Para Pete Zimmerman, un productor agrícola de Minnesota, Estados Unidos, la edad de los alimentos editados genéticamente ha llegado. Si bien no podría estar más feliz, la soja de alta tecnología que está cosechando se encuentra en el punto crucial de un debate de larga duración sobre un futuro de comida “Frankenstein” o frankenfood, como le dicen en EEUU.
Zimmerman es uno de los farmers que están cosechando alrededor de 6.500 hectáreas -en tres estados- de soja con ADN editado (para mayor contenido de ácido oleico) que será utilizada en aderezos para ensaladas, barras de granola y aceite de cocina que se llegará a los consumidores a principios del próximo año. Es el primer cultivo comercial desarrollado con la técnica que, para algunos, podría revolucionar la agricultura, mientras que para otros y otros temen por un peligro aún desconocido.
El pasado mes de marzo, USDA comunicó que no hicieron falta nuevas reglamentaciones ni etiquetado específicio para las plantas editadas genéticamente, ya que no se está insertando ADN extraño, de la forma en que sucede cuando producen los organismos modificados genéticamente (OGM) o transgénicos. En su lugar, actúan enzimas como tijeras moleculares que retocan el sistema operativo genético de las planta, de forma que eviten producir cosas malas-grasas poliinsaturadas en este caso- o potenciar las cosas buenas que ya tiene.
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El 28 de marzo, el secretario de Agricultura, Sonny Perdue, declaró que su departamento no tiene planes de regular las nuevas variedades de plantas desarrolladas mediante edición genética, contrarrestando la decisión de la Unión Europea de equiparar en regulación la edición genética con los cultivos transgénicos.
En su declaración, Perdue calificó la edición de genes como una técnica “innovadora” que “no se puede distinguir de las desarrolladas a través de los métodos de mejoramiento tradicional”.
El resultado final: las plantas editadas genéticamente pueden desarrollarse y comercializarse en los EEUU mucho más rápido y a un costo menor que las transgénicos (OGM), que combinan el ADN de diferentes variedades de plantas y es una técnica altamente regulada con ensayos de campo obligatorios que pueden tardar más de una década en su desarrollo.
Esto permitió que Calyxt Inc., una empresa de biotecnología de Minnesota, introdujera su soja en el mercado antes que se cumplan cinco años desde que Dan Voytas -el jefe científico y cofundador de la compañía- alterara el ADN en una sola célula de soja, en 2012, utilizando una enzima llamada TALEN, desarrollada en la Universidad de Minnesota con su ayuda.
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Una vez cosechada, se extraerá el aceite de la soja y será comercializado a compañías de alimentos. Ergo, los consumidores obtendrán menos grasas dañinas para su corazón desde un producto ampliamente utilizado en una gran variedad de alimentos, que se cultiva localmente y se puede rastrear hasta el condado donde se produjo, dijo Manoj Sahoo, director comercial de Calyxt.
Los alimentos editados genéticamente no necesitan ser etiquetados, pero Sahoo dice que las compañías de alimentos que usarán el aceite de soja podrán hacer declaraciones de propiedades saludables en envases como cero grasas trans e incluso “libre de OGMs”.
Calyxt está en conversaciones con cerca de 20 compañías potencialmente compradoras, dijo Sahood, y agregó que la compañía espera vender su primera cosecha a entre 2 y 5 de estas compañías.
Zach Luttrell, director de la consultora StraightRow LLC, ve la edición genómica como una forma para que la industria continúe reduciendo sus costos. Un producto desarrollado utilizando la nueva técnica podría ser lanzado al mercado dentro de tres años, con un costo de entre $10 y $20 millones de dólares, dijo, comparándolo con un cultivo transgénico que podría costar $100 millones de dólares y demorar más de una década.
“La agricultura ha estado dominada históricamente por unos pocos jugadores grandes, pero ahora las compañías mucho más pequeñas podrán aparecer y desarrollar estos nuevos cultivos”, dijo Luttrell. “En el futuro tendremos realmente cultivos de diseño”.
Una decisión económica
La decisión de Zimmerman de plantar unos pocos cientos de hectáreas de la soja editada genómicamente en sus cerca de 1.200 hectáreas fue principalmente económica, destacó. Los productores agropecuarios que siembren la oleaginosa ganarán entre 40 y 90 centavos por bushel (U$S/ton 15 a 33) sobre los precios estándar, dijo Charles Baron, cofundador de Farmer’s Business Network Inc. La compañía, cuyos miembros cultivan más de 10,5 millones de hectáreas en Estados Unidos y Canadá, ayudó a Calyxt a reclutar a los productores y financió la compra de las semillas.
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Sin embargo, hay un trabajo extra asociado, afirmó. El cultivo requiere el uso de diferentes agroquiímicos y debe ser almacenado por separado. También tuvieron que limpiar completamente el equipo de cosecha, las tolvas de los camiones y los silos de almacenamiento para asegurarse de que no había contaminación con los cultivos existentes.
Aún así, el farmer de 55 años dijo que está feliz de haber hecho el esfuerzo. “Han sido nuestros porotos más atractivos todo el año”, dijo Zimmerman. Si el contrato de precios es similar el próximo año, lo volverá a hacer, aseguró.
Calyxt no está solo en este campo. La gigante de las semillas suiza Syngenta AG está buscando lanzar sus primeros productos editados genómicamente al mercado a principios de la próxima década y está aplicando la técnica a cultivos como tomates, arroz y girasoles. Arcadia Biosciences Inc., con base en Davis, California, es otra empresa que utiliza activamente la edición de genes para crear alimentos amigables con el consumidor.
Para John Dombrosky, director ejecutivo de AgTech Accelerator -un consorcio de firmas de capital de riesgo de Carolina del Norte que invierte en nuevas empresas agrícolas, la cosecha de Calyxt no representa ni siquiera las primeras entradas en la edición de genes, haciendo una analogía con un partido de baseball que cuenta con nueve entradas.
“Solo estamos conduciendo hacia el estadio”, destacó en una entrevista telefónica. La edición genómica “se liberará para lograr cosas inimaginables en todo el campo de la agricultura, y la promesa es simplemente gigantesca. Podremos mejorar los alimentos para obtener increíbles beneficios para la salud y la nutrición”.
Lydia Mulvany – Delta Farm.


