Cada día, millones de sachets, botellas y potes salen de las góndolas argentinas cargados de leche, yogur, quesos untables, cremas, dulce de leche y demás lácteos. Cumplen su función durante unos pocos días y luego enfrentan un destino que rara vez tiene retorno: el tacho, el relleno sanitario, el descarte definitivo. Ese es el punto ciego de la industria alimentaria moderna. El envase, diseñado para proteger un producto fresco y perecedero, suele tener una vida útil incomparablemente más larga que su contenido. Y en un país como Argentina, que produce y consume lácteos a gran escala, la magnitud del problema es enorme y, la mayor parte del tiempo, invisible.
Es precisamente contra esa invisibilidad que La Serenísima —la marca insignia de Mastellone Hnos., la mayor empresa láctea de la Argentina— dio un nuevo paso en su estrategia de sustentabilidad. La compañía instaló un espacio exclusivo dentro de su Complejo Industrial de General Rodríguez, en el Gran Buenos Aires, para que los visitantes que recorren la planta lleven sus propios envases plásticos usados y los vean convertirse, literalmente, en materia prima. La iniciativa se desarrolla junto a Buply y profundiza una alianza que ambas ya venían construyendo.
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El recorrido está pensado para transformar un gesto cotidiano en una experiencia concreta y medible. Según detalló la compañía, el circuito comienza al arribar a la planta de General Rodríguez. Las personas que asistan con envases plásticos limpios y secos posconsumo —sachets, envases PET, potes de quesos procesados o untables y de dulce de leche— podrán depositarlos en un ecotacho ubicado sobre una balanza especial. Allí, el asistente a cargo del grupo les mostrará en tiempo real la cantidad exacta de kilogramos recuperados y cargará el registro de impacto ambiental del día. Luego, el material se coloca en un bolsón destinado a su traslado y procesamiento final en la Estación Buply.
El pesaje en vivo es el corazón pedagógico de la propuesta. Convierte una abstracción (“hay que reciclar”) en un dato tangible: cuántos kilos de plástico dejaron de tirar a la basura los visitantes a la planta de ese día. Para un contingente de estudiantes o una familia que recorre las instalaciones, ver el número subir en la balanza es una forma de comprender, sin discursos, qué significa la separación en origen. La marca describe la iniciativa como lúdica y educativa, orientada a que las nuevas generaciones experimenten de primera mano el valor de la economía circular.
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El socio elegido para ese trabajo es Buply, la marca de Buplasa S.A., una pyme familiar con más de cuatro décadas en la industria plástica que fabrica productos para el hogar y que, en los últimos años, reconvirtió su modelo hacia el triple impacto hasta certificarse como Empresa B. Buply desarrolla una red de estaciones de recolección bajo el lema “Plástico que va, vuelve”, con presencia en puntos como el shopping Unicenter, y ya sumó a su ecosistema a compañías de consumo masivo de primer nivel. La estación de General Rodríguez se convierte así en un nuevo nodo de esa red: uno donde, además de recuperar plástico, se enseña a recuperarlo.


