Sobre las costas del Paraná, en un tramo de 50 kilómetros se procesa más soja que en cualquier otra parte del planeta. Las terminales del Gran Rosario muelen, extraen y separan hasta convertir cada semilla en harina proteica y aceite vegetal que alimentan al mundo. A pesar de ser el complejo de crushing de oleaginosas más moderno y eficiente, quedan corrientes laterales cargadas de materia grasa que las propias plantas no pueden procesar. La razón no es técnica sino regulatoria: una instalación habilitada para alimentación humana no puede tratar ese tipo de descartes en el mismo predio. El problema existe hace décadas. Las soluciones, hasta ahora, fueron pocas.
En Sa Pereira, una localidad de 1.900 habitantes sobre la Ruta 19 en el departamento santafesino de Las Colonias, una planta que fabrica biodiésel desde 2012 encontró la forma de construir un negocio a partir de una de esas soluciones. Doble L Bioenergías acaba de concretar su primera exportación: 120 toneladas de oleínas y ácidos grasos vegetales despachadas a Chile, con un programa que prevé completar 600 toneladas en el plazo de un mes.
La operación quedó registrada por el canal Martín Bustamante TV, que recorrió la planta durante la carga y entrevistó a Marcelo Kusznierz, director de la compañía y presidente de la Cámara Santafesina de Energías Renovables (CASFER).
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Qué son las oleínas y de dónde viene la materia prima
Las oleínas y los ácidos grasos vegetales son fracciones grasas que resultan del procesamiento de los descartes de la industria aceitera, principalmente las gomas y borras que quedan durante la extracción del aceite, más determinados subproductos del propio proceso de producción de biodiésel de Doble L. Esas corrientes concentran materia grasa aprovechable, pero requieren tratamiento específico para adquirir especificación comercial.
Kusznierz explicó que las aceiteras operan bajo normas de bioseguridad exigidas por su condición de proveedoras de alimentación humana, y esa misma condición las inhabilita a procesar ese tipo de material dentro de sus instalaciones. El resultado es que una parte del valor que genera el polo aceitero santafesino queda fuera de su alcance, y quien lo captura tiene que montar la infraestructura para hacerlo. «Tenemos que ir juntos a competir en el mundo, nunca separados», dijo Kusznierz al describir esa relación, que define como una ecuación de ganar-ganar para las dos partes.
Salmonicultura chilena
La carga viaja por camión hacia Chiloé, en el sur chileno, donde las oleínas se incorporan a la formulación del alimento balanceado para salmones. La industria salmonera lleva años sustituyendo parte del aceite de pescado en sus dietas por fracciones lipídicas de origen vegetal, que aportan la energía que los peces necesitan para crecer. Los aceites vegetales llegaron a representar cerca del 20 % del contenido del alimento para salmónidos, según análisis publicados por la industria acuícola chilena, y la demanda de fuentes sostenibles y trazables creció dentro de ese marco.
La alimentación acuícola de Chile y Perú y los biocombustibles de segunda generación en Europa son los dos mercados que Kusznierz identifica como principales para este producto.
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Cinco años de obra y una inversión que multiplicó por cinco lo previsto
El proyecto se anunció en 2022 con un presupuesto de 2,5 millones de dólares. Al momento de la recorrida con Martín Bustamante TV, Kusznierz situó la inversión acumulada en los últimos cinco años en torno a los 15 millones de dólares, un salto que la empresa atribuye a la ampliación de la capacidad instalada y al nivel de automatización que finalmente adoptó la planta. La unidad está dimensionada para producir entre 1.500 y 2.000 toneladas mensuales de oleínas, además de entre 1.000 y 1.200 toneladas de biodiésel.
La empresa incorporó más de diez empleados directos durante el proceso, adquirió una propiedad en Sa Pereira para alojar personal jerarquizado y amplió la flota de Logística Valentino, la transportista propia que le presta servicio. Toda la producción se abastece con energía generada en el propio predio: los 482 paneles solares instalados acumulan, según el contador de emisiones de la compañía, una reducción superior a las 440 toneladas de CO₂ a la fecha.
Para exportar, Doble L acumuló un conjunto de habilitaciones que Kusznierz describió como condición de ingreso a los mercados más exigentes. La empresa está registrada como establecimiento ante el SENASA, cuenta con el sello verde de la provincia de Santa Fe y obtuvo la certificación ISCC, un esquema voluntario de trazabilidad y sostenibilidad de cadenas de biomasa que los compradores europeos exigen para acreditar el cumplimiento de la Directiva de Energías Renovables de la Unión Europea. Esa certificación, dijo Kusznierz, es el paso previo indispensable para el siguiente objetivo de la empresa, que apunta al mercado europeo.
El negocio principal, en el centro del debate
La planta de oleínas funciona como complemento de la de biodiésel, que sigue siendo la actividad central de la empresa. Ese negocio depende del corte obligatorio que las refinerías aplican al gasoil y de un régimen de cupos que reserva participación de mercado para las plantas no integradas, categoría en la que Kusznierz ubica a Doble L.
Desde mayo, el Senado analiza el proyecto de ley presentado por la senadora Patricia Bullrich, que el Poder Ejecutivo respaldó a través del secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González. El texto eleva el corte del 7,5 % al 10 % un año después de la sanción y reduce de manera progresiva la participación asegurada de las plantas no integradas – aquellas que no cuentan con extracción de aceite – hasta 2030, cuando el mercado quedaría abierto a la libre competencia.
«El biodiésel tiene que ser la base para el desarrollo de todas estas industrias que dan arraigo rural», planteó Kusznierz, que agregó que la planta pasó de ahorrar divisas al reemplazar gasoil importado a generarlas con la exportación. CASFER reclama en el Congreso llevar el corte al 15 % como herramienta para sostener a las plantas pymes que deben comprar el aceite y que en gran cantidad, están radicadas en el interior productivo.


