lunes, junio 22, 2026
 

Volar sin dejar huella: el particular acuerdo que sellaron Google y American Airlines

La aerolínea cargará 132 millones de litros de SAF en el aeropuerto de Chicago y la tecnológica se quedará con los créditos ambientales para descontar las emisiones de los viajes de sus empleados. Detrás, un crédito fiscal de Illinois sin el cual nada habría sido posible.

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Cada vez que un empleado de Google toma un vuelo, deja una huella que la empresa anota en una cuenta que, tarde o temprano, tiene que saldar. Es una de las partidas más incómodas de cualquier compañía que se ha fijado metas climáticas: las emisiones de los viajes corporativos. Las emisiones de los viajes corporativos no se bajan usando energía renovable en los servidores: dependen del combustible que mueve a esos aviones, y ese combustible no lo elige ni el pasajero ni Google. Y ahí es donde el gigante tecnológico decidió mover una ficha grande.

La semana pasada, American Airlines y Google anunciaron un acuerdo de certificados de combustible sostenible de aviación —conocido por sus siglas en inglés como SAFc— que, según ambas compañías, es el mayor pacto de este tipo anunciado públicamente entre una aerolínea y un único cliente corporativo. El entendimiento habilitará 35 millones de galones (unos 132 millones de litros) de SAF a lo largo de tres años, con una reducción estimada de casi 300.000 toneladas de dióxido de carbono equivalente.

Un sector intensivo en carbono

El transporte aéreo mueve más de cuatro billones de dólares al año y sostiene unos 86,5 millones de empleos en todo el mundo. Pero pesa también en otra balanza: explica entre el 2 y el 3 % de las emisiones globales de dióxido de carbono y es uno de los sectores más difíciles de descarbonizar. La razón es física. Un avión necesita un combustible que guarde mucha energía en poco peso, que se cargue rápido y aguante vuelos largos.

El queroseno fósil tiene un reemplazo, y vuela hace años en aviones comerciales: el combustible sostenible de aviación, conocido por la sigla inglesa SAF. Entra en los motores y la infraestructura actuales sin necesidad de modificar nada, se fabrica con recursos biológicos como aceites vegetales, grasas animales, bioetanol y otras materias primas residuales, y recorta las emisiones hasta en un 80 % a lo largo de su ciclo de vida. Su producción crece año a año, pero todavía no llega a la escala que el sector necesitaría para sumarlo de manera masiva. Concretar acuerdos de largo plazo es una de las formas de empujar esa escala.

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Un combustible que se quema en un lado y se acredita en otro

American recibirá el combustible físico en el Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago (ORD), aprovechando la infraestructura ya existente. El crédito por las emisiones que ese combustible evite viajará por otro carril hasta Google, a través del SAFc Registry, un registro que sigue cada certificado y permite que la empresa que financió la reducción la reclame como propia aunque no haya tocado el combustible. Ese sistema, que en el sector llaman book and claim, separa el litro físico de su beneficio ambiental. Así, Google puede imputar esa reducción contra las emisiones de los viajes de negocios de sus empleados, aunque esos vuelos no hayan salido necesariamente de O’Hare.

El carácter de largo plazo del compromiso fue, según las compañías, la pieza que destrabó la otra punta de la operación. Con la demanda asegurada por años, American firmó un nuevo contrato de provisión de SAF con Valero Marketing and Supply Company, el brazo comercializador de Valero, una de las mayores refinadoras de Estados Unidos y un nombre cada vez más presente en los combustibles renovables.

La pieza que no aparece en la foto

El acuerdo se apoyó en un tercer actor que no vuela ni gestiona servidores: el Estado de Illinois. El gobernador JB Pritzker y la Asamblea General del estado aprobaron un crédito fiscal específico para el SAF. , y es ese incentivo el que vuelve viable llevar volúmenes grandes de combustible sostenible a O’Hare. Gracias a este incentivo, American podrá abastecerse de volúmenes significativos de combustible sostenible en condiciones económicas razonables.

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Las voces del acuerdo

Desde American, la directora de Sostenibilidad, Jill Blickstein, enmarcó el entendimiento como un avance para reducir emisiones operativas y, sobre todo, para empujar el mercado: trabajar con clientes que comparten el compromiso, planteó, ayuda a hacer crecer la demanda de SAF y a construir un mercado más sólido y resiliente.

Del lado de Google, la directora de Sostenibilidad, Kate Brandt, puso el acento en el efecto multiplicador. Sostuvo que un compromiso de largo plazo emite una señal de demanda capaz de catalizar inversión y traer más SAF al mercado. El gobernador Pritzker, por su parte, reivindicó el rol del crédito fiscal de Illinois como la herramienta que reunió a los líderes de la industria y reforzó la posición del estado como nodo aeronáutico global.

Más allá del combustible

La relación entre las dos compañías viene desde 2025, cuando American se asoció con Google, Contrails.org y Flightkeys para un ensayo de 16 semanas que sumó a la planificación de vuelos la tarea de esquivar las estelas de condensación, esas líneas blancas que dejan los aviones y que, además del dióxido de carbono, calientan la atmósfera al atrapar calor. La prueba redujo su formación en un 62 %.

 
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