sábado, junio 6, 2026
 

Bioeconomía: una tendencia global

Varios países están invirtiendo en economías biobasadas para reducir la huella de carbono. En una reunión reciente, los expertos indicaron que es necesario trabajar más a fondo para generar conciencia sobre el potencial de la bioeconomía como una solución climática.

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Las montañas de pellets de madera que asoman sobre las altas chimeneas de una pastera, dan la bienvenida a los visitantes de la fábrica de bioproductos Äänekoski Metsä, en el centro de Finlandia, la mayor de su tipo en el hemisferio norte.

De hecho, es mucho más que una planta de celulosa: es todo un ecosistema de compañías que obtienen productos de los troncos de abedules, pinos y piceas que llegan diariamente desde los distintos bosques gestionados de forma sustentable del país.

La biofábrica de celulosa del Grupo Metsä, de 35 años de antigüedad, se reabrió en Agosto de 2017. Bajo la figura de asociación público-privada pasó a ser por lejos la mayor inversión en la historia de la industria forestal de Finlandia. Representa un excelente ejemplo de la tendencia hacia la “bioeconomía” que los legisladores y la industria promocionan como una forma de reducir la dependencia a los combustibles fósiles.

Massive pile of wood chips at the Äänekoski Metsä bioproduct mill in central Finland (Metsä Group/Sami Karppinen)

Transformar residuos en beneficios

Estos días, las plantas de celulosa no solo producen pulpa, sino además un amplio rango de otros productos elaborados a partir de lo que antes se categorizaba como desperdicios.

“Independientemente de su tamaño, hemos incorporado una nueva manera de pensar, donde ponemos el énfasis en la creación de negocios” dice Niklas von Weymarn, vice- presidente de Metsä. La planta puede transformar 6.4 millones de metros cúbicos de madera en 1.3 millones de toneladas de celulosa al año, y aproximadamente el 90 por ciento de su facturación proviene de vender esa pulpa a Europa y Asia.

Pero las empresas conectadas refinan subproductos del pino como el talloil y la trementina para diversos fines, y producen biocombustibles sólidos a partir de corteza y aserrín.

“Hemos incorporado nuevos productos incluyendo gases, ácido sulfúrico, biogás, nuevas tipos de biocombustible y biocompuestos” explica von Weymarn.

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Y la planta produce también un subproducto que resulta clave: energía. Una vez que alcance plena capacidad, la planta podrá generar 1.8 terawatts de energía libre de combustibles fósiles (el equivalente a 2.5% de la producción de energía del país o suficiente para abastecer 100.000 hogares)

Cambio de paradigma

No hay una única definición de bioeconomía que cubra el amplio rango de los sectores que comienzan a utilizar tecnología de avanzada en procesos biológicos y materiales orgánicos.

“La bioeconomía es un cambio de paradigma” indica Marc Palahi, director del Instituto Forestal Europeo. “Básicamente, es una economía basada en la vida”. También indica que el petróleo no sólo es usado para producir energía, sino también para la fabricación de productos y materiales para la industria y la vida diaria, incluyendo plásticos y telas.

Los productos bioeconómicos incluyen plásticos de algas o caparazón de crustáceos, o telas hechas con leche (reemplazando petroquímicos por materia orgánica).

El término “bioeconomía” también se utiliza para indicar el uso tradicional de materiales naturales, como la madera utilizada en lugar del acero pesado en carbono y el concreto en la construcción.

“Estaríamos usando biomasa (o recursos renovables de los bosques) para productos y servicios en lugar de materiales no renovables como el petróleo o el carbón” expresó Lauri Hetemäki, Directora Asistente del Instituto Forestal Europeo, en la Reunión de Inversiones en Bioeconomía 2017 en Helsinki.

La Bioeconomía es referida muchas veces en términos de economía circular porque recicla los subproductos de sectores como la agricultura y la manufactura y los convierte en materias primas.

