Novozymes, la empresa líder a nivel mundial en soluciones biológicas y principal proveedora de tecnología microbiana y enzimática, reunió esta semana en Rio Cuarto a los principales actores de la cadena del bioetanol. Entre las más de 150 personas que asistieron al evento, se encontraban ingenierons de las principales refinerías de bioetanol, proveedores de equipos e insumos para esta industria, representantes gubernamentales y empresarios dispuestos a invertir en esta actividad. Si, leyó bien. Empresarios dispuestos a invertir en esta actividad, a pesar de la coyuntura económica.
Hoy la situación está trabada. No hay nuevos cupos para producir etanol y se ha llegado al límite de la capacidad instalada de la industria. Futuros aumentos en la demanda de naftas no podrán mantener el corte en el 12% estipulado. La homologación del combustible flex es un asunto pendiente que viene demorándose de manera poco entendible.
Es simplemente darle al consumidor y a los fabricantes de autos la posibilidad de un nuevo combustible más amigable con el medio ambiente. En definitiva, se trata de brindar la posibilidad de cada uno elija que combustible utilizar. Como sucede con el gnc.
La tecnología existe y está probada. Tampoco es cara. Fiat produce sus autos de forma tal que la diferencia entre el costo de un flex o un auto convencional es apenas USD 50. Simplemente se le agrega el software y el sistema de encendido en frío.
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Gerard Ostheimer, asesor de “Below 50” – una iniciativa para crear conciencia a nivel mundial de la necesidad de un transporte neutro en carbono quedó sorprendido con la exposición de Jorge Hilbert, asesor de INTA. Allí mostro los resultados de un estudio sobre todo el ciclo productivo del bioetanol de maíz. El resultado es que reduce las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto a la nafta en 71%. Hace un par de meses, Hilbert mostró los resultados para el biodiesel, arribando al resultado de 70% de reducción frente a los estándares europeos. En el caso del etanol de caña, para el caso brasilero, se mostraron resultados de reducción del 78%.
Todos aquellos funcionarios involucrados con la movilidad sustentable debieran tomar los datos de Hilbert y el INTA y junto a embajadores y ministros recorrer el mundo mostrando los resultados. No olvidemos que Argentina se comprometió ante Las Naciones Unidas a reducir sus emisiones GEI al 2030 en 18% sin ayudas económicas del exterior y en 37% con ayudas. Difícilmente encontremos una alternativa tan a mano.
Por esto es que no se puede comparar a los biocombustibles con los combustibles fósiles. Como quedó expuesto son productos totalmente diferentes. No pueden tener de ninguna manera el mismo trato ni competencia.
Dave VanderGriend, CEO de ICM -una de las empresas líderes en soluciones tecnológicas para la elaboración de bioetanol de maíz- graficó muy bien lo que venimos reiterando incasablemente en estas editoriales. “Las oportunidades están aquí” dijo, mientras señalaba un gráfico donde se resaltaba el excedente de 65% de la producción de maíz que se debe destinarse al mercado externo porque no encuentra donde procesarse.
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“Agregar valor en origen”.” Generar empleo de calidad en el interior.” “Fortalecer las economías regionales.” “Producción sustentable.” “Economía 360.” “Reducir la huella de carbono.” Todas estas frases, que escuchamos a menudo de cualquier funcionario, están presentes en el “clúster” del etanol. Es que ya no se trata de plantas aisladas.
Los asistentes pudieron comprobarlo en la visita a Bio 4. Allí pudieron apreciar como los efluentes y subproductos son aprovechados para convertirse en otros de mayor valor. Las vinazas son enviadas a los biodegistores. Allí se juntan con el estiércol de feedlots y tambos vecinos -que consumen la burlanda obtenida como subproducto de la producción de bioetanol- para producir biogás. El combustible gaseoso se convierte en electricidad que es exportada a la red. El calor de escape de los generadores se aprovecha térmicamente en el proceso. La materia que queda en el biodigestor se separa entre sólida y líquida. La fracción líquida va al campo para fertilizar el maíz – que en la próxima campaña ingresará a la refinería. El material sólido, se utiliza como compost en la producción hortícola.
Un verdadero entramado entre distintas actividades y empresas que conforman un clúster de economía circular. Un clúster que está listo para multiplicarse. Solo falta que lo dejen.


