La ganadería ovina llegó a Tierra del Fuego a fines del siglo XIX y encontró en los pastizales de la estepa norte un recurso que parecía inagotable. Durante más de un siglo, esas praderas naturales sostuvieron una actividad que se convirtió en la principal producción pecuaria de la provincia, abasteciendo un mercado de lanas y carnes con sello propio, alimentado exclusivamente a pasto. Pero desde hace tres décadas, una planta europea apenas visible está alterando ese equilibrio.
La Hieracium pilosella —conocida como velocilla o pilosela— fue detectada por primera vez en la isla en 1993. Investigadores del Laboratorio de Ecología de Pastizales del CONICET y la Facultad de Agronomía de la UBA documentaron desde entonces su expansión progresiva a lo largo de toda la estepa fueguina. La planta, una hierba perenne de la familia de las Asteráceas, originaria de Europa y Asia, se propaga tanto por semillas como por estolones, y forma parches densos que desplazan a las gramíneas nativas. Lo hace con una eficacia silenciosa: tolera suelos pobres, resiste el frío extremo y no es consumida por el ganado ovino. En las zonas de mayor concentración, puede eliminar hasta el 90% de la biomasa forrajera disponible.
Ese avance sostenido llevó a la provincia a firmar un convenio con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) —organismo responsable de la investigación y transferencia tecnológica al sector agropecuario— para desarrollar herramientas biológicas de control. El acuerdo, rubricado por el ministro de Producción y Ambiente, Francisco Devita, y el presidente del INTA, Nicolás Bronzovich, contempla un proyecto de investigación de 12 meses centrado en el desarrollo de un bioherbicida.
Un problema que crece más rápido que las soluciones
Los pastizales del norte de Tierra del Fuego soportaron durante décadas un uso ganadero intensivo que fue modificando la composición de su vegetación. El sobrepastoreo, el pisoteo y la alteración de los ciclos de nutrientes dejaron espacios que la pilosella aprovechó. A diferencia de otras malezas, su estrategia no depende solo de las semillas: sus estolones le permiten colonizar superficie de manera radial, formando alfombras compactas que impiden la regeneración de las especies nativas. Estudios de campo realizados en la estepa fueguina mostraron que, si bien su cobertura general es baja —inferior al 2% en la mayor parte del territorio—, los focos de alta concentración, donde alcanza entre el 10 y el 70% de cobertura, coinciden con áreas de uso ganadero prolongado.
Al desplazar las gramíneas que alimentan a las ovejas, la pilosella reduce la capacidad de carga de los campos sin que el proceso sea fácilmente reversible. Los productores ven cómo sus pasturas pierden productividad año tras año, y las opciones de manejo convencional —resiembra, fertilización, aplicación de herbicidas químicos— mostraron resultados variables según las condiciones de pastoreo y la estación de crecimiento, que en la isla se limita a unos pocos meses al año.
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Cianobacterias como posible herramienta de control
El proyecto apunta a una línea de investigación que viene ganando terreno en el manejo de malezas a nivel global. Se trata del uso de microorganismos como agentes de control biológico. En particular, los investigadores del INTA estudiarán el potencial herbicida de un subgrupo de cianobacterias que produce compuestos capaces de inhibir el crecimiento de plantas no deseadas.
Los bioherbicidas representan una alternativa al control químico, especialmente relevante en ambientes frágiles como los pastizales patagónicos, donde la aplicación de herbicidas sintéticos puede tener consecuencias sobre la flora nativa y la calidad del suelo. Funcionan mediante toxinas biológicas o microorganismos patógenos que afectan de forma específica a la maleza objetivo, con menor impacto sobre el resto del ecosistema. Sin embargo, su desarrollo enfrenta desafíos propios: la efectividad suele ser más sensible a las condiciones ambientales que la de los herbicidas convencionales, y la producción a escala comercial de formulaciones estables sigue siendo una barrera técnica en todo el mundo.
Durante los próximos 12 meses, el INTA aportará el personal especializado y gestionará las autorizaciones necesarias para acceder a los recursos genéticos involucrados en la investigación. La provincia financiará el proyecto con una inversión cercana a los 43 millones de pesos, gestionada ante el Consejo Federal de Inversiones (CFI) —entidad de financiamiento para el desarrollo regional— y podrá sumar vehículos, combustible y personal de apoyo para las tareas de campo.
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Una línea de trabajo que se amplía
El bioherbicida contra la pilosella no es un caso aislado. La provincia viene articulando iniciativas que buscan incorporar la biotecnología y la bioeconomía como herramientas para diversificar su base productiva, históricamente concentrada en hidrocarburos, manufactura electrónica y ganadería extensiva.
En esa misma dirección trabaja TrichoDF, un proyecto impulsado por investigadores de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego (UNTDF) y el CONICET que desarrolla un bioinsumo local a base de cepas fueguinas del hongo Trichoderma, un promotor del crecimiento vegetal con capacidad adicional de controlar hongos patógenos en cultivos. La iniciativa apunta a mejorar los rendimientos de las producciones hortícolas orgánicas que se llevan adelante en la isla, donde las condiciones de frío extremo y la temporada de cultivo reducida imponen limitaciones severas. Los resultados preliminares en ensayos con lechuga mostraron que al menos una de las cepas evaluadas logró estimular el desarrollo radicular y aumentar el peso de las raíces frente a los tratamientos de control.
Ambos proyectos comparten un denominador común: la apuesta por soluciones diseñadas a partir de las condiciones específicas del territorio, con microorganismos adaptados al clima y los suelos fueguinos. Y ambos cuentan con el respaldo de la Secretaría de Desarrollo Productivo y PyME y del INTA, en una articulación entre el sector público, las instituciones científicas y los actores productivos locales.


