La escena es conocida en gran parte de América Latina: extensiones agrícolas que producen granos y fibras, bosques que abastecen a la industria maderera y ecosistemas con una biodiversidad extraordinaria. Durante décadas esos recursos se integraron principalmente a cadenas productivas basadas en materias primas. Hoy empiezan a ser interpretados de otra manera: como plataformas biológicas para desarrollar nuevos materiales, energías, insumos industriales y alimentos.
Ese cambio de enfoque estuvo en el centro del panel de expertos “Bioeconomía: creando valor compartido y sostenible a partir de los recursos naturales”, realizado durante el Diálogo de Políticas sobre Cadenas Globales de Valor, Transformación Productiva y Desarrollo, organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) junto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Durante el encuentro, Adrián Rodríguez, jefe de la Unidad de Desarrollo Agrícola de la CEPAL, planteó que la región reúne condiciones particularmente favorables para impulsar procesos productivos basados en recursos biológicos y conocimiento científico.
Un cambio en la forma de producir a partir de la biomasa
Rodríguez explicó que la bioeconomía debe entenderse como una forma de organizar la producción económica a partir de la transformación de recursos biológicos mediante ciencia, tecnología e innovación. En ese marco, cultivos, residuos agrícolas, bosques, microorganismos o algas dejan de ser solo materias primas y pasan a integrarse en nuevas cadenas industriales.
El trasfondo de esta discusión es el cambio en el paradigma productivo global. La búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles y a los insumos petroquímicos está impulsando el desarrollo de biocombustibles, biomateriales, bioquímicos y nuevas proteínas producidas a partir de biomasa.
En ese contexto, América Latina cuenta con una base de recursos particularmente amplia: grandes superficies agrícolas, disponibilidad de biomasa, extensos sistemas forestales, biodiversidad y recursos marinos. Esa combinación ofrece condiciones favorables para desarrollar nuevas aplicaciones industriales de origen biológico.
A esta base natural se suman capacidades científicas y tecnológicas que se han consolidado en las últimas décadas. Universidades y centros de investigación de la región participan activamente en áreas como biotecnología, ciencias agrarias, microbiología o química verde, disciplinas clave para transformar biomasa en productos de mayor valor agregado.
Dos grandes caminos productivos basados en recursos biológicos
Uno de los puntos subrayados durante el panel fue que no existe un único modelo de desarrollo basado en recursos biológicos para la región. Las posibilidades dependen de la base productiva, los ecosistemas disponibles y las capacidades tecnológicas de cada territorio.
En términos generales, pueden identificarse dos grandes enfoques que ya están presentes en distintas experiencias regionales.
El primero se apoya en la biomasa generada por la agricultura y la agroindustria. A partir de cultivos, subproductos y residuos orgánicos se desarrollan biocombustibles, bioenergía, biomateriales o insumos industriales de base biológica.
El segundo se vincula con la biodiversidad. En este caso, el eje está en la bioprospección, en el desarrollo de productos derivados de especies nativas y en modelos productivos que buscan generar ingresos a partir de los ecosistemas sin degradarlos. En regiones como la Amazonia, este enfoque aparece asociado a iniciativas de sociobioeconomía.
Rodríguez señaló que ambos caminos no compiten entre sí, sino que reflejan la diversidad ecológica y productiva de América Latina.
Oportunidades en la bioeconomía forestal y en los recursos marinos
Aunque buena parte de las iniciativas regionales se originaron en el sector agropecuario, los especialistas destacaron que existen oportunidades crecientes en otras áreas productivas.
En la bioeconomía forestal, por ejemplo, el desarrollo de materiales derivados de la madera y de fibras vegetales abre posibilidades en sectores como la construcción, los textiles y la química de base biológica.
En paralelo, los recursos marinos empiezan a adquirir mayor relevancia. Las investigaciones sobre algas, microorganismos marinos y compuestos bioactivos están dando lugar a nuevas líneas de trabajo en biorrefinerías, proteínas alternativas, biocosméticos y biofármacos.
Estas aplicaciones amplían el alcance de los procesos productivos basados en recursos biológicos más allá de las cadenas agroindustriales tradicionales.
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Estrategias nacionales y políticas productivas
En los últimos años, varios países latinoamericanos comenzaron a diseñar estrategias públicas orientadas a organizar y promover este tipo de desarrollos productivos.
Brasil, Colombia, Costa Rica y Uruguay cuentan con estrategias nacionales de bioeconomía, mientras que Ecuador, Panamá y Perú avanzan en procesos de formulación de políticas similares.
Además de las estrategias nacionales, también están surgiendo iniciativas sectoriales y subnacionales. Este tipo de políticas suele enfocarse en recursos o cadenas productivas específicas, lo que facilita su implementación a escala territorial y favorece la formación de clústeres productivos.
Entre los ejemplos mencionados durante el panel se encuentran la Estrategia de Bioeconomía para el sector agropecuario de México y el Plan Bio del estado brasileño de Pará, orientado a impulsar actividades económicas vinculadas a la biodiversidad amazónica.
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La dimensión territorial de la transformación productiva
Durante el diálogo también se destacó que el desarrollo de estos procesos depende no solo de la disponibilidad de recursos naturales, sino también de la articulación entre investigación científica, inversión productiva y políticas públicas.
Las estrategias territoriales y sectoriales suelen tener un papel relevante en ese proceso porque permiten vincular la base biológica local con capacidades tecnológicas, infraestructura productiva y mercados.
El panel contó además con la participación de Claudia Sepúlveda, de Swisscontact Colombia, y Ana María Pacón, de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
El cierre estuvo a cargo de Marco Llinás, director de la División de Desarrollo Productivo de la CEPAL, quien señaló la necesidad de avanzar en agendas de desarrollo productivo que integren estos enfoques en las estrategias económicas de la región.
Más que un nuevo sector, la bioeconomía aparece en este debate como una forma de reorganizar cadenas productivas ya existentes —agroindustriales, forestales o marinas— incorporando ciencia, innovación y procesos industriales capaces de transformar recursos biológicos en nuevos bienes y materiales. En varios países de la región, ese proceso ya comenzó a traducirse en estrategias públicas, programas de investigación y experiencias productivas que buscan escalar en los próximos años.


