Francia, el país que inventó el terroir como filosofía productiva, está descubriendo que sus propios campos tienen algo más que ofrecer a sus ciudadanos. En una Europa marcada por la volatilidad de los precios del petróleo y una creciente presión regulatoria sobre las emisiones del transporte, el bioetanol producido a partir de remolacha azucarera, trigo y maíz cultivados en suelo francés se está convirtiendo en una alternativa económica concreta en los surtidores de todo el país.
El Superetanol E85, una mezcla que contiene entre 60 % y 85 % de etanol según la estación del año, se vende hoy a un promedio de 0,72 euros por litro. La diferencia con la nafta convencional o el diésel, que superan los 2 euros, convierte a cada carga en un alivio tangible para millones de conductores. El consumo viene acompañando esa diferencia.
Un salto del 15 % en un solo año
Según datos publicados por Bioethanol France —la entidad que agrupa a los productores del sector—, el consumo de etanol mezclado en naftas creció un 15 % en 2025 y superó los 1.900 millones de litros. Esa cifra resulta especialmente llamativa si se la compara con el incremento del consumo total de nafta en el mismo período, que fue del 5,6 %. El etanol creció casi tres veces más rápido que el combustible que lo contiene.
Detrás de ese empuje hay un cambio estructural en la composición del parque automotor. En 2025, Francia registró 1,63 millones de automóviles nuevos. De ese total, el 74 % fueron vehículos nafteros o híbridos, una proporción que en 2015 apenas alcanzaba el 41 %. El diésel, que una década atrás representaba el 58 % de las matriculaciones, cayó al 6 %. Esa migración masiva desde el gasoil hacia la nafta amplió la base de consumo de etanol y, con ella, la demanda de opciones más económicas para llenar el tanque.
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Cuatro mil estaciones y un mercado que madura
En noviembre de 2025, Francia alcanzó un hito simbólico y logístico. Más de 4.000 estaciones de servicio ya ofrecían E85, lo que equivale al 42 % de la red nacional declarada. El crecimiento respecto de años anteriores ha sido acelerado. En 2020, las estaciones con E85 eran poco más de 2.000. Semejante despliegue significa para los conductores franceses que eligen este combustible evitar desvíos o planificaciones especiales.
Total y las estaciones de la cadena Intermarché lideran la distribución, con más de 600 surtidores cada una. El resto se reparte entre otras cadenas, gasolineras independientes y estaciones regionales.
El negocio de los kits de conversión
No todos los vehículos salen de fábrica preparados para funcionar con mezclas altas de etanol. En Francia, marcas como Ford, Jaguar y Land Rover ofrecen modelos flex-fuel compatibles de origen, pero representan apenas una fracción del parque circulante. Para el resto, la solución pasa por la instalación de un boîtier homologado. Un dispositivo electrónico que ajusta la inyección de combustible para que el motor funcione de manera segura con E85.
El Estado francés regula este mercado desde 2017 y exige que los kits cuenten con homologación oficial. Hoy operan cuatro fabricantes autorizados —Borel, BioMotors, eFlexFuel y Flexfuel Energy Development— y la conversión puede aplicarse a la mayoría de los vehículos nafteros matriculados desde 2001 que cumplan con la norma antipolución Euro 3 o superior. El costo de instalación oscila entre 700 y 1.600 euros, dependiendo del tipo de motor.
Según la Collective du bioéthanol, la organización interprofesional que promueve el sector, un conductor que recorre 13.000 kilómetros anuales con E85 puede ahorrar unos 650 euros por año en combustible. En la práctica, la inversión en el kit se recupera en un plazo de entre uno y dos años. Varias regiones francesas, además, otorgan subsidios de hasta 500 euros para facilitar la conversión, lo que acorta aún más ese período de repago.
Del taller al surtidor
Ese atractivo económico se refleja en los surtidores. En Francia, la nafta estándar es la SP95-E10, que contiene 10 % de etanol, representa el 60 % de las ventas. Aun así, un tercio de todo el etanol consumido en el país entra a los tanques como Superetanol E85. Las conversiones se aceleraron en 2022, cuando los precios de los combustibles fósiles se dispararon. El ritmo aflojó en 2024, pero desde entonces la tendencia ha retomado su impulso.
El bioetanol generado en 2025 permitió sustituir el equivalente a un millón de toneladas de petróleo y evitar la emisión de 2,7 millones de toneladas de CO₂, un volumen comparable a las emisiones anuales de 1,4 millones de automóviles.
El factor Mercosur y los desafíos por delante
El acuerdo comercial UE-Mercosur, que prevé cuotas de importación de etanol con ingreso progresivo una vez que entre en vigencia, genera preocupación entre los productores franceses. Si el crecimiento de la demanda interna no logra absorber la llegada de volúmenes importados a precios competitivos, la producción local podría verse amenazada.
“La demanda va a seguir creciendo si miramos la evolución del parque automotor”, señaló Sylvain Demoures, secretario general de Bioethanol France, durante la presentación de los resultados de 2025. Pero también reconoció que la dinámica geopolítica y comercial obliga a la industria a mantenerse atenta.


