lunes, septiembre 7, 2026
 

La apuesta ganadera en el norte de Australia que busca impulsar aviones

Una familia de Queensland planta árboles oleaginosos entre su hacienda para diversificar ingresos, mientras una biorrefinería en construcción promete darle destino a un cultivo que crece en entornos desafiantes.

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En las llanuras semiáridas del norte de Queensland, en Australia, la ganadería marca el pulso de la economía rural desde hace generaciones. El sistema productivo se basa en establecimientos ultra extensivos de escala colosal, donde las estancias ganaderas (cattle stations) pueden abarcar cientos de miles de hectáreas. El calor extremo y la escasez de agua son crónicas, y los productores dependen de razas especialmente adaptadas —principalmente Brahman y sus cruzas—. Debido al bajísimo rendimiento de las praderas, los animales viven dispersos en territorios inmensos bajo un manejo adaptativo estricto. Sin embargo, dentro de un potrero de esa tierra tan hostil y desafiante, crece un experimento que busca conectar dos mundos que rara vez se cruzan: la ganadería tradicional y el combustible que hará volar a los aviones del futuro.

El personaje de esa apuesta es un árbol poco conocido fuera de los círculos técnicos. La pongamia es una especie leguminosa cuyas semillas contienen un aceite que no es comestible pero sí apto para transformarse en biocombustible. A diferencia de otros cultivos energéticos, prospera en regiones afectadas por la salinidad y la falta de agua, lo que le permite crecer en tierras marginales. Como toda leguminosa, además, fija su propio nitrógeno y mejora el suelo sobre el que se asienta, un rasgo más que interesante para zonas de fertilidad frágil.

Una familia ganadera que busca diversificar

Los protagonistas de la historia son la familia Lawrie y su establecimiento en la estación Powlathanga, cerca de Charters Towers. En septiembre del año pasado, decidieron experimentar en una iniciativa distinta convirtiendo un potrero de diez hectáreas en un ensayo de combustible renovable, plantando allí los primeros árboles de pongamia.

El experimento se desarrolla junto a SilvoPlus, una unidad de la empresa de combustibles renovables JetZero Australia, dedicada a integrar la producción de árboles oleaginosos con la actividad agropecuaria existente. El objetivo del trabajo es determinar la mejor manera de hacer convivir al ganado con las hileras de pongamia sin que una actividad estorbe a la otra.

‘Uno siempre está mirando distintas opciones. Si aparece algo interesante que pueda funcionar en conjunto con el ganado, sin dudas me interesa’, explicó Stephen Lawrie.

Esa lógica de convivencia se conoce como silvopastoreo agroforestal, un sistema que combina árboles, forraje y pastoreo sobre una misma superficie para mejorar a la vez la productividad del campo y sus resultados ambientales. Ketti Ketmontri, responsable del proyecto en SilvoPlus, explicó: ‘Estamos analizando el pastoreo optimizado, cómo producir forraje o cultivos de renta en el espacio entre hileras, y cuál es el momento adecuado para meter ovejas o vacas.’

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Ensayos que se multiplican, pero sin dónde procesar

La pongamia no es una rareza aislada en Australia. Distintos ensayos vienen abriéndose camino a lo largo del país durante la última década, con algunos árboles ya maduros y listos para la extracción de su aceite. En Queensland conviven otras experiencias de peso, entre ellas un piloto de 3.000 hectáreas de la minera Rio Tinto cerca de Townsville, orientado a estudiar rendimientos de aceite y condiciones de crecimiento. En la mina South Walker Creek de Stanmore, un ensayo de la japonesa Idemitsu, productora de carbón metalúrgico, está enfocado en validar métodos de cultivo de largo plazo y explorar la generación de créditos de carbono.

El problema es que toda esa materia prima todavía no tiene destino industrial. Hoy no existe en el país ninguna instalación que procese el aceite de pongamia y lo convierta en biocombustible. Ese cuello de botella es, precisamente, el que JetZero busca resolver.

Ed Mason, director ejecutivo de la compañía, tiene planes para construir una biorrefinería en Townsville capaz de tomar productos agrícolas y transformarlos en combustible sostenible de aviación (SAF, por sus siglas en inglés), el sustituto del querosén aeronáutico con menor huella de carbono. ‘Buscamos tomar bioetanol y producir alrededor de cien millones de litros de combustible sostenible de aviación, además de diésel renovable’, detalló Mason. ‘Es un volumen significativo para Townsville, suficiente para abastecer a la mayoría de los aeropuertos de la región si lo hiciéramos.’

La demanda de este combustible viene en ascenso. Ya son 38 los países que imponen a las aerolíneas algún mandato de uso de SAF. Sobre ese trasfondo, el aceite de pongamia se perfila como insumo para la ruta HEFA (Hydroprocessed Esters and Fatty Acids), el proceso más maduro y extendido para producir combustible de aviación, que refina aceites y grasas mediante hidrogenación hasta obtener hidrocarburos similares al querosén.

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Un forraje escondido en la cáscara

El árbol, además, tiene otras particulares que lo vuelven interesante para la ganadería. Sarah Meale, profesora asociada de la Universidad de Queensland, acaba de terminar un estudio en el que alimentó ganado con cáscara molida de semilla de pongamia, el subproducto que deja la extracción de aceite.

‘Las cáscaras de pongamia son el subproducto de esa extracción de aceite. Es una fuente de alimento muy barata y bastante alta en proteína, de alrededor del 20 al 30 por ciento’, explicó Meale. El ensayo probó tasas de inclusión del cero, dos y cuatro por ciento de pongamia molida en la dieta, como sustituto de otras fuentes de proteína. ‘En todos los casos vimos exactamente el mismo consumo y las mismas tasas de crecimiento, lo que es un resultado muy prometedor.’

‘Hoy sabemos que la semilla de algodón es difícil de conseguir y muy, muy cara, igual que otras fuentes de proteína. Esto tiene el potencial de reemplazarlas a un costo mucho menor’, señaló la investigadora. El aceite para volar y la cáscara para engordar ganado provienen de partes distintas de la misma semilla, dos fracciones que se complementan sin restarse.

A la espera de la biorrefinería

Mientras los árboles de pongamia crecen, la planta de procesamiento sigue siendo el gran obstáculo. ‘El problema en este momento es la escala. No tenemos suficiente producto para llevarlo al mercado’, reconoció Meale. Sin plantas que procesen el aceite en volumen, tampoco hay cáscara suficiente para abastecer un mercado de forraje.

JetZero viene avanzando en ese frente. Según informó, acaba de completar la construcción de caminos y el desmonte de un predio de 150 hectáreas en Townsville, mientras espera alcanzar el cierre financiero del proyecto hacia fin de año. La compañía estima dos años de obra para la biorrefinería, un plazo que busca comprimir junto a sus contratistas de ingeniería.

 
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