones sobre cómo sostener la operación de las dos refinerías que le quedan a Australia —la de Ampol en Lytton, Brisbane, y la de Viva Energy en Geelong, Victoria— más allá de 2030.
Project Lion: residuos de caña para producir SAF en Queensland
Mientras Canberra abre el debate regulatorio, en el norte de Queensland un proyecto concreto empieza a tomar forma industrial. MAIRE, el grupo italiano de ingeniería y tecnología, anunció que su subsidiaria Nextchem, a través de MyRechemical, su brazo especializado en tecnologías de conversión de residuos, fue seleccionada por SKY Renewables Burdekin Pty Ltd para proveer la tecnología de gasificación, el paquete de diseño de proceso (PDP) y los servicios de ingeniería de la sección de gas de síntesis del Project Lion, en la región de Burdekin.
SKY Renewables es una empresa australiana de desarrollo de proyectos de energía renovable que trabaja desde 2017 con los productores cañeros de Burdekin, el distrito cañero más grande de Australia. La región concentra el 25 % de la producción nacional de caña de azúcar, con unas 80.000 hectáreas de cultivo operadas en su mayoría por familias productoras.
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La tecnología: de residuo agrícola a gas de síntesis
El corazón tecnológico del proyecto es la NX Circular™ Gasification, la plataforma propietaria de Nextchem para la conversión de residuos y biomasa en gas de síntesis de grado químico. El proceso somete la biomasa a una gasificación a alta temperatura que la transforma en syngas purificado, una mezcla de hidrógeno y monóxido de carbono, que luego puede convertirse en combustibles líquidos mediante tecnologías de síntesis como Fischer-Tropsch, como está previsto en caso de Project Lion.
La materia prima será lo que se denomina tops and trash o residuos agrícolas de cosecha (RAC) de la caña de azúcar: hojas verdes y secas, puntas y residuos que quedan en el campo tras la cosecha y que en la práctica habitual se queman a cielo abierto. Esa quema no solo desperdicia biomasa con potencial energético, sino que libera más de 3 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año solo en Burdekin, según estimaciones de la propia SKY Renewables. Convertir esos residuos en combustible cierra un doble circuito: elimina una fuente de emisiones y genera un producto de alto valor.
A plena capacidad operativa, Project Lion tiene el potencial de producir hasta 125.000 toneladas anuales de SAF.
‘Esta adjudicación confirma la relevancia estratégica de las tecnologías propietarias de Nextchem para el desarrollo de combustibles sostenibles a partir de materias primas renovables y residuales’, declaró Fabio Fritelli, director general de Nextchem. ‘Estamos orgullosos de contribuir a un proyecto de esta naturaleza en Australia, una geografía de creciente importancia en la evolución de la industria.’
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Un modelo que suma al productor
Más allá de la dimensión energética, Project Lion apunta a transformar la economía del cañero. SKY Renewables ha firmado acuerdos con más de 500 productores de la zona, ofreciéndoles un flujo de ingresos adicional y estable por la biomasa residual que hoy no tiene valor comercial. El modelo incluye la posibilidad de participación accionaria de los productores en el proyecto, alineando los intereses de la empresa con los de quienes proveen la materia prima.
Cada una de las tres fases previstas del proyecto en Burdekin requiere una inversión superior a los 450 millones de dólares, generaría un volumen comercial anual de 1.500 millones de dólares bajo contratos a 20 años, y aportaría unos 24 millones de dólares anuales en ingresos fiscales. Y los recursos de caña del resto de la costa de Queensland podrían sostener hasta siete proyectos adicionales de escala similar.
SAF en Australia: la tecnología de Nextchem fuera de Queensland
La tecnología NX Circular™ no es nueva ni está limitada a este proyecto. Nextchem ya la licenció para dos plantas de SAF en Estados Unidos operadas por DG Fuels —una en Louisiana, con bagazo de caña, y otra en Nebraska, con rastrojo de maíz. Cada una con capacidad para 450 millones de litros anuales. También firmó acuerdos para una planta de SAF a partir de residuos forestales en Canadá con SUSTAERO, y para otra en el Reino Unido con Altalto. Además, trabaja con Eni en Italia para producir metanol circular e hidrógeno a partir de residuos no reciclables.
Dos señales que convergen
La coincidencia temporal entre las consultas del gobierno australiano y el avance del Project Lion no es casual. Un informe de Deloitte elaborado por encargo de la Clean Energy Finance Corporation (CEFC), el banco verde estatal australiano, mostraba que la agricultura y la ganadería del país podrían abastecer hasta 12.800 millones de litros de combustibles de bajo carbono hacia 2050, movilizando un mercado de 36.000 millones de dólares y evitando la emisión de 230 millones de toneladas de CO₂ equivalente. La materia prima, que explica hasta el 70 % del costo de producción, es, según ese estudio, el verdadero motor de una cadena de valor que puede reducir emisiones, generar empleo en regiones alejadas y reforzar la seguridad energética del país.


