Las negociaciones están técnicamente concluidas, pero nada está definido. El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur aún no ha sido firmado ni ratificado, y sin embargo, ya levanta una ola de rechazo desde sectores productivos clave del lado europeo. En una declaración pública con tono de advertencia, la organización ePURE —que representa a los productores europeos de etanol renovable— cuestionó el instrumento de salvaguardias aprobado por el Parlamento Europeo y criticó el avance político del tratado, señalando que pone en riesgo la viabilidad de su industria.
El mensaje llegó en un momento sensible: mientras crece la presión para que el acuerdo se firme en los próximos meses, y se consolidan apoyos diplomáticos de alto nivel, el sector del etanol renovable europeo denuncia que el tratado permitiría el ingreso de volúmenes masivos de etanol desde el Mercosur, con beneficios comerciales que consideran desproporcionados e imposibles de contrarrestar con las herramientas de defensa actuales.
Un acceso preferencial que incomoda
El centro de la crítica radica en que el tratado otorga al Mercosur —bloque que incluye a Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay— un acceso preferencial al mercado europeo de etanol renovable, sin haber declarado a este producto como “sensible”. Esta decisión política, tomada por la Comisión Europea, impidió que se aplicaran medidas de protección específicas desde el diseño mismo del acuerdo.
La industria europea alega que, de ratificarse el tratado en estos términos, los países sudamericanos podrán duplicar sus exportaciones anuales de etanol hacia Europa, desplazando a los productores locales. Aseguran que esto pondría en riesgo a las biorefinerías del continente, que hoy abastecen múltiples mercados —energía, alimentos, insumos químicos— y que forman parte de la estrategia climática europea.
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Salvaguardas que no convencen
Como intento de contención política, el Parlamento Europeo aprobó recientemente un instrumento bilateral de salvaguardias para sectores sensibles. Sin embargo, ePURE sostiene que estas medidas son insuficientes y, en la práctica, inaplicables. Denuncian que los procedimientos son complejos, los umbrales demasiado altos, y los tiempos de reacción lentos.
Desde la perspectiva del sector, estas salvaguardas no protegen de un impacto comercial real, sino que apenas funcionan como una herramienta simbólica. Una vez que los volúmenes sudamericanos empiecen a ingresar sin aranceles, alertan, no habrá forma efectiva de frenar el desplazamiento del producto europeo.
Alerta por elusión: el “uso químico” como vía indirecta
Otro punto de fuerte preocupación es la posibilidad de que el etanol sudamericano ingrese a la Unión Europea sin pagar aranceles mediante la figura aduanera del “uso químico”. Este régimen permite importar etanol destinado a la industria química o cosmética con beneficios fiscales, pero el sector teme que parte de ese volumen termine en el mercado de combustibles, donde compite directamente con el etanol renovable europeo.
La crítica se centra en la falta de controles efectivos: el mecanismo conocido como “end-use procedure” —que debería garantizar que el etanol importado se use realmente para fines no energéticos— es considerado poco claro y de cumplimiento incierto.
Modelos comerciales obsoletos, contextos actuales ignorados
ePURE también cuestiona los fundamentos técnicos con los que se definieron los cupos de etanol libre de aranceles. Aseguran que se usaron modelos comerciales antiguos, que no contemplan ni el crecimiento actual del sector en el Mercosur ni la evolución del mercado internacional de biocombustibles.
En los últimos años, Brasil ha experimentado un fuerte crecimiento de la producción de etanol de maíz, con numerosas plantas instaladas en regiones agrícolas clave como Mato Grosso. Al mismo tiempo, Argentina ha consolidado una industria etanolera dinámica. Frente a este escenario, la industria europea considera que el tratado fue diseñado sobre una fotografía vieja de la realidad bioenergética, y que eso lo vuelve aún más riesgoso.
Una negociación abierta y una presión creciente
El acuerdo UE-Mercosur aún no ha sido firmado ni ratificado. Pese a los anuncios de “conclusión técnica” de las negociaciones, el tratado debe pasar por instancias formales tanto en el Consejo Europeo como en los parlamentos nacionales. La presión para concretarlo se intensifica, pero también lo hacen las voces críticas.
La posición de la industria europea del etanol renovable no es solo una manifestación sectorial. Funciona como termómetro del malestar que persiste en varios países miembros, y como recordatorio de que los tratados comerciales, incluso después de años de trabajo diplomático, pueden naufragar en la etapa política si no logran equilibrar intereses sensibles.
Desde la mirada del Mercosur, este rechazo también ofrece una lectura clara: la creciente competitividad bioindustrial de América del Sur empieza a generar fricciones en los mercados históricos del norte. Lejos de ser un obstáculo técnico, el etanol sudamericano se ha convertido en un actor incómodo, cuya presencia incomoda a los productores europeos antes incluso de que el tratado entre en vigor.


