Cuando el precio del petróleo se dispara, la mayoría de los países solo puede mirar el tablero. Miden el daño, ajustan subsidios, salen a negociar cargamentos y esperan que la escalada se desinfle antes de llegar al surtidor. Muy pocos tienen otra opción: una llave propia para girar, del lado de adentro de sus fronteras.
Brasil acaba de girarla.
Mientras la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán empujaba hacia arriba el precio del crudo y encarecía cada barco de gasolina que llega a los puertos brasileños, el Consejo Nacional de Política Energética (CNPE) —el cuerpo interministerial que asesora a la Presidencia de la República en materia energética— aprobó este martes elevar del 30% al 32% la mezcla obligatoria de etanol anhidro en la nafta. La medida, informada por el Ministerio de Minas y Energía, tendrá una vigencia inicial de 180 días, prorrogables por un período igual.
La decisión se venía cocinando. La intención oficial se había anunciado a fines de abril, durante el acto de apertura de la zafra de caña en Minas Gerais, y la aprobación se esperaba para fines de junio. Pero varias reuniones del Consejo fueron postergadas o suspendidas, y el expediente quedó en suspenso justo mientras el escenario internacional se deterioraba. El martes, finalmente, se destrabó.
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El etanol anhidro es alcohol de 96° deshidratado: se le extrae el agua para que pueda mezclarse de manera estable con la gasolina y entrar en cualquier motor sin modificación alguna. Es el que va en el corte obligatorio de la nafta común, el que el conductor brasileño consume sin enterarse. Pasar del 30% al 32% suena a un ajuste menor, casi contable. No lo es.
Según el Ministerio de Minas y Energía, el nuevo corte permitirá eliminar la necesidad de importar alrededor de 900 millones de litros de gasolina por año. Del lado de la demanda, la Unión de la Industria de Caña de Azúcar y Bioenergía (UNICA), la principal cámara del sector cañero brasileño, calculó que el E32 generará una demanda adicional de aproximadamente mil millones de litros de etanol anuales respecto de la mezcla anterior.
Dos puntos porcentuales sobre una flota de decenas de millones de vehículos y un mercado de combustibles del tamaño del brasileño no son dos puntos: son una industria entera moviéndose.
El propio Ministerio aclaró que la decisión tomó en cuenta la volatilidad de los mercados internacionales de petróleo y combustibles. Y despejó la duda técnica de fondo: la mezcla al 32% mostró un desempeño equivalente al observado con cortes de menor contenido de etanol, sin impacto significativo en la operación de los vehículos.
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La flota que ya estaba lista
Esa última frase es la clave de todo, y explica por qué Brasil puede hacer esto y otros países no.
La respuesta no está en las plantas: está en la calle. Desde los años noventa, y masivamente desde 2003, Brasil construyó una flota de vehículos flex fuel, motores capaces de funcionar con cualquier proporción de etanol y gasolina, desde nafta pura hasta etanol al 100%. Hoy son la abrumadora mayoría del parque automotor liviano del país. Un motor diseñado para tolerar el 100% de etanol no se inmuta ante un salto del 30% al 32%.
Los ensayos técnicos, además, ya estaban hechos. Durante el proceso que llevó a Brasil del E27 al E30 en 2025 se completaron las pruebas que cubren todo el rango del 28% al 32%. Cuando llegó el momento de decidir, no hubo nada que investigar: había que firmar.
A eso se suma un dato que suele pasarse por alto. Si a ese 32% de etanol anhidro en la nafta se le suma el etanol hidratado que los conductores de vehículos flex cargan directamente en los surtidores, la mezcla efectiva que circula por los tanques brasileños ronda el 50% entre etanol y gasolina. El corte obligatorio, en los hechos, es apenas el piso.
Treinta años de política consistente, condensados en una firma
Girar la llave en cuestión de semanas solo es posible porque hay una potente industria detrás. El E32 es la última cuota de tres décadas de política sostenida en torno a los biocombustibles líquidos, que disparar a año a año miles de millones en inversiones.
