Alfred Grand camina entre los lotes de su campo en la Baja Austria y resume su trabajo en una frase que parece sencilla pero encierra toda una filosofía productiva: «Cultivamos alimentos, suelo y personas». Grand es agricultor orgánico, y su modelo productivo fue uno de los seis casos elegidos para mostrar que el paradigma de la bioeconomía no es una promesa de laboratorio ni un eslogan de conferencia, sino algo que está ocurriendo, día tras día, en fincas, cooperativas y comunidades rurales de todo el mundo.
Su testimonio fue uno de los que dieron cuerpo a un evento virtual organizado el 28 de mayo por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el organismo del sistema de Naciones Unidas que coordina los esfuerzos internacionales para erradicar el hambre y mejorar la seguridad alimentaria. El encuentro reunió a especialistas y productores de toda Europa y Asia Central con un objetivo concreto: mostrar soluciones prácticas y escalables, y demostrar cómo los enfoques de bioeconomía circular aplicados a la agricultura pueden impulsar la innovación, sostener el desarrollo y convertir los compromisos en acciones tangibles sobre el terreno.
Por qué la bioeconomía circular gana terreno en el agro
Las presiones que enfrentan las regiones de Europa y Asia Central explican por qué estos enfoques ganaron protagonismo. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la degradación de los suelos y la escasez de agua se combinan en un escenario que las comunidades rurales experimentan de forma directa: en cada cosecha condicionada por la sequía y en cada hectárea que pierde fertilidad.
Frente a ese panorama, aprovechar los recursos biológicos de manera más eficiente y cerrar los ciclos productivos —reincorporando lo que antes se descartaba como residuo— se consolidó como una estrategia económica además de ambiental. La bioeconomía, entendida como un marco para reorganizar los procesos productivos en torno a recursos biológicos renovables, opera sobre esa lógica. La agricultura, por su escala y su capacidad de regenerar suelos y biomasa, es uno de sus terrenos de aplicación más extendidos.
Esa fue la lectura que abrió el evento. Raimund Jehle, Representante Regional Adjunto de la FAO para Europa y Asia Central, subrayó la importancia creciente de estos enfoques para responder a los desafíos de los sistemas agroalimentarios. Jehle señaló que los casos presentados muestran que la bioeconomía no es un modelo único, sino que puede adoptar muchas formas según los recursos, los ecosistemas y las tradiciones locales, aunque todas comparten un objetivo común: usar los recursos biológicos de manera más sostenible, reducir los residuos y el impacto sobre el clima y la biodiversidad, y generar valor para las comunidades rurales.
Del potencial a la acción: IICA y la Red Latinoamericana de Bioeconomía lanzan BioSinergia 2026
Una publicación que ordena lo que ya funciona
El eje del encuentro fue el lanzamiento de la publicación Case studies promoting bioeconomy through agricultural practices in Europe and Central Asia («Estudios de caso que promueven la bioeconomía a través de prácticas agrícolas en Europa y Asia Central»), un documento que reúne ejemplos de prácticas agrícolas sostenibles y circulares que ya están en marcha en la región. El webinar fue moderado por Dominique Burgeon, Director de la Oficina de Enlace de la FAO en Ginebra, y reunió a oradores de distintos países para presentar cada experiencia.
Los seis casos abarcan una amplia diversidad de contextos. En Austria, la agricultura orgánica regenerativa de Grand pone el foco en mantener la salud del suelo y minimizar el uso de combustibles fósiles. En Finlandia, los sistemas de simbiosis agroecológica buscan que las distintas actividades de un establecimiento se alimenten unas a otras. Letonia aporta su enfoque de agricultura circular; Serbia, una producción de legumbres sostenible y basada en datos; y Uzbekistán, prácticas de agricultura de conservación orientadas específicamente a hacer frente al cambio climático.
El caso de Türkiye desplaza el foco del campo a la industria liviana sin abandonar la lógica biológica. Allí, una cooperativa liderada por mujeres recuperó el tejido tradicional utilizando algodón, lino y cáñamo con certificación orgánica, todos de origen local. Gülçin Gürsoy, integrante de la cooperativa, explicó cómo esa actividad generó empleo e ingresos para las mujeres de la comunidad. «La cooperativa ofrece cursos gratuitos de costura, bordado, cocina, repostería y tejido. Hasta hoy, más de 500 personas se beneficiaron de las actividades de la cooperativa», mencionó.
El hilo conductor que atravesó las presentaciones fue claro, y los oradores volvieron a él en repetidas ocasiones: mejorar la eficiencia en el uso de los recursos, fortalecer los medios de vida rurales y construir sobre el conocimiento local y las prácticas agrícolas ya existentes. La bioeconomía, en esta lectura, no llega a reemplazar lo que las comunidades saben hacer, sino a potenciarlo.
De proveedora de granos a nodo de ciclos biológicos: así imagina la UE la agricultura del futuro
De la concientización a la implementación
La publicación se apoya en el trabajo regional más amplio de la FAO sobre bioeconomía sostenible y agricultura circular, que incluye las discusiones mantenidas durante la Trigésima Quinta Sesión de la Conferencia Regional de la FAO para Europa, celebrada el mes anterior en Dushanbé, Tayikistán. El evento del 28 de mayo se inscribió, así, dentro de una agenda institucional que viene tomando cuerpo.
Alicja Kacprzak, Oficial de Medio Ambiente y Bioeconomía de la FAO, sostuvo que los ejemplos presentados demuestran cómo los enfoques de bioeconomía sostenible se están aplicando ampliamente en contextos agrícolas y rurales muy diversos de la región. «La FAO seguirá apoyando a los Miembros para pasar de la sensibilización a acelerar la implementación a nivel de país», agregó Kacprzak. En esa frase se condensa el desplazamiento que la organización busca impulsar: dejar atrás la etapa de explicar qué es la bioeconomía para entrar de lleno en la de hacerla operar a escala.
El cierre estuvo a cargo de Lev Neretin, Líder del Equipo de Medio Ambiente de la Oficina de Cambio Climático, Biodiversidad y Medio Ambiente de la FAO, quien insistió en cuatro condiciones para escalar estos enfoques en Europa y Asia Central: el apoyo de políticas públicas, la inversión, el intercambio de conocimiento y las alianzas. Neretin remarcó que la transformación depende de soluciones prácticas que estén enraizadas en las realidades y tradiciones de cada país.


