En Europa, toneladas de paja, restos de poda y suero lácteo suelen acabar como un desecho más, difíciles de valorizar y con escaso destino comercial. Pero un nuevo proyecto busca darles una segunda vida inesperada: transformarlos en bioplásticos y componentes industriales que podrían reemplazar a materiales derivados del petróleo. Se trata de PROMOFER, una iniciativa que promete cambiar el rumbo de residuos agrícolas y alimentarios que hoy sobran, convirtiéndolos en la base de productos sostenibles para la industria.
De la basura a la biomasa valiosa
El proyecto, financiado por la Circular Bio-based Europe Joint Undertaking (CBE-JU) —una alianza público-privada de la Unión Europea dedicada a acelerar la bioeconomía circular— está coordinado por AIMPLAS, el Instituto Tecnológico del Plástico con sede en Valencia, España. AIMPLAS es una organización de referencia que ayuda a la industria a desarrollar materiales y procesos más sostenibles, investigando desde bioplásticos hasta reciclado avanzado.
PROMOFER reúne a 13 socios de siete países europeos, entre centros de investigación, empresas de biotecnología y actores de la cadena agroindustrial. Todos comparten un objetivo: convertir dos tipos de residuos abundantes en el continente —los procedentes de la industria alimentaria (suero lácteo, almidones de bajo valor, aguas residuales) y la biomasa lignocelulósica (paja de arroz y trigo, restos de poda)— en materiales biobasados de alto valor.
PHBV y 2,3-BDO: los materiales que quieren competir con el petróleo
De esta materia prima inesperada, PROMOFER busca producir dos compuestos clave. Por un lado, PHBV (polihidroxibutirato-co-valerato), un bioplástico biodegradable que puede utilizarse en envases, utensilios y aplicaciones industriales, ofreciendo una alternativa a plásticos convencionales que tardan siglos en degradarse. Por otro lado, 2,3-butanodiol (2,3-BDO), una molécula usada como extensor de cadena en poliuretanos termoplásticos, empleados en la fabricación de recubrimientos, adhesivos y componentes para automoción.
Hasta ahora, producir estos compuestos de forma competitiva era un reto. Los procesos fermentativos que transforman los azúcares y fibras de la biomasa en PHBV y 2,3-BDO eran lentos y costosos frente a la síntesis química convencional. PROMOFER busca cambiar esta ecuación desarrollando hidrólisis enzimática más eficiente, cepas microbianas mejoradas y biocatalizadores optimizados, además de nuevos sistemas de purificación y escalado industrial.
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Un año de avances: del laboratorio al piloto industrial
Tras su primer año de actividad, el consorcio celebró una reunión clave el 17 de junio en la University College Dublin, donde se revisaron los avances de cada línea de trabajo. Entre los hitos destacan los primeros resultados positivos en la producción de ácidos grasos volátiles (VFAs), esenciales para las fermentaciones, así como la caracterización casi finalizada de las cepas microbianas seleccionadas.
El equipo también avanza en el diseño de las plantas piloto que permitirán escalar la producción de PHBV y 2,3-BDO, y ha completado el análisis del primer ciclo de residuos recolectados. La segunda ronda de recogida —que abarcará suero lácteo, paja de trigo y arroz y restos de poda— ya está en marcha, con el objetivo de probar su transformación en condiciones reales.
Más allá de la tecnología: aceptación y futuro
PROMOFER no se limita al desarrollo técnico. También estudia cómo fomentar la aceptación social de los productos circulares. El desafío no es solo producir bioplásticos y poliuretanos más sostenibles, sino también convencer a consumidores e industrias de adoptarlos, demostrando su calidad, funcionalidad y competitividad frente a los materiales fósiles.
Con una duración prevista hasta junio de 2028, PROMOFER se perfila como un laboratorio vivo de la bioeconomía circular europea. Si sus desarrollos logran escalar al mercado, residuos que hoy carecen de valor podrían convertirse en los cimientos de una nueva generación de materiales industriales, demostrando que la transición hacia una economía descarbonizada puede comenzar con algo tan simple como un desecho agrícola.


