Indonesia consume entre 39 y 40 mil millones de litros de nafta por año. Es el cuarto país más poblado del planeta, con más de 270 millones de habitantes distribuidos en un archipiélago de 17.000 islas, y su parque automotor crece a un ritmo que la producción interna de combustibles no logra acompañar. Más del 80 % de los productos refinados de petróleo que utiliza llega en barco desde el exterior, una factura que expone a su economía a los vaivenes del mercado internacional y a las tensiones geopolíticas que periódicamente sacuden los precios del crudo.
Esa vulnerabilidad llevó al gobierno del presidente Prabowo Subianto a buscar una salida en un terreno que Indonesia ya conoce muy bien. El país tiene una de las políticas de mezcla obligatoria de biodiésel más ambiciosas del mundo, el mandato B50 que exige un 50 % de ésteres metílicos de ácidos grasos derivados de palma en cada litro de gasoil, y ahora quiere replicar esa estrategia con la nafta.
El anuncio y la hoja de ruta escalonada
El ministro de Energía y Recursos Minerales, Bahlil Lahadalia, confirmó que el presidente Subianto instruyó al Consejo Nacional de Energía —el organismo encargado de definir la política energética a largo plazo— a elaborar de inmediato una hoja de ruta hacia el E50, una mezcla de nafta con 50 % de bioetanol.
“Si logramos alcanzar el estándar E50, vamos a cumplir nuestra meta de no importar más productos de nafta terminados”, afirmó Bahlil durante un evento del ministerio en Yakarta.
El plan contempla tres fases. La primera, en 2027, implementará una mezcla E10 —10 % de etanol en la nafta—. En 2028 se avanzará a E20. Y a partir de ahí se escalaría progresivamente hasta el E50, aunque el gobierno no fijó todavía una fecha para esa etapa final.
Materias primas locales, sin margen para importaciones
Un eje central de la estrategia es la autosuficiencia. Bahlil fue categórico al señalar que el programa solo avanzará si el etanol proviene íntegramente de la producción agrícola nacional. “No queremos implementar E10, E20 o E50 si el etanol se importa del exterior; eso equivaldría a lo mismo”, dijo el ministro, en referencia al objetivo de reducir la dependencia de productos importados.
Las materias primas seleccionadas para abastecer la cadena son tres cultivos ampliamente disponibles en el archipiélago: caña de azúcar, mandioca y maíz. Indonesia es uno de los principales productores mundiales de caña y de mandioca, y cuenta con superficies agrícolas que el gobierno considera suficientes para sostener una industria de bioetanol a gran escala sin afectar el abastecimiento alimentario interno.
El espejo brasileño y el antecedente del B50
El modelo de referencia explícito es Brasil, donde los vehículos flex fuel permiten el uso de mezclas que van desde E32 —el corte obligatorio actual en las naftas— hasta E100, etanol puro. Esa flexibilidad convirtió al país sudamericano en el mayor consumidor de bioetanol del mundo en términos proporcionales y le permitió construir una industria que emplea a cientos de miles de personas en las cadenas de caña de azúcar y maíz.
Indonesia recorrió un camino análogo con el biodiésel. Su mandato B50, implementado en febrero de 2025 tras una serie de incrementos graduales que empezaron con B5 en 2006, es el corte más alto del mundo para biodiésel de palma. El programa absorbió parte de la producción de aceite de palma que antes se destinaba íntegramente a la exportación, fortaleció el mercado interno de biocombustibles y generó una infraestructura de distribución y control de calidad que ahora el gobierno busca aprovechar como plataforma para el bioetanol.
El etanol en India se pasó de largo: la capacidad ya supera ampliamente lo que necesita el E20
Un cambio de escala para la seguridad energética
Con un consumo anual de nafta que ronda los 40 mil millones de litros, alcanzar el E50 implicaría producir cerca de 20 mil millones de litros de bioetanol por año, un volumen que situaría a Indonesia entre los mayores productores mundiales del combustible, detrás de Estados Unidos y Brasil. La magnitud del desafío industrial y agrícola es considerable, pero el gobierno apuesta a que la experiencia acumulada con el B50 acortará los plazos.
El anuncio se enmarca en una agenda más amplia de seguridad energética impulsada por el presidente Subianto, que también incluye la exploración acelerada de cuencas petroleras domésticas y la optimización de pozos maduros para incrementar la producción nacional de crudo. La apuesta por el bioetanol agrega un componente renovable a esa estrategia y abre un nuevo mercado para el sector agrícola del país, que concentra el 30% de la fuerza laboral indonesia, con más de 40 millones de trabajadores.
La primera etapa, el E10 de 2027, será la prueba de concepto. Si Indonesia logra repetir con el bioetanol la secuencia de incrementos graduales que consolidó con el biodiésel de palma, el país habrá construido en dos décadas una de las matrices de biocombustibles más completas del mundo.


