Hay algo que une al Rey Carlos III con la Fórmula 1 más allá del protocolo: la adopción de combustibles renovables. Carlos III maneja un Aston Martin de 1969 —regalo de la Reina Isabel cuando cumplió 21 años— adaptado para funcionar con bioetanol E85. No es pose: es el mismo rey que ahora tiene a la F1 dentro de su alianza para empujar a las industrias más visibles del planeta hacia otro modelo productivo. Esa afinidad acaba de tomar forma institucional. La F1 anunció su ingreso como miembro afiliado a la Circular Bioeconomy Alliance (CBA), la organización fundada por el entonces Príncipe de Gales —hoy Rey del Reino Unido— para acelerar la transición hacia sistemas productivos que regeneren recursos naturales en lugar de agotarlos.
Qué es la Circular Bioeconomy Alliance y por qué importa
La Circular Bioeconomy Alliance no es una ONG convencional ni un foro de buenas intenciones. Fue creada por iniciativa del Rey Carlos III como una plataforma de colaboración de alto nivel que reúne científicos, formuladores de políticas públicas y líderes del sector privado con un objetivo concreto: acelerar la adopción de soluciones basadas en la naturaleza dentro de las cadenas de valor de las industrias globales. Su enfoque parte de un principio de la bioeconomía que este portal trabaja hace tiempo: los recursos biológicos —plantas, residuos orgánicos, ecosistemas— pueden ser la base de procesos productivos que no solo reduzcan emisiones sino que activamente restauren lo que décadas de modelo fósil degradaron.
Su CEO es Marc Palahí, uno de los referentes europeos en bioeconomía forestal y economía circular, quien fue director del Instituto Forestal Europeo antes de asumir la conducción de la CBA. Bajo su liderazgo, la alianza viene sumando a corporaciones globales dispuestas a transformar —no solo compensar— su relación con los sistemas naturales.
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La F1 ya venía de camino
El ingreso a la CBA no es un volantazo. La Fórmula 1 viene construyendo desde hace varios años una agenda de sostenibilidad que, a esta altura, tiene sustancia técnica y resultados medibles. Su compromiso Net Zero 2030 —reducir a cero neto las emisiones de carbono del campeonato para el final de esta década— está respaldado por un informe de sostenibilidad que muestra una reducción del 26% en emisiones de carbono durante 2024 respecto a la línea de base de 2018. No es un número menor para un espectáculo que despliega infraestructura en 24 países por año.
Uno de los cambios más concretos de esta temporada 2026 es el combustible: por reglamento de la FIA —la Federación Internacional del Automóvil, organismo rector del deporte—, todos los equipos deben correr con combustibles 100% renovables, sin contenido fósil. Es el primer año que la F1 corre sin una gota de combustible de origen fósil en el tanque. Cada escudería elige su proveedor dentro de especificaciones técnicas definidas, lo que abrió un nuevo mercado para desarrolladores de combustibles avanzados de origen biológico y sintético. Es una decisión que reconfigura una cadena de valor completa: desde quién produce el combustible, con qué materia prima y bajo qué criterios de ciclo de vida.
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Biodiversidad como eje operativo, no como imagen
Lo que agrega la membresía en la CBA va más allá de los combustibles. La F1 ya incorporó la biodiversidad como un pilar central de su sistema de gestión de sostenibilidad de eventos, que cuenta con acreditación ISO 20121:2012 —el estándar internacional para la gestión sostenible de eventos. Eso significa que cada Gran Premio tiene que cumplir con criterios ambientales que van más allá de la logística y el consumo energético.
En la temporada 2026, eso se traduce en iniciativas concretas que se ejecutan circuito por circuito. En México, una campaña centrada en la Mariposa Monarca, especie en peligro cuya ruta migratoria atraviesa territorios afectados por la actividad humana. En España, un programa forestal de seis años en el Circuit de Barcelona-Catalunya que incluye formación de jóvenes. En Bélgica, un sendero de naturaleza en el mítico Spa-Francorchamps. En China, la plantación ceremonial de un árbol nativo de Osmanthus en el Championship Garden, con la participación del piloto Pierre Gasly del equipo BWT Alpine F1.
Ninguna de estas acciones es decorativa dentro del esquema de la CBA. La alianza trabaja precisamente para que la integración de soluciones basadas en la naturaleza ocurra en las operaciones reales de las organizaciones, no en sus reportes de imagen.
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Lo que viene: colaboración en red
Stefano Domenicali, presidente y CEO de la Fórmula 1, fue claro sobre el sentido de este movimiento. Agradeció al Rey Carlos III su liderazgo en la iniciativa y anticipó trabajo conjunto con Palahí y su equipo para usar la plataforma global del campeonato como palanca de cambio concreto. Por su parte, Ellen Jones, responsable de ESG de la F1 —sigla en inglés para los criterios ambientales, sociales y de gobernanza corporativa—, destacó que la membresía en la CBA permite exactamente lo que las soluciones basadas en la naturaleza necesitan para escalar: colaboración entre sectores que normalmente no se cruzan.
Palahí, desde la CBA, fue directo: transformar cadenas de valor para que sean positivas para la naturaleza requiere el tipo de ambición corporativa de alto nivel que la F1 trae a la mesa.
Lo que está en juego no es solo la huella ambiental de un campeonato deportivo. La Fórmula 1 es una vidriera global con audiencias en mercados donde las decisiones de consumo, inversión y política pública todavía están definiéndose. Que ese escenario empiece a operar bajo los principios de la bioeconomía circular —restauración de ecosistemas, recursos biológicos como base productiva, cadenas de valor que devuelven más de lo que toman— tiene un efecto de demostración que excede con creces el calendario de carreras.


