La agricultura urbana llegó para quedarse. Consideremos algunos datos: hay más de 29.000 huertas comunitarias en las ciudades más grandes de EEUU y esto sigue en aumento. Los estadounidenses ahora gastan más de mil millones de dólares anuales en 8.700 mercados de productores en todo el país. Los restaurantes de las ciudades se están abasteciendo con productos locales y a estos se suman cafeterías escolares, hoteles, hospitales y universidades.
Esta iniciativa derivó en otra. A medida que los ciudadanos se embarcaron en el camino de la agricultura urbana, también fueron incorporando animales de granja. En su mayoría se crían pollos -13 millones de estadounidenses los hospedan en sus patios traseros-. Pero en algunas ciudades hay leyes que también permiten la cría de animales más grandes, como cabras en Oakland, California; vacas en Charlotte, Carolina del Norte y cerdos en Kansas City, Missouri.
Al igual que en épocas anteriores, como los jardines victorianos que surgieron durante la Segunda Guerra Mundial, el movimiento urbano de hoy en día está dominado por la producción de frutas y verduras. Pero el ganado también es parte importante de esto. William Butler, profesor de planificación urbana en la Universidad Estatal de Florida estudia cómo las ciudades han tratado de controlar los sistemas alimentarios locales a través de los códigos de zonificación y uso del suelo. Para él, un apestoso y ruidoso animal de granja que se pasea en el patio trasero de algun vecino ejemplifica lo que ve como la tensión inherente de este movimiento: ¿En dónde está el límite?
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Butler dice que los gobiernos locales se interesaron en la regulación de los animales de granja dentro de los límites de la ciudad a fines de la década de 2000, ya que la agricultura urbana y la comida local experimentaban una especie de renacimiento. Entre 2007 y 2010, más de 100 localidades introdujeron o revisaron la legislación que regula la crianza de pollos en los patios traseros (backyard chikens), según un documento de 2011 en Connecticut Law Review. Este abarca desde ciudades grandes como Nueva York, Nueva York; Seattle, Washington; Atlanta, Georgia; Portland, Oregon; Nashville, Tennessee; Houston, Texas; y San Francisco, California, a ciudades y aldeas más pequeñas en todo el país. Butler revisó los archivos municipales buscando catalogar con qué criterios las ciudades tomaban decisiones con respecto a la tenencia de backyard chickens.
Descubrió algo inesperado. En algunas ciudades, aún no había legislación con respecto a los animales más grandes. En teoría, esto significaba que el ganado urbano era básicamente legal. Chicago, Illinois, por ejemplo, donde estuvieron los principales mataderos de Estados Unidos, no prohíbe la tenencia de animales de granja de ningún tipo.
De manera similar, Albuquerque, Nuevo México, cuya legislación permite la cría de pollos y conejos, no tiene ninguna regulación para vacas, cabras o cerdos, según una revisión de la Nueva Economía de la Alimentación del código municipal. El código de zonificación requiere que las vacas y las cabras vaguen en un lote de 2 hectáreas. Esto podría deberse en parte a que Nuevo México es lo que se conoce como un estado “fence out», donde es responsabilidad de los propietarios, no de los ganaderos, mantener al ganado fuera de su césped.
En aquellas ciudades donde se modificaron o incorporaron legislaciones sobre ganado, un factor importante fueron los legisladores que parecían más preocupados, o, quizás, los que más expresaban su opinión, sobre cómo cambiar la forma en que los estadounidenses piensan acerca de los alimentos. Principalmente, reprendiendo a la agricultura industrial. Y eso también se aplica a la carne.
En Oakland, California, por ejemplo, los defensores de la ganadería urbana afirmaron que las cabras, conejos y pollos criados en patios traseros eran «mejores fuentes de alimento «, en la medida en que eran supuestamente más sanos, más sabrosos y más humanamente criados que la carne que provenía de granjas industriales. Su abono fertilizaba huertas de frutas y verduras, agregaron. Y hay beneficios sociales también. Tener animales de granja reúne a los vecinos. Según el medio San Francisco Chronicle, una vecina de West Oakland dijo que los conejos, gallinas, cabras y cerdos que ella crió y sacrificó en su granja, alimentaban el barrio.
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La matanza es, entre otras cosas, un problema de salud pública. Si los animales no se matan adecuadamente, su carne puede contaminarse, lo que puede propagar patógenos, según Barbara Finnin, defensora de la granjas urbanas. También es un problema de calidad de vida ya que muchas personas mantienen a los animales en condiciones insalubres, lo que aumenta el sufrimiento, los olores, los depredadores y las enfermedades. Algunas personas consideraron que la matanza en el patio es cruel: para los animales, y para los niños pequeños que, dijeron, podían ser testigos del degüello de conejos en el patio de su vecino.
En las ciudades que no toleran la matanza en el patio trasero, algunos legisladores citan los beneficios ecológicos menos controvertidos que ofrece la presencia de ganado. En San Diego, California, un planificador urbano promulgó una ordenanza exitosa para las cabras de traspatio alegando que sirven para capturar carbono del suelo. La ciudad de Minneapolis, Minnesota, durante años dijo no a las cabras, finalmente cedió en 2018 y las presentó como una alternativa para reemplazar el uso de pesticidas en los parques de la ciudad. Sheila Regan informó en The Journal que las cabras son altamente eficientes para masticar especies invasoras como el espino amarillo.
Otros han argumentado que los animales son una parte necesaria de los ecosistemas de una granja de traspatio. Los pollos y los patos comen insectos y caracoles que destruyen otras fuentes de alimentos locales, como los vegetales. «Están aportando nutrientes, pero también se están deshaciendo de todas las cosas que no se quieren en una huerta», dijo Finnin, ex director de la City Slicker Farms de Oakland, a The San Francisco Chronicle.
En algunos casos, al parecer, el ganado urbano se legaliza para acomodar a los residentes que durante mucho tiempo han cultivado en las afueras de la ciudad, y de lo contrario perderían su negocio.
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Hace dos años, el Ayuntamiento de Chattanooga votó para reducir el tamaño mínimo de una granja de la ciudad de 8 acres ( 3,2 has) a 2 (0,8 has) y dio permisos para lotes más pequeños, abriendo la puerta a aún más aspirantes. Basado en los nuevos números incluidos en el código de zonificación, es teóricamente posible que alguien con 2 hectáreas de tierra cultive 100 pollos, pavos o patos; 20 cabras, ovejas, emúes o avestruces; y 5 vacas, caballos y cerdos.
Mantener el ganado es, en términos legales, a menudo una molestia. Sus ruidos y olores, según Butler, llevaron a la prohibición del ganado en ciudades como Baltimore, Maryland y Phoenix, Arizona. El estiércol y el alimento atraen coyotes y ratas, que son los principales portadores de enfermedades transmisibles. La ciudad de Nueva York fue un verdadero líder en este frente. Comenzó a prohibir los animales de granja en el siglo 19 debido a los problemas sanitarios relacionados y la incidencia de enfermedades asociadas con la agricultura urbana.
«A menudo me encuentro dividida entre los beneficios de la crianza de animales en la ciudad y los posibles riesgos de salud», dijo una enfermera a Butler, según se cita en su informe de 2012. «Estamos sanos debido a la separación de animales y personas».
Para muchos, la división rural-urbana es efectiva en términos sanitarios y desean que siga siendo así.