La planta de Äänekoski, por ejemplo, es pionera en uso de lodos de desecho de pulpa de madera para producir pellets, que se convierten en 20 gigawatts de biogás por año, lo suficiente para alimentar a unos 1800 automóviles.

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También suministra a otras empresas, incluida una refinería de talloil estadounidense que elabora productos químicos que se utilizan para hacer pinturas, carreteras y productos farmacéuticos, que de otro modo requerirían materiales fósiles.

Ganando tracción alrededor del mundo

La Unión Europea ha adoptado la bioeconomía con gusto, lanzando su primera estrategia bioeconómica en 2012. Pero en la actualidad, se ha convertido en un tema crucial en todo el mundo.

“Hoy en día tenemos más de 50 países y regiones en el mundo que tienen estrategias nacionales y regionales de bioeconomía” indica Christian Patermann, antiguo director de la Comisión Europea y asesor del gobierno alemán en bioeconomía. “Es un gran éxito, que no esperábamos hace 12 años”.

Recientemente, todas las provincias de Canadá firmaron el convenio marco Pan-Canadiense sobre Crecimiento Limpio y Cambio Climático, potencialmente allanando el camino para un boom bioeconómico.

“Todo el país está comprometiéndose en una economía baja en carbono, y definitivamente los bioproductos son un medio para un fin», dijo Judith Bosse, directora general del centro de investigación CanmetEnergy del Departamento de Recursos Naturales del gobierno canadiense. «Entonces vemos un gran interés [en la bioeconomía] en esta etapa».

Especialistas aseguran que otros países, como Brasil, China e India, aún les queda un tramo para alcanzar el completo potencial de la bioeconomía.

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Un grupo industrial biotecnológico indio valuó la bioeconomía de ese país en más de 35 mil millones de dólares en 2015. Pero más de la mitad de esa suma fue en el sector de la biofarmacéutica, que produce drogas de base biológica, las cuales no incluyen necesariamente una reducción en el uso de combustibles fósiles, reciclado o economía circular.

“India debe focalizarse más en la investigación e invertir en renovables” dice Hemanathan Kumar, investigador en bioeconomía en la Universidad Jyväskylä en Finlandia.

Kumar también forma parte de un nuevo proyecto de bioeconomía implementado por la Corporación India de Combustibles y la firma de carbón reciclable Lanzatech. El objetivo es desarrollar la primera planta de gas to bioetanol, la que utilizará enzimas para convertir los emisiones gaseosas de residuos de refinerías en electricidad y combustibles cortados con etanol, de esa forma reducir las emisiones de carbono.

El futuro de la bioeconomía

Von Weymarn dice que la planta de celulosa de Äänekoski es negativa en carbono porque plantan nuevos árboles por cada uno talado para ser usado en la planta. “Por cada tonelada de pulpa que producimos, capturamos CO2 en los bosques de Finlandia” explicó.

Bioeconomía: una tendencia global
La planta de Metsää utiliza subproductos de la celulosa para producir energía en forma de economía circular

Los bosques se manejan de manera sostenible, dice la compañía. Aún así, la fábrica solo es independiente de los combustibles fósiles en sus instalaciones de producción. La madera llega en camiones con combustible diesel.

Eso es algo que el Grupo Metsä espera cambiar.

La compañía está en conversaciones con los fabricantes de camiones para desarrollar motores de biogás, ya que ha comenzado a producir biogás en la planta. «Entonces, con suerte, en el futuro, una parte importante del transporte también podría basarse con biocombustibles», dijo von Weymarn.

Para realmente distinguirse como un pionero de la bioeconomía, Hetemäki dice que la fábrica debe generar al menos el 50 por ciento de su facturación de bioproductos generados a partir de desechos de madera. Actualmente, esa cifra es solo del 10 por ciento.

«Debería hacerme esta pregunta nuevamente dentro de 10 años: si estas esperanzas de generar estos bioproductos innovadores a partir de las corrientes de desechos se han realizado», dijo Hetemäki.

DW.

 
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