Brasil cuenta con más de 200 ingenios que procesan caña de azúcar y pueden orientar su producción hacia azúcar o hacia etanol según las señales del mercado. Esa flexibilidad —poder decidir el destino industrial de la molienda según lo que el mundo esté pagando— es en sí misma un instrumento de política energética. A ese núcleo se suman más de 30 plantas de etanol de maíz en operación, muchas de ciclo dual, que producen fuera de la zafra cañera y garantizan disponibilidad durante todo el año, y otras 55 en construcción.
El aumento del corte, señaló la industria, incrementará la proporción de caña destinada a biocombustible y traccionará también la expansión del etanol de maíz. Ambas cadenas empujan en la misma dirección.
La zafra 2026, además, se proyecta como una de las mayores de la historia del país. Capacidad ociosa y materia prima coincidieron en el mismo momento. Faltaba la decisión.
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No todos aplaudieron
La medida no llegó sin fricciones. El lunes, distribuidoras de combustibles locales y las cámaras de importadores emitieron un comunicado conjunto expresando preocupación por el aumento del corte, con argumentos centrados en posibles efectos sobre el desempeño de los vehículos, la durabilidad de componentes y los costos de mantenimiento.
El planteo choca de frente con lo informado por el Ministerio, que sostuvo que los ensayos no arrojaron impacto significativo en la operación vehicular, y con la propia arquitectura del parque automotor brasileño, diseñado desde hace más de dos décadas para tolerar proporciones de etanol muy superiores a las que hoy se discuten.
La lectura del sector
Del otro lado, el respaldo fue explícito. UNICA sostuvo que la medida fortalece la seguridad energética del país al ampliar la participación de un combustible renovable producido en territorio nacional, ayudando a reducir la dependencia de importaciones de gasolina y aumentando la previsibilidad del abastecimiento.
La Unión Nacional del Etanol de Maíz (UNEM), la asociación que agrupa a los productores de etanol a partir de maíz, apuntó al momento: el salto al E32 llega en una etapa de mayor inestabilidad de los mercados petroleros, y la decisión refuerza las expectativas de un aumento posterior al 35%. La entidad anticipó que seguirá de cerca la implementación de la nueva mezcla y los estudios técnicos en curso, con el objetivo de establecer las condiciones necesarias para la transición al E35.
UNICA fue en la misma línea: espera un avance gradual hacia una mezcla del 35%, con los estudios necesarios ya en marcha.
El E32 no es el techo
La historia del programa brasileño sugiere que estos escalones tienden a ser irreversibles. Del E25 al E27, del E27 al E30, y ahora al E32: cada peldaño crea nuevas condiciones de mercado, nuevas inversiones y nuevas expectativas que hacen difícil el retroceso. El carácter temporario de los 180 días es, en los papeles, una salvaguarda. En los hechos, difícilmente alguien desarme una demanda de mil millones de litros anuales una vez que la cadena la incorporó.
Ahí aparece el rasgo más interesante del caso brasileño, y el que mejor ilustra cómo la lógica bioeconómica reorganiza un sistema productivo: el mismo cultivo que abastece al mercado azucarero mundial provee, con una fracción distinta y por una ruta industrial distinta, el combustible que sostiene la seguridad energética del país. La caña no elige entre una cosa y la otra: produce ambas, y el ingenio decide la proporción según las señales que recibe. El maíz hace lo propio con su almidón, mientras sus coproductos proteicos siguen su camino hacia la alimentación animal. Una biomasa, múltiples destinos, ninguno excluyente.
Por ahora, lo verificable es esto: el E32 rige desde su aprobación y por 180 días prorrogables, con los ensayos del rango 28%-32% ya completados y una zafra récord entrando a los ingenios. Los estudios técnicos para el E35 están en marcha, y tanto UNICA como UNEM anticiparon que seguirán la implementación de la nueva mezcla con ese objetivo declarado.
El E32 no es el techo. Es el próximo peldaño. Y el siguiente ya tiene nombre.


