El Sheraton de Mar del Plata fue sede, una vez más, de uno de los encuentros más relevantes para quienes producen, procesan y comercializan girasol en Argentina. El 8° Congreso Argentino de Girasol, organizado bajo el lema «Mar de Girasol», convocó a productores, técnicos, investigadores y empresas en un espacio pensado para el intercambio de conocimientos, el análisis de tendencias y la proyección del futuro del cultivo. Y entre las compañías que eligieron estar presentes, Bunge volvió a ocupar un lugar destacado.
La compañía —especializada en soluciones agroindustriales y con un rol central en la cadena del girasol en Argentina, donde lidera la molienda y es uno de los mayores proveedores de aceite vegetal envasado del país— participó por segunda edición consecutiva, reafirmando así un vínculo con el sector que va mucho más allá de la transacción comercial.
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Un stand para el intercambio, un panel para el debate
La presencia de Bunge en el congreso tuvo dos dimensiones bien diferenciadas. Por un lado, la compañía dispuso de un stand propio donde recibió a clientes, productores y referentes del sector. El espacio funcionó como punto de encuentro para intercambiar experiencias, analizar el contexto actual del mercado y explorar oportunidades concretas para la cadena de valor del girasol.
Por otro lado, la participación de Bunge tuvo también una dimensión técnica de peso. Alfredo Casteglioni, Director de Trading de Girasol de la compañía, integró el panel «Argentina en el comercio global de girasol», donde se analizaron las tendencias globales del cultivo y las proyecciones para los próximos años. Desde esa posición, Casteglioni puso en circulación una mirada construida desde adentro de la cadena: la de una empresa que procesa, refina, envasa y distribuye girasol argentino, y que por eso conoce de cerca tanto las fortalezas del sector como los desafíos que tiene por delante.
«Para Bunge, como líderes en molienda de girasol y uno de los mayores proveedores de aceite vegetal envasado en el país, el Congreso es una gran oportunidad para estar cerca de nuestros clientes, intercambiar experiencias y continuar trabajando activamente con este cultivo, que no solo forma parte de las materias primas que procesamos, sino que es clave en nuestra estrategia y en el desarrollo de valor para toda la cadena», señaló el directivo.
Del campo a la góndola: el recorrido completo
La integración de Bunge en la cadena del girasol es uno de los rasgos que define su relación con el cultivo. La compañía no solo opera en la compra y el procesamiento del grano: también refina, envasa y distribuye aceite de girasol bajo la marca Legítimo, presente en el mercado de consumo masivo argentino. Ese recorrido —desde el campo hasta la góndola— le permite a Bunge tener una visión de conjunto sobre los procesos productivos, los estándares de calidad y las exigencias que imponen tanto el mercado interno como los destinos de exportación.
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Agricultura responsable a escala
Pero el compromiso de Bunge con la cadena de valor del girasol no se agota en la operación comercial. La compañía lleva adelante dos programas concretos de agricultura responsable que, en conjunto, ya alcanzan una superficie considerable del cultivo en Argentina.
El primero es Ígaris, su programa de medición de huella de carbono, bajo el cual la empresa relevó más de 100.000 hectáreas de girasol. A través de esta iniciativa, Bunge trabaja junto a los productores para cuantificar las emisiones asociadas a la producción del cultivo, identificar oportunidades de mejora y avanzar hacia esquemas más eficientes desde el punto de vista ambiental.
El segundo es Pro-S, un programa de certificación de buenas prácticas agronómicas y de sustentabilidad que ya alcanza más de 84.000 hectáreas de girasol. Ambos programas, sumados, superan las 184.000 hectáreas bajo seguimiento activo: una señal concreta de que el compromiso de la compañía con la sustentabilidad de la cadena se traduce en acciones medibles sobre el territorio.
El congreso como espacio estratégico
La decisión de Bunge de acompañar el congreso por segunda edición consecutiva expresa algo más que presencia institucional. Es la confirmación de que la compañía ve en este tipo de espacios una oportunidad real para construir junto al sector: escuchar a los productores, compartir información con los técnicos, debatir con los investigadores y proyectar con los demás actores de la cadena. Una apuesta por el intercambio como herramienta de desarrollo colectivo, en un cultivo que tiene historia en Argentina y que, para quienes lo trabajan, todavía tiene mucho más por contar.


