Durante dos días, el Convention Centre de Dublín se convirtió en punto de encuentro para más de 1.300 representantes de gobiernos, centros científicos, empresas, organismos internacionales y organizaciones vinculadas con la bioeconomía. El Global Bioeconomy Summit 2026, realizado el 20 y 21 de octubre bajo la presidencia irlandesa del Consejo de la Unión Europea, llegó con una agenda que mostraba hasta qué punto había cambiado la conversación desde sus primeras ediciones.
Ya no se trataba solamente de mostrar tecnologías o discutir el potencial de los recursos biológicos. Las cinco sesiones plenarias, los 24 talleres, más de 20 actividades satélite y las visitas a proyectos productivos estuvieron atravesados por cuestiones bastante más terrenales. Cómo llevar innovaciones a escala, cómo financiar nuevas plantas, qué reglas necesitan los mercados, cómo medir los productos biobasados y qué tipo de cooperación puede acelerar proyectos que ya dejaron atrás el laboratorio.
El encuentro fue organizado por el International Advisory Council on Global Bioeconomy (IACGB) junto con los departamentos irlandeses de Agricultura, Alimentación y Marina y de Clima, Energía y Ambiente. El IACGB es el consejo internacional que impulsa el Global Bioeconomy Summit y reúne especialistas vinculados con políticas y estrategias de bioeconomía en distintas regiones del mundo.
Dublín también dejó resultados institucionales. Uno de ellos comenzó a gestarse dos años antes y tomó forma definitiva en esta edición.
El 19 de octubre, en la antesala de las jornadas centrales, fue presentada la Global Bioeconomy Partnership, una alianza internacional concebida para conectar redes de bioeconomía que ya funcionan en diferentes regiones y sectores. El IACGB impulsó la iniciativa y tendrá a su cargo su conducción.
Una red para conectar redes
La idea había surgido en Nairobi, durante el Global Bioeconomy Summit de 2024. Allí se planteó la necesidad de fortalecer la cooperación entre las organizaciones que venían impulsando políticas, programas y estrategias de bioeconomía alrededor del mundo.
Dos años después, la respuesta fue crear una estructura que no sustituya esas plataformas ni pretenda uniformarlas. La Global Bioeconomy Partnership fue pensada como una “red de redes”, con un espacio común para compartir conocimiento, acordar prioridades y desarrollar acciones conjuntas.
La distinción importa porque la bioeconomía no responde a una única base productiva. La agricultura tiene un peso central en algunas regiones, mientras que en otras sobresalen los sistemas forestales, los recursos marinos, la biotecnología industrial, la biodiversidad o la valorización de residuos. Las estrategias también responden a capacidades productivas, tecnológicas y territoriales diferentes.
Esa diversidad quedó reconocida en el diseño de la nueva alianza. Uno de sus objetivos será acercar las distintas visiones de bioeconomía que se desarrollaron alrededor del mundo sin convertirlas en un único modelo.
La carta fundacional presentada en Dublín establece compromisos de cooperación, intercambio de conocimiento y acción conjunta. El Global Bioeconomy Summit seguirá funcionando como uno de los espacios de encuentro de las redes que integren la Partnership.
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Del diálogo a la inversión
El programa de trabajo se ordenó alrededor de tres prioridades que sus impulsores denominaron “Bold Bets”.
Una apunta a insertar la bioeconomía en las discusiones internacionales que sucederán a los actuales Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas después de 2030, con una mirada extendida hasta 2040.
Otra busca construir puntos de entendimiento entre los distintos enfoques regionales y sectoriales que hoy conviven bajo el concepto de bioeconomía.
La tercera lleva la alianza directamente al terreno económico. El objetivo es involucrar a empresas, pymes, cooperativas, productores e inversores para movilizar inversión, financiamiento, mercados e implementación.
Ese punto conecta de manera directa con una de las discusiones más repetidas durante el Summit. El programa de Dublín dedicó una sesión plenaria completa a las políticas, los mercados, el financiamiento y las métricas necesarias para llevar las soluciones biobasadas a mayor escala. Otra estuvo enfocada en cómo pasar de las estrategias a su ejecución mediante políticas públicas, innovación e inversión.
La nueva Partnership se ubica precisamente en esa intersección. No financiará por sí sola una biorrefinería ni desarrollará una tecnología determinada. Su función será conectar actores y redes que hoy trabajan desde ámbitos diferentes y crear espacios para que políticas, conocimiento, capital y demanda puedan encontrarse.
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América Latina participó desde la formulación
La Red Latinoamericana de Bioeconomía formó parte del proceso de creación de la alianza antes de su presentación en Dublín.
La plataforma reúne a más de 100 instituciones de 18 países y articula actores públicos, científicos y productivos vinculados con el desarrollo de la bioeconomía en América Latina y el Caribe. Según informó el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), la Red participó en las etapas de formulación de la Global Bioeconomy Partnership y será uno de los canales para incorporar conocimientos, experiencias y actores de la región a la nueva estructura internacional.
El IICA, organismo especializado del sistema interamericano en agricultura y desarrollo rural, actúa como Secretaría Ejecutiva de la Red Latinoamericana de Bioeconomía. Ese es su lugar dentro de la alianza. No conduce la Partnership global, que permanece bajo liderazgo del IACGB, sino que articula la plataforma regional que intervino en su construcción.
La participación latinoamericana en Dublín incluyó además otros dos procesos vinculados con la agenda que dejó la cumbre. El IICA y la Red intervinieron en la elaboración de la Visión Global de Bioeconomía 2040 y en el capítulo regional del Global Bioeconomy Policy Report 2026. Este último analizó 220 documentos de políticas correspondientes a 76 países y macrorregiones bajo un marco común que compara visiones, sectores, gobernanza, implementación y financiamiento.
La Visión 2040 fue publicada el 21 de octubre como otro de los resultados del Summit. El documento reconoce explícitamente que la palabra bioeconomía tiene significados diferentes según la región y propone un marco común alrededor del desarrollo económico, el uso sostenible de los recursos biológicos, el clima, la naturaleza y la inclusión.
Lo que deja Dublín
La Global Bioeconomy Partnership quedó formalmente lanzada en Dublín con una carta fundacional, tres prioridades de trabajo y una estructura pensada para articular redes que ya funcionan en distintas regiones.
Su agenda combina cooperación política, construcción de una visión común y una búsqueda explícita por acercar esa coordinación a inversiones, financiamiento, mercados e implementación.
El próximo paso será trasladar esos compromisos al trabajo conjunto entre las redes que integran la alianza, con el Global Bioeconomy Summit como uno de los espacios de seguimiento y articulación.


